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Actualizado el 09/01/2017
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Diez artistas se toman histórico edificio de calle Compañía

Autor: Denisse Espinoza A.

La casona fue sede del Partido Nacional y ahora está en reconstrucción. De jueves a domingo se podrán ver las obras que cruzan arte y patrimonio.

Diez artistas se toman histórico edificio de calle Compañía

Cambiar el cubo blanco por paredes derruidas y cargadas de historia, es la apuesta que en el último tiempo han tomado varios artistas locales en una jugada encaminada quizás a llevar su obra a otros lugares, cruzarla con otras disciplinas y nuevas miradas. El evento Espacios revelados, realizado en abril del año pasado y donde más de 30 artistas locales e internacionales intervinieron edificios y espacios patrimoniales del barrio Yungay, dio visibilidad a este tipo de acciones, transformándose además en uno de los mayores eventos de arte público del último tiempo en la ciudad.

Un resabio de aquello es el proyecto que esta semana se desplegará en una antigua casona de calle Compañía de Jesús 1243, a medio restaurar. De jueves a domingo, diez artistas exhiben sus instalaciones en el edificio levantado en 1860 y diseñado por el arquitecto francés Lucien Ambroise Henault, bajo el proyecto titulado One moment art.

La idea nació justamente de un artista: hace dos meses, Magdalena Prado se encontró con esta casona que pronto será entregada a los Tribunales de Justicia. “Siempre me he sentido atraída por estos espacios que tienen más vida e intriga que las galerías. Le conté a Paula Urzúa (quien administra hasta ahora el lugar) que me gustaría hacer una obra in situ, pero luego me di cuenta que podía hacerse algo más, empecé a invitar a artistas y todos aceptaron, fue algo muy espontáneo y rápido”, cuenta la artista, quien colgará un inmenso manto de 12×3 metros, hecho sólo de papel. Su técnica es simple: vas rasgando con agua los pliegos de cartón madera hasta que el material cobra textura. “La obra juega con lo que genera la liviandad del papel y lo pesado del espacio en sí ”, dice.

Al proyecto se unió más tarde el gestor José Manuel Belmar y el curador Pedro Donoso, además de los otros nueve artistas que trabajan en diferentes soportes, desde la escultura, pasando por la luz y el sonido.

A la potencia de la arquitectura que ya posee el edificio, se suma su historia. Primero fue residencia de la familia de Olegario Ovalle Vicuña, luego se convirtió en sede del Club de Señoras de Santiago, liderado por Delia Matte, donde mujeres de la elite se reunían a elevar su cultura para hacer frente a la pujante clase media. Posteriormente pasó a ser sede del Partido Conservador que dio paso al Partido Nacional, hasta fines de los 90. De este último hecho se cuelga la obra del escultor chileno residente en México, Pablo Concha. “La idea es recrear una bodega del Partido Nacional, atiborrada de cosas que son todos los desechos de esta casa y entremedio de todo el caos estarán estas siete esculturas en madera de colores fuertes, que son extremidades humanas, pero desmembradas”, explica el artista.

Otro que trabaja con los residuos del edificio es Javier Toro Blum. “Sabía que había poco tiempo, que no habían fondos y hace tiempo quería trabajar con la arquitectura de un lugar, entonces me encontré con las puertas y postigos que quedaron del edificio anterior y decidí hacer algo con eso. Arme unas especie de totems que dialogan con las columnas estructurales del propio edificio”, cuenta.

La artista Virginia Guilisasti, quien normalmente trabaja con material residual, armará una lampara inmensa con desechos de demolición; mientras que Raimundo Edwards trabajará con los frisos de la casona, interviniéndolos con colores fuertes y colgándolos en otros contextos. Pero las materialidades no se reducen sólo a lo corpóreo. Otros creadores como el italiano David Scognamiglio hará una instalación con luz y agua; Claudia Müller también utilizará líquido que se revuelve dentro de una cubeta, movimiento que luego será proyectado con una cámara en una de las paredes; y Sebastián Jatz aprovechará que una de las habitaciones está frente al Conservatorio de Música de la Universidad de Chile, para extraer con un cable, que cruzará la calle Compañía, sonidos que serán proyectados dentro del edificio. “Este tipo de obras obliga a entrar en diálogo con la arquitectura y el entorno, además de que muchas se activan cuando entran en relación con otros participantes. Antes había una veneración por el espacio inmaculado, ahora está la idea de que el artista se ensucie más, que salga a la calle, encontrarse con otro tipo de experiencias”, dice Donoso.

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