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Actualizado el 09/06/2017
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El enigma de los primeros americanos

Autor: Marcelo Córdova

La teoría aceptada dice que los pioneros en llegar a este continente fueron los Homo sapiens hace unos 20 mil años y luego se expandieron hasta Sudamérica. Un nuevo análisis de fósiles y herramientas encontradas Estados Unidos podría reescribir esa historia y adelantar la llegada de los seres humanos cerca de 100 mil años.

El enigma de  los primeros americanos
Richard Cerutti (izq.) y Tom Deméré, paleontólogo del Museo de Historia Natural de San Diego, sostienen uno de los colmillos encontrados en 1992.

El 7 noviembre de 1992, el Departamento de Transportes de California construía una nueva autopista en San Diego cuando una retroexcavadora encontró fósiles pertenecientes a un camello, un caballo, un lobo y varios otros mamíferos. Las obras se detuvieron de inmediato y científicos del Museo de Historia Natural de la ciudad de la costa oeste de Estados Unidos acudieron al lugar y al cavar todavía más encontraron colmillos, dientes y restos óseos de un mastodonte, un pariente peludo y distante de los elefantes que se extinguió hace unos 11 mil años.

Los fósiles del animal no sólo eran antiguos sino también eran inusuales, ya que no estaban en el estado en que generalmente se encuentran cuando un animal muere de causas naturales, sino que apilados en dos grupos y tanto los huesos de sus extremidades como los molares habían sido destrozados. Además, uno de los colmillos se erguía verticalmente en el terreno como si se hubiera usado para señalizar los restos, por lo que el equipo del hoy retirado paleontólogo estadounidense Richard Cerutti empezó a pensar que había intervención humana.

Esta teoría se reforzó cuando en las inmediaciones de cada pila de huesos se encontraron rocas de hasta 14 kilos de peso, que no correspondían con el resto del sector formado por sedimentos suaves, lo que hizo pensar a los científicos que las piedras fueron llevadas por seres humanos para romper los huesos del mastodonte y así extraer la nutritiva médula.

El siguiente paso era determinar la antigüedad de los restos, pero no fue fácil. Después de años de probar distintas técnicas de datación, los expertos finalmente dieron con una fecha que, de comprobarse, podría reescribir la historia del hombre y de América. El análisis, liderado por el Museo de Historia Natural de San Diego y publicado en la revista científica Nature, establece que los huesos de mastodonte tienen 130.700 años, lo que haría retroceder la llegada de los seres humanos al continente en más de cien mil.

El anuncio dejó perpleja a la comunidad científica porque esa fecha desafía el consenso que había al respecto y que dice que hace 20 mil años, la última era glacial se aproximaba a su fin y humanos modernos (Homo sapiens) provenientes de Asia cruzaron desde Siberia hasta Alaska aprovechando el nivel más bajo de los océanos. Luego se expandieron hasta llegar al extremo sur de América, 14 mil o 15 mil años atrás, tal como demuestra el yacimiento arqueológico chileno de Monte Verde, en la Región de Los Lagos.

Sin embargo, hace 130 mil años otros homínidos hoy extintos como los neanderthal, los Homo erectus y los denisovanos sí habían llegado a Eurasia, y este descubrimiento sugeriría que alguno de esos grupos u otro que desapareció en el tiempo habría logrado llegar a América. “Si los resultados se sostienen ante futuros escrutinios, cambiarían todo lo que conocemos sobre la ocupación temprana de América. Pero antes de abandonar el modelo tradicional sobre el primer arribo de los humanos modernos, muchos querremos ver evidencias provenientes de otros sitios”, dijo Chris Stringer, antropólogo del Museo de Historia Natural de Londres y experto mundial en evolución humana, a The Guardian.

Origen enigmático

Richard Fullagar, arqueólogo de la Universidad de Wollongong en Australia, es coautor del nuevo estudio y concuerda con Stringer en el impacto que podrían tener los resultados, y por lo mismo dice a Tendencias que “no hay duda de que la estimación de antigüedad será muy difícil de aceptar por parte de nuestros colegas”. Si se le consulta quiénes habrían sido esos antiguos americanos que destrozaron los huesos del mastodonte, el investigador simplemente responde que ni él ni su equipo lo saben con certeza. “Asumimos que vinieron del noreste de Asia debido a su proximidad con América. Algunos piensan que es más probable que alguna forma del Homo sapiens haya llegado primero a América, especialmente si consideramos que también pudieron cruzar el océano en bote. Sin embargo, creemos que las habilidades de los neanderthal y los denisovanos han sido subestimadas. Hay evidencias de que los Neanderthal y los Homo erectus eran capaces de adentrarse en el mar”, explica.

Tal como dice Fullagar, científicos han encontrado herramientas de piedra y artefactos que indican que hace 250 mil años los neanderthal, los Homo heidelbergensis o el Homo erectus lograron navegar desde la costa del Mediterráneo hasta varias actuales islas griegas, anticipándose en casi 200 mil años a las primeras aventuras marinas de los humanos modernos que cruzaron desde Asia hasta Australia.

En su libro De animales a dioses, el historiador Yuval Noah Harari cuenta por qué pese a ser pioneros en la navegación y otras prácticas como el entierro de los muertos, estos grupos terminaron por desaparecer ante el avance del Homo sapiens. El profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén escribe que hace 100 mil años la Tierra estaba poblada por al menos seis especies de humanos, pero la expansión del habilidoso humano moderno fue decisiva y derivó en la extinción de los neanderthal hace unos 40 mil años: “Los sapiens eran cazadores y recolectores más diestros (gracias a una mejor tecnología y habilidades sociales superiores), de manera que se multiplicaron y expandieron. Los neanderthal, menos ingeniosos, encontraron cada vez más dificultades para procurarse alimento. Su población se redujo y se extinguieron lentamente, excepto quizás por uno o dos miembros que se unieron a sus vecinos sapiens”.

Fullagar comenta que, además de navegar, los neanderthal y los denisovanos también pudieron haber llegado al continente a través del puente de tierra conocido como Beringia y que conectaba Asia con la actual Norteamérica. Pero no se sabe si tras esa primera colonización esos supuestos primeros americanos desaparecieron o no: “Es probable que se descubran otros sitios arqueológicos que se remonten a ese período entre 130 mil y 200 mil años atrás”, agrega.

Pruebas en terreno

Como parte de la investigación, los expertos del Museo de Historia Natural de San Diego viajaron a África y usaron rocas similares a las halladas en California en huesos de elefantes, comprobando que generaban fracturas como las vistas en el mastodonte. Además, en las piedras estadounidenses detectaron marcas que indican que fueron usadas para intentar extraer la médula de los huesos. El hallazgo encaja con un estudio publicado en 2015 por el Instituto Smithsoniano y que señala que en un comienzo los homínidos eran carroñeros que se abalanzaban sobre los huesos dejados por grandes depredadores y, a partir de la médula, obtenían calorías suficientes para sobrevivir varios días.

Los científicos realizaron pruebas con huesos de elefantes para ver cómo se rompían.

Los científicos realizaron pruebas con huesos de elefantes para ver cómo se rompían.

“Hay dos buenas razones para romper los huesos. Una era extraer la médula y la otra, crear fragmentos para elaborar herramientas. Una evidencia de esta conocida tecnología humana, que tiene miles de años, es que en el lugar de estudio varios segmentos de huesos estaban ausentes. Por ejemplo, se halló la cabeza de un fémur pero faltaba todo el resto”, explica Fullagar.
Uno de los principales escépticos de estos hallazgos es John McNabb, arqueólogo de la Universidad de Southampton, en Inglaterra, quien afirma a Tendencias que “sin fósiles o ADN todo es especulación. No sabemos quiénes eran estas personas”.

La fecha de origen de los huesos fue una de las mayores dificultades del estudio y por lo mismo a muchos les cuesta creerla. En este caso no funcionó el tradicional método del carbono 14, técnica que usa este isótopo como una especie de reloj, ya que cuando una criatura muere su acumulación en el organismo se detiene y se degrada a un ritmo constante y medible. Pero los huesos del mastodonte eran tan viejos que habían perdido todo su colágeno, el principal componente orgánico que preserva el carbono 14. Tras probar varios otros sistemas, finalmente se usó un método más nuevo llamado datación uranio-torio, que analiza el grado de degradación del uranio que existe naturalmente en los huesos y que fue el que permitió establecer la antigüedad de 130.700 años.

Dirk Hoffmann, experto del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, en Alemania, dijo a The Guardian que el problema es que este método no es tan confiable cuando se usa con estructuras óseas porque al ser porosas puede entrar agua y alterar los niveles de este elemento: “Nunca habría usado sólo el uranio para asignar edad a un grupo de huesos. Los resultados necesitan ser respaldados con otros método”. Por su parte, John McNabb agrega que si bien “el equipo que realizó el análisis hizo un gran trabajo, siempre es mejor cuando hay expertos independientes que validen los resultados. Eso da más confianza”.

James Paces, coautor del reporte y experto del Servicio Geológico de Estados Unidos que hizo el análisis con uranio, explica a Tendencias que “los resultados concuerdan con los producidos por análisis similares realizados en depósitos de agua subterránea cercanos al sitio. También coinciden con evidencia geológica, como la ubicación del lugar respecto de antiguas capas de terreno de origen marino que se remontan unos 120 mil años. Sin embargo, el actual paradigma sobre la población temprana sólo cambiará si se descubren otros sitios. Este estudio es un llamado para que se realicen investigaciones detalladas a lo largo de América”.

Por ahora, cuenta Fullagar, sus colegas están intentando identificar otros lugares que puedan esconder fósiles similares y ya examinan colecciones de huesos en museos para encontrar evidencia de actividad humana temprana. “Creo que antiguos humanos pueden y serán documentados en otras partes de América, incluyendo Sudamérica”, concluye.

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