¿Existe el cuerpo de maratonista? La mayoría de los maratonistas de elite tiene una determinada contextura física, que le privilegia para mantener el ritmo por 42 kilómetros.

¿Existe el cuerpo de maratonista?

La mayoría de los maratonistas de elite tiene una determinada contextura física, que le privilegia para mantener el ritmo por 42 kilómetros.

por Sebastián Carrizo - 16/08/2013 - 06:58
El ugandés Stephen Kiprotich ganó el maratón olímpico de Londres 2012. El ugandés Stephen Kiprotich ganó el maratón olímpico de Londres 2012.

Los primeros siete maratonistas del ranking mundial de los Majors comparten más de una característica. Además de ser africanos y tener los mejores registros de la temporada, los siete pesan menos de 60 kilos. Es el peso y talla, además de otros factores sociales, lo que los diferencia del resto de los atletas, como, por ejemplo, los velocistas. Por eso, la pregunta surge inmediatamente: ¿Existe un cuerpo de maratonista?

"Indudablemente que sí. Hay una predisposición genética para ser maratonista de elite", expresa el entrenador de Road Runners, Pablo González.

El técnico explica que entre los mejores corredores de fondo predomina el físico ectomórfico, un tipo de constitución caracterizada por extremidades largas y delgadas, que tiende a un mejor aprovechamiento de la grasa como combustible. Poseen, además, un mejor consumo de oxígeno, lo que los hace mejores para los deportes cíclicos de alto rendimiento, como son el ciclismo o el maratón.

Destaca entre ellos también el hecho de que poseen un fémur más largo que el común de la gente. Por lo mismo, el cuádriceps es más grande y hace más eficiente el desplazamiento.

Para rendir en los maratones, los atletas necesitan un tipo de fibras que tiene menos fuerza pero demora mucho más en fatigarse, a diferencia de los velocistas, que necesitan más desarrollo muscular porque deben cambiar la inercia de las piernas mucho más rápido. El desarrollo los apoya también en cuanto a la aceleración que se necesita para salir de los tacos.

Adicionalmente, los maratonistas precisan desprenderse de la mayor cantidad de peso posible. Por lo mismo, no son especialmente altos y salvo en contados casos sobrepasan los 60 kilos. Incluso, en musculatura privilegian sólo la útil, por lo que no tienen gran desarrollo de la parte superior.

Durante los entrenamientos y las carreras, un maratonista de elite podría llegar a quemar cerca de 3.000 calorías. Como el contenido calórico de sus comidas es menor, el cuerpo automáticamente toma la grasa y comienza a utilizarla como combustible, lo que explica el poco volumen corporal de los atletas.

Un último punto, no menos importante, es el lugar geográfico y cultural donde nacen los atletas. Las tierras altas de Africa, donde se ubican Kenia y Etiopía, son campo fértil para el entrenamiento y, por lo mismo, allí proliferan clubes y hoteles para que atletas de todo el mundo entrenen en altitud. Igual, el ganador del Maratón de Santiago 2013, el keniata Julius Keter, cree que la tecnología también ayuda. "Los maratonistas negros han dominado en las últimas décadas, pero los blancos cada vez aprovechan mejor la tecnología para tener mejores resultados", dijo.

En lo social, algunas culturas, como las africanas, valoran positivamente a los corredores y desde pequeños los niños son motivados a seguir la vida atlética al mismo nivel que otras actividades. "En Chile no tenemos ese sustento social para el desarrollo de maratonistas de elite", piensa González.

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