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Actualizado el 21/12/2015
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El último intento por revivir a Solitario George

Autor: Patricio Lazcano / Agencias

Su ADN aún se conserva en otras especies de tortugas. Una serie de cruces podrían resucitarla.

El último intento por revivir a Solitario George

Para 1970, la ciencia estimaba que la Chelonoidis abingdonii, una de las especies de tortugas gigantes de la islas Galápagos, se encontraba extinta. Pero en 1971, un científico húngaro descubrió un último ejemplar. Bautizado Solitario George, la tortuga fue trasladada desde la isla Pinta, su hábitat natural, hasta la Estación Científica Charles Darwin, en la isla Santa Cruz, para ser cruzada con otras especies y así mantener vivo su linaje. Pero George murió en 2012 extinguiéndose con él su especie.

En 2008, científicos estadounidenses conducidos por James Gibbs, de la U. Estatal de Nueva York (EE.UU.), comenzaron a tomar muestras de sangre de 1.600 tortugas en las laderas del volcán Wolf, en la isla Isabela (la más grande del archipiélago), descubriendo que varios ejemplares conservaban buena parte del ADN de la Chelonoidis abingdonii, la especie de Solitario George.

Con esta información, ahora científicos de la U. de Yale (EE.UU.) esperan revivir la especie tomando los ejemplares con el ADN más puro y cruzándolos sucesivamente hasta conseguir una tortuga con el porcentaje más alto de ADN de la Chelonoidis abingdonii y así recuperar la especie. 

Pero no será fácil. Los científicos estiman que la tarea podría demorar hasta una década.

Miles de tortugas

Originariamente, en las islas Galápagos había al menos ocho especies y más de 250 mil ejemplares de tortugas gigantes. Al menos tres de ellas se han extinguido. 

Para la década de los 70, sólo tres mil ejemplares sobrevivían, diezmados por marineros desde el siglo XVIII, quienes las capturaban y cargaban en sus barcos por su apetecible carne, escaso costo de mantenimiento (una tortuga puede estar hasta un año sin beber ni comer) y su increíble longevidad. Pueden vivir hasta 200 años.  

Pero los científicos descubrieron que muchas tortugas eran arrojadas al mar. Gracias a su largo cuello, muchas lograron nadar hasta la isla Isabela, donde se cruzaron con las especies nativas. Son estos ejemplares los que conservan el ADN de la Chelonoidis abingdonii. 

Hace un mes, un grupo de científicos se dirigió el noroeste de la isla Isabela para comenzar con un expedición que tenía el objetivo de buscar 40 tortugas en las laderas de ese volcán con un alto contenido de genes de las extintas especies de las islas Pinta (como Solitario George) y Floreana (otra especie nativa extinta). 

El plan es separar las tortugas “seleccionadas” y luego cruzar animales cuyo ADN es más cercano a las especies originarias para llegar a obtener tortugas con el patrimonio genético perdido. 

Serán los “herederos” de Solitario George, cuyo cuerpo embalsamado se encuentra en el centro de la disputa entre el gobierno de Ecuador, que lo quiere exponer en Quito, y las islas, que reivindican la propiedad.

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