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Actualizado el 24/03/2013
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Delito: predecible y prevenible

Autor: Cristóbal Lira

La visión que reconoce que la prevención y la persecución penal pueden reducir el delito, fue recién asumida en plenitud por este gobierno.
Hemos vuelto a animar a miles de actores que se habían rendido ante la delincuencia, pensando que se trataba de un fenómeno social y mundial irreversible.
La delincuencia presenta claros patrones según lugar, victimario y víctima;  es, en gran parte, predecible y, por lo tanto, prevenible.

NO HAY ATAJOS: reducir los delitos requiere que todas las instituciones vinculadas con la prevención y persecución desplieguen con calidad un conjunto diverso de políticas de prevención y control bien diseñadas y focalizadas, incluyendo la rehabilitación y reinserción. 

Pero esta visión integral que reconoce que tanto la prevención como la persecución penal pueden reducir el delito, fue recién asumida en plenitud por el gobierno del Presidente Sebastián Piñera.  El Plan Chile Seguro (2010-2014) nace de esta visión y contiene ideas prometedoras de años anteriores e iniciativas priorizadas según la evidencia y el nivel de desarrollo de cada área. Ciertamente subsisten desafíos relativos a los contenidos, presupuestos y coberturas de varios programas, y a los diseños y gestión de una serie de instituciones, entre ellos el centralismo. Algunas iniciativas no sortearon las resistencias de actores que han preferido la comodidad del statu quo. Pero, sin duda, las transformaciones realizadas, ya sean por el nuevo Ministerio del Interior y Seguridad Pública o como por el Ministerio de Justicia, constituyen una agenda contundente y sin precedentes, incorporando diagnósticos precisos y con evidencia existente sobre los resultados que se pueden efectivamente lograr, dejando de lado el populismo o las meras buenas intenciones. 

Fue así que trajimos a Chile el Sistema Táctico de Análisis del Delito, que logró controlar la delincuencia en ciudades tan complejas como Nueva York y Los Angeles. También acercamos a nuestra realidad la Terapia Multisistémica para abordar de manera integral el tratamiento de problemas severos de conducta, incluyendo consumo de drogas y delincuencia en niños y jóvenes entre 10 y 17 años. Paralelamente, decidimos dar una lucha frontal contra el mercado de bienes robados a través de innovadoras estrategias que buscan destruir el ciclo económico del delito, especialmente válido en un país donde el 80% de los delitos son contra la propiedad.

Más allá de los programas en sí, hemos intensificado la coordinación interinstitucional, tanto dentro del sistema penal como con el conjunto más amplio de organismos representados en el Consejo Nacional de Seguridad Pública. Logramos destrabar la creación del Banco Unificado de Datos del sistema penal, tramitamos o hemos iniciado la discusión parlamentaria de leyes cruciales -como la que modernizó el sistema de penas alternativas con el uso del brazalete electrónico, el Registro Nacional de Pedófilos y la que separará el Servicio Nacional de Menores- y estamos generando, como nunca antes se había hecho, mediciones iniciales para poder evaluar resultados.  Dicha sea la verdad, hasta el 2010 no sabíamos qué programas realmente tenían impacto en Chile, y el tiempo oportuno para medir ya había pasado.

Pero sobre todo, hemos vuelto a animar a miles de actores que se habían rendido ante la delincuencia, pensando que se trataba de un fenómeno social y mundial irreversible y su esfuerzo era inútil.

El mensaje es otro: la delincuencia no es aleatoria, sino que presenta claros patrones según lugar, victimario y víctima;  es en gran parte predecible y, por lo tanto, prevenible mediante un trabajo bien hecho. Los resultados indican que vamos por buen camino.

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