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Actualizado el 02/10/2017
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El monopolio de Tomás

Autor: Sebastián Varela

Chile competirá en Canadá con un solo representante: el presidente de la federación. Un insólito doble rol, un conflicto de intereses. Al mejor gimnasta nacional no lo complica.

El monopolio de Tomás
Tomás González saluda, mientras entrena en Montreal.

El diálogo imaginario sería algo así. Deportista: “El mundial de Gimnasia es a fin de mes en Montreal. Necesito saber cómo viajaré”.

Dirigente: “Te conseguimos un pasaje en clase turista, con tres escalas, 23 horas de viaje. Lo siento, fue lo más barato que encontramos”.

Deportista: “Oiga, pero si soy el mejor gimnasta del país, tres veces finalista olímpico y campeón en copas del mundo. Merezco un vuelo directo y en primera clase para llegar en buenas condiciones. Si viajo incómodo, pierdo chance de medalla.

Dirigente: “Tienes razón. Romperemos el chanchito para mejorar el viaje”.

El tenor de esta conversación pudo darse más de una vez en deporte nacional. La caricatura de ahora la protagonizan Tomás González (31), presidente de la Federación Nacional de Gimnasia Chilena (Fenagichi), y Tomás González (31), deportista nacional, cuarto en suelo y salto en Londres 2012 y el gimnasta local más destacado de la historia criolla. En realidad, sería un monólogo.

No deja de ser llamativo que la máxima autoridad federativa de la disciplina y el especialista top sean la misma persona. Atípica y bastante curiosa la doble faceta. Como cuando un DT también las oficia de jugador y se ordena a sí mismo entrar a la cancha o cuando capitán de Copa Davis y tenista nominado son uno sólo. Pero el caso de González va más allá, por el hecho de ser presidente.

Lo cierto es que tal bifuncionalidad inevitablemente implica un conflicto de interés, que González intenta evitar. Él mismo explica cómo es la metodología: “El directorio de la Federación decidió, desde sus inicios, que ante cualquier decisión difícil que hubiera que tomar respecto a alguno de sus miembros, yo u otro integrante nos restaríamos por razones de probidad y transparencia”, comenta Tomás. Es decir, el gimnasta no participa de las decisiones cuando se trata de su carrera deportiva y tampoco lo hace su madre Marcela Sepúlveda, tesorera de la institución y miembro también del directorio. “Así seguirá siendo mientras sea un deportista activo presidiendo simultáneamente una federación deportiva”, agrega.

Criollos de alto rendimiento juegan a imaginarse con estas dos caras, con las que, afirman, no podrían cumplir por falta de tiempo. Natalia Duco, lanzadora de bala y amiga personal de González, comenta a modo de ejemplo: “No sé cómo puede tener tanto tiempo y energía para hacer tantas cosas. Ya los entrenamientos y competencias te consumen mucho, y si eso le agregas las labores dirigenciales…¡Es sorprendente!”.

El finalista olímpico, además, dirige su propia escuela de gimnasia y estudia kinesiología. “Yo no podría ser presidenta de mi federación y atleta profesional al mismo tiempo, pero en el plano de la ficción, si lo fuera sería una tremenda oportunidad para renovar completamente el atletismo”, dice la balista.

El mandamás de la Fenagichi competirá mañana en la clasificación de la prueba de suelo en el Mundial de Montreal, donde ya está entrenando hace días, luego de haber estado concentrado en Madrid. Será el único chileno en competencia, puesto que su directorio olvidó inscribir a tiempo a Joel Álvarez, la gran proyeccion de la disciplina (ver nota secundaria).

González tiene el antecedente positivo de haber ganado el oro en la serie mundial de Varna (Bulgaria) a principios de septiembre. “Los entrenamientos han estado súper bien. Durante la concentración en Madrid junto al equipo español logramos definir la rutina para este Mundial. Primero, necesito competir bien en la clasificación y si eso ocurre, espero poder clasificar a finales”, afirma.

En esta oportunidad, el chileno cambió la estructura del ejercicio del año pasado porque las evaluaciones se modificaron. “La evaluación con el código de puntuación para este ciclo olímpico está siendo cada vez más exigente. Se vio en la Copa del Mundo de París, hace dos semanas, que los gimnastas que hicimos mayor dificultad tuvimos más errores y mas descuentos, y los medallistas hicieron menor dificultad y tuvieron mejor ejecución”, dice. Confía en que su rutina de 6.2 de dificultad sea la clave para tener éxito en la cita.

Atrasando los últimos años de su carrera, González no sabe aún si será la última vez que compita en un Mundial: “Primero quiero competir y luego de aquí a fin de año decidir mis objetivos para la siguiente temporada. En caso de prepararme para los próximos Juegos Olímpicos debería tomar la decisión a fines del 2018, ya que el 2019 comienzan los clasificatorios”.

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