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Actualizado el 14/05/2017
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A 25 años de la hazaña del Everest: El día en que Chile tocó el cielo

Autor: Diego Hermosilla y Sebastián Varela

Hace un cuarto de siglo, por primera vez una expedición nacional ascendía al Everest, el monte más alto del mundo. Una hazaña que partió con una división y terminó con un polémico reencuentro. Un logro que para los protagonistas cambió la historia del deporte nacional.

A 25 años de la hazaña del Everest: El día en que Chile tocó el cielo
Foto: Gentileza R. Jordán.

Un cuarto de siglo se cumple mañana desde aquel 15 de mayo de 1992, cuando por primera vez un chileno pisó la cumbre del Everest. Fue Cristián García-Huidobro (31 años en esa época), el más veloz de los miembros de la delegación que encabezaba Rodrigo Jordán (32), quien fue el segundo nacional. Minutos después llegó Mauricio Purto (31), que iba con otro grupo. Y un par de horas más tarde, Juan Montes (24), también del equipo de Jordán.

Cuatro compañeros más se quedaron en el campamento: el profesor Claudio Lucero (58), el médico Alfonso Díaz (35), Dagoberto Delgado (35 y fallecido en 1997 en los Alpes) y Christian Buracchio (27 y muerto en un accidente aéreo en 2002), todos igual de protagonistas.

Sin errores
La Escuela de Montaña de la Universidad Católica los había unido a todos, en torno a la figura de Lucero. Sin embargo, hacia mediados de los 80, el ambiente no era el mejor y el grupo decidió la salida de Purto. “No cabían en el mismo sitio nuestros egos”, comenta Purto, quien se iría a Europa, aunque sus caminos se juntarían mucho después en el lugar menos esperado.

El ascenso histórico de 1992 se preparó por dos años. Lucero quería olvidar tres fracasos, en los que hubo grandes errores. “Al primer intento fue una selección chilena, pero competían. Ahí nos dimos cuenta de que además de las habilidades, necesitábamos valores, compromiso, responsabilidad, ayudarse. Al segundo fui con amigos, pero se confundían, una cosa es amistad y otra es disciplina. En el tercer intento reforzamos el grupo con buenos escaladores y ahí se formaron bandos”, comenta Lucero.

En mayo de 1992 la energía era diferente. El cuarto intento se había hecho de acuerdo a lo planificado, entrenaron cinco días a la semana de nueve a 11 de la noche. Llevaban dos meses en la montaña, decididos a ir por la cara más dura, que sólo tiene sólo tres ascensiones. “Reunimos a los mejores, sin importar su club, para que de una vez por todas llegáramos a la cumbre. Dagoberto no quería subir el Everest porque ya mucha gente lo había hecho. Nos dijo: ‘Si vamos por una ruta de extrema dificultad, reconocido por el mundo del montañismo, me animo’. Las posibilidades de lograrlo eran bajísimas”, cuenta Jordán.

Desde la perspectiva de Purto, “están las rutas con más o menos posibilidades de matarte”.
“Nuestra idea no era llegar a la cima, sino intentarlo. Les dije que gozáramos, que nos olvidáramos de la cumbre, como fuimos en anonimato, nadie iba a saber”, relata García-Huidobro.

Además, el grupo se había enterado de que Purto también buscaba la cima por esos días. García-Huidobro recuerda: “Asumimos que él iba a llegar primero, iba por la ruta fácil y había partido antes. Un día escuchamos por radio que 30 montañistas había hecho cumbre y pensamos que lo incluía”.

No era así, en la parte final del ascenso, supieron que había un chileno. De acuerdo a los recuerdos de Lucero, Jordán le preguntó por radio si se juntaban con Purto para hacer un solo ascenso con la bandera chilena. “Le respondí que por ningún motivo, que eso era empatar y en la vida hay que jugar siempre a ganador. Les dije, ‘sáquense la cresta, pero tienen que ser primeros’”.

“Nosotros sabíamos que sólo se iba a reconocer al primero, nadie iba a profundizar por dónde se llegó. Si no ganábamos íbamos a ser invisibles”, agrega García-Huidobro.

Entonces el grupo decidió intentar llegar primero, aunque sin saber exactamente dónde estaba Purto. Las comunicaciones no eran lo que son hoy y era difícil diferenciar incluso a corta distancia a un expedicionario de otro.

“Decidí ir más rápido, porque me sentía capaz. Todo lo que había leído decía que ese tramo final era un calvario, pero me propuse que fuera como un juego, pasarlo bien. Por ejemplo el escalón de Hillary, que cuesta mucho pasar, lo pasé sin darme cuenta”, dice García-Huidobro.

“La dificultad de la ruta que hicimos no fue reconocida en Chile porque no hay cultura de montaña. Sí lo fue en Estados Unidos y Europa”, analiza Jordán.

La pelea en el techo del mundo
Una vez en la cima, García-Huidobro no se sentó a descansar. Clavó la bandera nacional y comenzó a sacar fotos. En una de ellas plasmó la llegada del líder de su expedición, Jordán (foto principal de este reportaje), que arribó una media hora después y que, de paso, con una seña le mostró que Purto venía una hora más atrás.

El primer chileno en el Everest le gritó a Purto que salude para una foto; el montañista accedió y una vez en la cumbre lo buscó para agradecerle. De acuerdo a García-Huidobro, le respondió “no me agradezcas, lo hago para protegerme de ti”. “Después hice una revisión rápida de lo que había hecho en contra de nosotros, porque como grupo habíamos decidido nunca responderle, pero creo que ese era el momento y el lugar”, agrega.

Los roces entre Purto y Jordán y sus aliados llevaban años. Habían comenzado con aquella expulsión de la UC y siguieron con públicas críticas de Purto hacia el otro grupo. En la más dura, los responsabilizaba por la muerte de un joven.

Arriba, la discusión fue a garabatos, según coinciden, pero sin golpes. “Todo eso me dio harta vergüenza, había montañistas de todos los países y los chilenos dábamos ese espectáculo”, recuerda Purto. “Cristián y Mauricio no se tocaron. Sólo le dijo un par de chilenismos”, cuenta Jordán.

“Lo que pasó en la cima es lo mismo que pasa todos los lunes en las oficinas cuando conversan los del Colo y la Chile”, ejemplifica Lucero. Mauricio Purto “nos atacó mucho. Una vez murió un muchacho y él escribió en El Mercurio ‘el viejo tozudo otra vez lleva gente a la muerte’. Para mí es un bastardo, fue expulsado por unanimidad por su egocentrismo y después de eso siempre nos atacó”, agrega Lucero.

Mirando desde arriba
García-Huidobro asegura que estuvo unas tres horas o más en la cumbre, medio obligado, pues esperaban a que arribara Juan Montes, que había decidido ascender a última hora. No estaba en la planificación, pero tuvo el visto bueno de Lucero, el más experimentado del grupo. “Él supo que había llegado a la cima en el campamento”, recuerda Lucero. No se acordaba de nada.

Ese tiempo en la cumbre no se perdió. Tras la pelea con Purto, se les ocurrió una idea que les iba a hacer recuperar buena parte del millonario gasto. Jordán subió banderines con logos de varias empresas que rechazaron apoyar el proyecto y se fotografiaron con cada una, para pedir plata con el objetivo ya cumplido.

Sobre ese tiempo en la cima, Jordán asegura: “No disfruté la cumbre hasta que pasaron cuatro días. No tuve la capacidad de recordar a la familia o los amigos. Yo sólo estaba preocupado en bajar, pues pudo haber un accidente. No había espacio emocional para romper en júbilo. Sí nos abrazamos con Cristián y llamé a Lucero, y esperamos a Juan Sebastián para tomarnos la foto los tres juntos”.

Las versiones encontradas siguen también con el descenso. De acuerdo a Purto, Jordán se descompensó en la cima: “Estaba perdido, no se acordaba de nada y dejó botados a sus compañeros. Yo lo bajé y me dijo que nos juntáramos a tomar un café en Santiago”. Jordán discrepa: “Le entregué mi oxígeno a Juan Sebastián. Ya sin oxígeno, bajé, pero no estaba desconcertado, Purto me ofrece bajar por su lado, pero yo lo rechacé, me debía a mi equipo”.

Mauricio Purto sabe que no fue el primero, pero se siente parte de la hazaña. “Esto no es una carrera de 100 metros, que quien pone el pie primero es el ganador, es un hito del andinismo chileno. Además, cómo dicen que ganaron si detrás mío llegó Montes. Y, por último, yo me demoré menos en subir. Hay muchas formas de verlo, ellos se adueñaron de la percepción de la historia. Decir ‘apúrate para ganarle a Purto’ no es montañismo”.

Este cuarto de siglo
Quien sea que cuente la historia coincide en una cosa: el 15 de mayo de 1992 les cambió la vida.
“Cambió absolutamente. En estos 25 años, todo lo que hemos hecho ha sido a partir de nuestro logro. Creamos la Fundación Vertical, con la cual empezamos a llevar a los niños a la cordillera, formamos el Instituto Profesional, los ascensos a otros ochomiles, las expediciones científicas a la Antártica. Nos dedicamos sólo a esto”, explica Jordán.

“Desde 1992, todo lo que hemos emprendido han sido éxitos, Vertical prepara eventos, de montaña, en todo el mundo, y todos bajo esta filosofía: el objetivo es la cumbre y se logra si se cumplen las reglas del juego”, comenta Lucero. Pero agrega que faltó reconocimiento: “En Inglaterra (Edmund) Hillary escribió que los chilenos habíamos vuelto al montañismo clásico, equiparon sus paredes, subieron y no los subieron los sherpas. Ni siquiera nos recibió el Presidente”.

Los protagonistas de aquella historia han vuelto al macizo. Purto llevó en 2001 a la primera delegación de mujeres y ahora prepara a su hijo José, quien quiere ser el primer chileno en ascender sin oxígeno.

Jordán encabezó ascensos con empresarios y un grupo del Ejército de Chile. Es el único en el mundo que ha subido el Everest por sus tres caras. “Mirado en perspectiva, Chile vivía un momento muy potente tras la vuelta a la democracia y nuestro ascenso marcó un hito importantísimo. La gente nos dice que le cambiamos la cara al deporte chileno. La frase de Lucero quedó estampada: ‘Un triunfo total, absoluto y categórico pa’ Chile huevón. Nunca más hueás a medias. ¡Chile en la cumbre del Everest!’”.

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