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Actualizado el 04/06/2013
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Denuncias y reclamos: el mal chiste de la TV

Autor: Sergio Godoy

No hay que descartar que la mayor cantidad de denuncias al CNTV se deba a una mayor conciencia ciudadana de no tolerar idioteces y no a un mayor número de programas conflictivos con la norma vigente.

UN FANTASMA recorre a la TV: las sanciones del CNTV por ofensas a la dignidad de las personas y otras faltas. Luego de un respiro en el año del terremoto, el 2011 hubo 1.553 denuncias contra diferentes programas de TV, a un promedio de 124,4 al mes. En 2012 hubo un récord de 3.697. Hasta abril de 2013 se habían acumulado 546 reclamos a razón de 156,6 mensuales. Pero a raíz del “affaire Murdock” en CHV y su torpe chiste antijudío, llegaron al menos 300 denuncias al CNTV por ese puro incidente en mayo.

No hay que descartar que la mayor cantidad de denuncias a CNTV se deba a una mayor conciencia ciudadana de no tolerar idioteces y no a un mayor número de programas conflictivos con la norma vigente. Porque hay un poderoso incentivo adicional: a diferencia de otras instancias de protesta ciudadana, como denunciar delitos o marchar por la educación, aquí sí se ve una acción eficaz e inmediata del Estado para corregir el problema denunciado. Sin embargo, quisiera aprovechar el caso de Murdock para ilustrar el problema de fondo.

El primer co-responsable es la premura con la cual se trabajan contenidos de televisión abierta. El viejo adagio de que realizar una obra de arte cuesta un 1% de inspiración y un 99% de transpiración tiene poca cabida en las dinámicas de producción televisiva. La TV es un agujero negro que traga contenidos nuevos todos los días.

Aunque busca causar risa, el humor es un arte muy serio. Tal como los buenos reportajes de investigación periodística, un buen espacio humorístico requiere un tiempo de preparación largo. Por ejemplo, las imitaciones de Stefan Kramer sumaban alrededor de un cuarto de hora semanal los domingos. Para esos escasos minutos de pantalla dedicó quizás unas 60 a 80 veces ese tiempo. Murdock, en cambio, tuvo menos tiempo de preparar la rutina, que fue pregrabada el mismo día y emitida en “diferecto”, simulando una emisión en vivo. Nadie reparó o quiso reparar en la metida de pata pese a que el humorista despedido no se mandaba solo. Así, y desde una perspectiva económica, el incidente revela que lo más “racional” en la ecuación costo-beneficio televisivo es recurrir a chistes sobre temas que se sepa de antemano arrancarán risas fáciles. Preparar otros contenidos es más lento y caro.

Y aquí viene otro co-responsable: lo provincianos que somos los chilenos y nuestra TV. Reírse del exterminio de judíos por Hitler puede implicar ser nazi, que no es el caso (¡menos mal!) o bien, como sí es el caso, un candor ignorante e insensible causado por la enorme distancia (geográfica, temporal e ideológica) que separa al chileno común de ese holocausto.  Un estudio internacional comparado de la Facultad de Comunicaciones de la UC constató que los noticiarios chilenos eran muy localistas y que la mayoría  de los pocos segundos dedicados a noticias internacionales mencionaban sobre todo a chilenos involucrados. Incluso, nuestras elites se permiten bromear con chistes machistas o con el verso filo nazi Deutschland Uber Alles en visitas oficiales.

Pero el responsable final es que el motivador de fondo de la TV abierta de hoy no es generar contenidos más elaborados. Los contenidos son un medio para un fin; y ese fin es generar audiencias cautivas con contenidos atrayentes para vendérselas a los anunciantes. Las denuncias ante el CNTV no revertirán ese panorama.

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