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Actualizado el 07/10/2017
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De millonario a lustrabotas

Autor: Karin Hillman

En 2003, Juan Bravo López, de Concepción, ganó $ 512 millones en el juego del Kino. Hace seis meses volvió a su antiguo oficio de plaza, limpiando zapatos. Los malos negocios y el infortunio, cuenta él mismo, le pasaron la cuenta. Esta es su historia.

De millonario a lustrabotas

El 27 de abril de 2003 es una fecha difícil de olvidar para Juan Antonio Bravo López (72). Ese día fue cuando se presentó en la sucursal de Lotería de Concepción, ubicada en calle Colo Colo, en pleno centro de la ciudad penquista, como el flamante ganador del sorteo del Kino de aquel fin de semana. El monto que recibió fueron $ 512 millones.

En esa época, Juan Bravo vivía en el sector Tucapel Bajo, era dirigente vecinal y presidente del sindicato de lustradores de zapatos de Concepción. Cuando vio que su cartón era el ganador, no lo podía creer. De hecho, le preguntó a un colega si efectivamente no estaba equivocado. Así quedó consignado en declaraciones que dio en esa época a un medio de Santiago. “Tuve que llamar a un colega lustrabotas de la plaza de Armas para convencerme que el cartón tenía los 15 aciertos”, declaró en esa oportunidad. “Pensaré muy bien en qué invertir. No quiero vivir la triste historia de otras personas que lo perdieron todo porque los engañaron”, añadió.

Esta última frase se convertiría en una especie de ironía de lo que sería su vida algún tiempo después. Hoy, a 14 años de dicho momento de gloria, asegura que solo le quedan los recuerdos. De los $ 512 millones que ganó, casi nada.

“Lo primero que hice con el dinero fue comprarme una casa en la comuna de Hualpén, después me fui a recorrer varios países. Anduve por Argentina, México, Brasil, Perú, Francia y llegué hasta Cuba. Tuve taxibuses, colectivos, botillería, centro de internet, una chanchería en Purén y todo se fue a pique. No tengo dedos para hacer negocios”, recordó Bravo.

Tras ganar el premio conoció a una joven, mucho menor que él, con quien tuvo tres hijos. La relación duró cerca de siete años. “Se terminó la plata y también el amor. Ella era muy consumista, viajamos a todas partes, lo pasábamos bien, pero nunca pensé en el futuro, sobre todo en mi salud. Nos separamos y hoy pago una pensión de alimentos para mis tres hijos”, explicó.

Sus compañeros de trabajo y amigos se acuerdan claramente de lo que fue su historia. Uno de ellos es Pedro Tapia, quien por más de 10 años se ha lustrado los zapatos con “don Juan”. “Cuando se ganó el Kino, el cartón lo tenía guardado, no sabía que era el ganador. Después que lo cobró se le perdió el rastro, solo lo que sabíamos era que andaba de viaje”, contó Tapia.

Varios de sus colegas recuerdan cuando dejó de trabajar con ellos. Y luego su regreso al oficio, primero tímidamente, y hace unos seis meses ya con decisión.

Propiedades y estafas

De todas las pertenencias materiales y negocios que logró adquirir, dice que hoy solo le queda una vivienda. “De mis propiedades me queda esa casa en Angol, que se la di a mi ex mujer para que viva con mis hijos. Mi idea ahora es venderla, ya que ella se fue a vivir con la mamá”, indicó.

Pero esta historia no se queda solo en la pérdida del dinero. El 2004, Bravo fue víctima de una estafa por parte de quien fuera su ejecutiva de finanzas. “La mujer era de mi confianza, trabajaba en el Banco Santander de Concepción, copió mi firma tal cual era y me robó $ 100 millones. Pero el banco me devolvió el monto sustraído. Fue una de tantos que quisieron aprovecharse de mí”, relató sobre el incidente.

Desde el Banco Santander confirmaron el hecho e indicaron que el monto defraudado “se le devolvió íntegramente”.

Actualmente, su vida es muy distinta de como, tal vez, se la imaginó hace 14 años, cuando ganó el sorteo. Ya no hay viajes ni hoteles. A sus 72 años, vive en el sector de Boca Sur, en San Pedro de la Paz, con su hijo, y se mantiene, según cuenta, con lo que gana como lustrabotas. A ese ingreso suma una pensión mensual de $ 102 mil y varios problemas de salud.

“Uso bastón”, sostuvo, riéndose. También padece de diabetes y artrosis. “La plata me duró hasta el 2010, pero hoy no me queda nada. No hay cuenta corriente, la chequera la tengo de recuerdo”, bromeó.

Sin embargo, valora todo lo que alcanzó a disfrutar: “Lo comido y lo bailado nadie me lo ha quitado. Puedo decir que soy un hombre feliz y doy gracias a Dios porque esta es una experiencia de una persona que estuvo en la pobreza y volvió a ser pobre”, sentenció.

Bravo sigue comprando el Kino. No pierde la ilusión de volver a ganar, pero tampoco es algo que le quite el sueño. Su rito es simple: “El cartón tiene que empezar con el 1 y terminar con el 25, pero no juego con ambición”. Solo el destino dirá si la suerte vuelve a golpear su puerta, tal como en 2003, y que hoy solo es un recuerdo.

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