La mayor novedad de este drama israelita es que los soldados son mujeres de 18 años que cursan su servicio militar. Su labor consiste en empadronar a todo aquel peatón que transite por las calles de Jerusalén y tenga pinta de árabe. La historia es la de Smadar y Mirit, jóvenes muy disímiles, pero que deben aprender a sobrellevar tanto sus diferencias como el deber que les asignan. Además de una labor tediosa e inútil, es también un riesgo constante al que ambas muchachas están expuestas. De carácter episódica y algo desordenada a ratos, la historia funciona y nunca cae en una mirada política de denuncia, sino que se interesa en cómo lidian ellas con sus nuevos deberes. La cinta tampoco escapa a los lugares comunes de madurez y aprendizaje, pero al menos los escenario son desconocidos por estos lados.