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Actualizado el 12/11/2017
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Desclasificando la Casa Blanca: llegan The Post y El Informante

Autor: Rodrigo González M.

En diciembre se estrena El Informante y en febrero llega The Post, filmes donde el periodismo investigativo y el secreto de Estado son cazador y presa. En la primera, Liam Neeson es “Garganta Profunda”, el agente que filtró el escándalo Watergate a la prensa. En la segunda, Tom Hanks y Meryl Streep lideran The Washington Post, uno de los periódicos que destapó en 1971 los “Pentagon papers”, donde se informaba cómo el gobierno mintió por décadas sobre Vietnam.

Corren buenos tiempos para las películas sobre reporteros. Hace un par de años, Spotlight (2015) se llevó el Oscar a Mejor Película, desplazando a la favorita El renacido (2015), con Leonardo DiCaprio, en la categoría estrella de los premios de Hollywood. Ahora, en menos de un mes, llegará a Chile El Informante (2017), el filme basado en las memorias de Mark Felt (1913-2008), el agente que en 1972 reveló gran parte de la información que luego le permitirá al diario The Washington Post desacreditar al gobierno de Richard Nixon en el caso Watergate, precipitando su renuncia.

La historia de Felt, conocido en el medio periodístico como “Garganta Profunda”, es presentada en la película que se estrena el 7 de diciembre como la de un hombre dedicado a tiempo completo al FBI. Su amor por la institución le hizo optar por filtrar a la prensa las actividades ilícitas de Nixon: era, para él, la única forma de que el gobierno sacara las manos de encima del FBI, en ese momento totalmente cooptado por los republicanos, sin independencia alguna del poder ejecutivo.

En estos juegos de poder los periodistas de The Washington Post (pero también los de otros medios) son los aliados no deliberados de Mark Felt. Aparece Bob Woodward, el premio Pulitzer alguna vez interpretado por Robert Redford en Todos los hombres del presidente (1976), pero sobre todo Sandy Smith, reportero de la revista Time que también aprovechó la información de Felt.

La cinta de Peter Landesman, viene precedida de la coyuntura desatada después de que el presidente Donald Trump destituyera al antiguo director del FBI James Comey: si Mark Felt sintió alguna vez que Richard Nixon fue demasiado lejos al inferir en los asuntos internos de la agencia federal, los actuales moradores de la Casa Blanca le resultarían probablemente un caso extremo.

La otra película sobre reporteros y secretos de Estado es en rigor el plato de fondo de la temporada. Sus créditos son mayúsculos: Steven Spielberg dirige, Tom Hanks y Meryl Streep protagonizan. Algunos de sus personajes ya fueron, como en el caso de El infiltrado, caracterizados en la ineludible Todos los hombres del presidente: el editor periodístico que aquí interpreta Tom Hanks fue encarnado en su momento por Jason Robards. El filme se estrena el 1 de febrero en Chile.

La voz del FBI

Es evidente que Todos los hombres del presidente (1976) es el antepasado común a ambas películas. Filme ganador de cuatro premios Oscar, el largometraje fue tan efectivo que llegó a transformarse casi en el lugar común de las gestas del periodismo, imitado con gran y poca fortuna: el impecable diseño de producción que reprodujo las salas de redacción de The Washington Post y los sombríos edificios gubernamentales de Washington D.C. están en la memoria cinéfila colectiva.

El Informante y The Post son las variaciones más recientes de Todos los hombres del presidente. La primera pretende dar cuenta del otro lado de la trama, asumiendo el punto de vista del informante. The Post busca darle mayor épica a The Washington Post, contando un golpe periodístico inmediatamente anterior.

En El Informante el héroe es Mark Felt (Liam Neeson), empleado ejemplar del FBI que naturalmente debería haber sido el sucesor del director Edgar J. Hoover tras su muerte en 1972, pero que a última hora es desairado por el presidente Richard Nixon, quien nombra a Pat Gray, títere de la Casa Blanca. A pesar de que sin la ayuda de “Garganta Profunda” no hubiera sido posible destapar la corruptela del gobierno de Nixon, una parte del establishment político siempre consideró que el informante era un traidor por jugar contra el gobierno y alinearse con la prensa.

Aunque muchos sospechaban de Mark Felt, los reporteros de The Washington Post Carl Bernstein y Bob Woodward negaron sucesivamente aquellas deducciones, protegiendo su fuente periodística. Finalmente en el año 2005, el abogado de Felt, John O’Connor, reconoció que su cliente era “Garganta Profunda” a la revista Vanity Fair. Tras aquel artículo vendría su libro The man who brought down the White House, en el que se basa la película de Landesman.

De alguna manera, libro y película buscan explicar las razones de Mark Felt. Son causas, se entiende, de honor y de patria, Tras conocerse el caso de espionaje al Partido Demócrata en el edificio Watergate (espionaje que con el tiempo, se revelaría, fue hecho por el propio gobierno de Nixon), el director Pat Gray (Marton Csokas) inicia una investigación falsa que no inculpe a la Casa Blanca. Mark Felt toma una decisión y empieza a dar pistas de lo que realmente pasó a la prensa.

La voz del Post

Hay que conceder que El Informante se hace cargo del enigmático personaje de Mark Felt y además le da voz y voto a otros medios de comunicación que informaron del caso, en particular a la mencionada revista Time.

The Post, por el contrario y como su nombre lo indica, está dedicada a la gloria de The Washington Post, el periódico de Woodward, Bernstein y, sobre todo en este caso, de su editor Ben Bradley y de su directora Katharine Graham. Escrita por Josh Singer (el guionista ganador de un Oscar por Spotlight), la nueva cinta de Steven Spielberg describe la carrera del periódico por dar a conocer documentos de alto valor a todo el país, pero también muestra una lucha paralela por ganar la noticia frente a su principal competidor, The New York Times. En ese sentido es una película casi hecha para los periodistas y hasta ya hay reclamos. The New York Times ha expresado su disconformidad con una producción que estaría tergiversando la verdad: el mérito de la filtración de los llamados “papeles del Pentágono” fue inicialmente de ese periódico, no de The Washington Post.

Los hechos se desencadenan a partir del 14 de junio de 1971, cuando The New York Times comienza a publicar una serie de investigaciones del Pentágono que daban cuenta de cómo Estados Unidos había extendido artificialmente la Guerra de Vietnam. Más aún: informaba que cuatro gobiernos, desde Harry Truman en 1947 hasta Lyndon Johnson en 1967 habían maniobrado en el sudeste asiático de espaldas al país. Tampoco había informado al Congreso y a los medios. Los registros incluían ayuda a Francia mientras todavía tenía colonias en Indochina, desestabilización de Vietnam del Norte en 1954, bombardeos en Laos, ataques costeros en Camboya, etcétera.

La verdadera acción de la trama arranca, sin embargo, cuando un dictamen de la Corte Suprema impide que el Times siga con la publicación de sus artículos. En ese momento, The Washington Post es contactado por Daniel Ellsberg (el mismo informante de The New York Times) y empieza su propia edición de los “Pentagon papers”. A los pocos días, el Post recibe también la orden de la Corte Suprema de no seguir con los artículos y es silenciado bajo argumentos de seguridad nacional.

A través de los personajes de la directora del periódico Katharine Graham (Meryl Streep) y del editor Ben Bradlee (Tom Hanks) se cuenta la batalla por permanecer a flote en un momento en que el gobierno y los jueces acordaban silenciar a los medios.

De acuerdo a Variety, la película de Spielberg se centra básicamente en la toma de decisiones bajo las circunstancias más adversas: con el precedente del fallo de la Corte Suprema contra The New York Times , los abogados de The Washington Post aconsejaron a Graham no publicar las revelaciones del Pentágono. Primera mujer a cargo de un diario de importancia nacional, Graham debió luchar además contra su propia inseguridad para ir contra la corriente.

En esa campaña, Ben Bradlee fue esencial: cansado de que el Post fuera un violín de segunda fila tras The New York Times, apuesta el todo o nada a sus reporteros y a su olfato. La Corte Suprema, se sabe, se retractaría en poco tiempo de su fallo, dándole la razón a los periodistas que buscaban imprimir la historia.

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