Festival de Venecia premia por primera vez a un documental El filme Sacro Gra, de Giangranco Rossi, ganó el León de Oro y superó a la ficción en la Mostra.

Festival de Venecia premia por primera vez a un documental

El filme Sacro Gra, de Giangranco Rossi, ganó el León de Oro y superó a la ficción en la Mostra.

por Lucía Magi, Venecia - 08/09/2013 - 09:46

El jurado de la 70 Mostra de Venecia, presidido por el veterano cineasta Bernardo Bertolucci (1941), otorgó el León de Oro como mejor película a Sacro Gra de Gianfranco Rosi. Una obra italiana y un documental, por primera vez en la larga vida de la señora de los festivales. Un premio que es como una palmada de estímulo que el venerable maestro de Ultimo tango en París destina al incierto cine nacional actual. Pero también se trata de un galardón que termina de consagrar el género de la no ficción y le abre las puertas del cine de primera categoría. Esta edición de cumpleaños, con muy pocas alegrías que celebrar, tuvo al menos un mérito: acogió dos documentales en la competencia oficial. Uno de ellos -el otro era The unknown known del ya célebre norteamericano Errol Morris- acabó hasta ganando.

Durante 10 días el jurado compuesto, además de por Bertolucci, por Andrea Arnold, Renato Berta, Carrie Fisher, Martina Gedeck, Jiang Wen, Pablo Larraín, Virginie Ledoyen y Ryuichi Sakamoto, visionó 20 filmes que aspiraban al León de Oro. “Buscamos placer desconocido”, dijo a La Tercera el juez chileno Larraín, que ayer fue señalado por el New York Times entre los 20 jóvenes cineastas de los que hay que estar pendientes. El gran fresco humano de Sacro Gra tuvo que ponerlos de acuerdo.

“El Grande Raccordo Anulare es como un anillo de Saturno: así lo definió Federico Fellini en Roma, oda de amor a su ciudad -explicaba el viernes Rosi-. Roma es un planeta y los 70 kilómetros de autopista que la rodean en un círculo perfecto acaban siendo una frontera, llegar hasta tocarla significa subirse a otra dimensión. El acrónimo aumenta esta dimensión casi mística y por eso jugamos en el título con la idea del Sacro Graal”.

Atrapados en este anillo, Rosi encuentra en Sacro Gra a sus personajes, que acaban siendo como vecinos que te invitan a entrar en su casa: el minipiso de protección oficial que comparten un rico y culto señor del Norte con su hija; el castillo bizarro donde vive un noble que ama bañarse en una bañera dorada, la casa rodante de dos prostitutas o la casita al lado del Tíbet de un pescador de anguilas. Las historias son muchas, ninguna prevalece.

Rosi nació en 1964 y no tiene parentesco con el más famoso Francesco, director entre otras de Las manos sobre la ciudad. Pero aquel apellido marcó antes una pasión y luego un destino: en Italia, su producción es conocida y respetada entre amantes del documental. Gustaron El sicario, room164’ , una entrevista a un narco mejicano, y Below Sea Level, rodado en una comunidad de sin techo instalada en un desierto de Arizona. Ahora Bertolucci lo recomienda al gran público.

La realidad

La topografía existencial de Rosi fue una de las pocas obras aplaudidas de las que aspiraban al León de Oro. Hecho que confirma una sensación difusa en la orilla de la laguna: la no-ficción entusiasmó y conmovió más que la ficción. Además de Morris en la competencia, en las secciones paralelas del la mostra se vieron muchos documentales muy buenos. Desde las cuatro horas de At Berckley, del gran viejo del género Fridrick Wiseman, hasta el debut de la veinteañera Kitty Green con Ukraine is not a Brothel, sobre la activista de Femen. O el bello Summer 82, when Zappa come to Sicily del siciliano Salvo Cuccia, o los filmes dedicados a Tinto Brass, Ingmar Bergman, Federico Fellini o Bertolucci.

“Es una señal de los tiempos que vivimos, creo”, evalúa el presidente de la Bienal, Paolo Baratta. “Hay épocas en las cuales la gente tiene sed de realidad, de observar el mundo con un ojo más rico y profundo, en lugar que fantasear”. Según Baratta, es un efecto deseado de la crisis económica. O sencillamente que los documentales seleccionados cuentan historias de forma interesante, fresca y libre.

El León de Plata, galardón para la mejor dirección, va al griego Alexandros Avranas, por Miss violence, la durísima historia de un padre que viola a hijas y sobrinas y las obliga a prostituirse. La mano fría y destacada del director acrece la incomodidad y la angustia en el espectador, a medida de que va descubriendo todas la miserias de la que, durante los primeros 15 segundos, parece una familia de publicidad. Su protagonista se llevó la Copa Volpi como mejor intérprete masculino. Mientras Elena Cotta, la abuela muda y tozuda del italiano Via castellana Bandera firmado por Emma Dante, ganó la Copa Volpi como mejor actriz.

Una de las pocas caladas de oxígeno, en este cuadro desolador de las obras de la selección oficial, se mereció el premio al mejor guión. Se trata de Philomena del célebre Stephen Frears. Una película bien hecha, con un guión impecable, una reina de la interpretación como Judi Dench, una historia verdadera y conmovedora que investiga los robos de los niños de madres solteras por partes de algunas monjas británicas. Una película para esperar en cartelera, porque además de la óptima confección, conjuga un tema nuevo en los dramones sobre los pecados de la Iglesia católica: el perdón.

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