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Actualizado el 02/10/2017
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El rey de clásicos

A esta altura, está clarísimo que el estilo futbolístico que se esperaba con la llegada de Guede a Colo Colo fue desechado completamente y se optó por uno mucho más pragmático, que se enfoca en lograr solvencia defensiva y aprovechar el talento que le sobra de la mitad hacia arriba.

No siempre funciona, y ya suma varios tropezones que lo confirman. A veces los jugadores no lucen del todo enfocados y dejan escapar partidos y campeonatos cuando menos se espera. Tampoco es muy vistoso ni agrada mucho al hincha.

Lo que no se le puede negar es que llegados los clásicos, el compromiso aflora en cada uno de los miembros del plantel. Los tres que ha jugado este semestre, los ganó. Los dos anteriores de manera maciza, incluso, demostrando que su plantel -a diferencia de sus adversarios- se agranda en este tipo de partidos.

Ante la UC aguantó una primera media hora complicada, con sus creativos totalmente aislados (Valdivia por Fuentes y Valdés por Aued), para después aprovechar una de las pocas ocasiones de las que dispuso, sin jamás dejar de proteger su zona, el lugar en la cancha donde se encuentra su fortaleza.

Y así es como Colo Colo parece despertar a tiempo para intentar aprovechar los empates del líder Unión, instalándose a su acecho.

Todo lo contrario vive la UC y, en especial, Mario Salas. El técnico leyó muy bien el inicio del partido, en el que dominó al Cacique (Guede cedió el control, es cierto, pero terminó asfixiado en el medio), pero no pudo contra un problema que ya es crónico: no tiene profundidad ni gol.

Si los cruzados han marcado apenas cinco tantos en ocho fechas es por partidos como éste, en los que tienen la pelota sin hacer daño, porque carecen de los especialistas para ello (lo de Silva ya es una constante y Vargas no es la alternativa que se espera) y, sobre todo, de vértigo y peligro. Buonanotte se mueve e intenta constantemente, pero no basta. Ayer Lobos y Fuenzalida arrancaron encendidos, pero fueron apagándose, como en otras tardes les pasó a ellos mismos y a otros también.

Un gol en contra, como les ocurrió la semana pasada frente a Temuco, expone su fragilidad colectiva y sicológica. Los liquidan la espada y la pared. Exigir la salida de Salas se repite como la solución para terminar los días críticos que, después de un par de buenos torneos, vive esta relación. No hay garantía de que así sea, no deja de ser menos cierto que se requieren medidas urgentes que remezan a un equipo que, pese a no lucir demasiado, se hunde en una posición que no le corresponde.

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