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Actualizado el 07/01/2017
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Jackson y Boric después de la CEP: “Estamos vacunados contra el ego”

Autor: María José O\'Shea

Giorgio Jackson (29) y Gabriel Boric (30) son las dos personas mejor evaluadas de la CEP después de Alejandro Guillier. Dicen que “no hay que pasarse rollos” y que las encuestas son como los marineros de Neruda: “Buena onda, un besito, pero hasta ahí nomás”. Mientras, con ese capital, arman un Frente Amplio que rompa los ejes de la política tradicional.

Jackson y Boric después de la CEP: “Estamos vacunados contra el ego”

Es la una de la tarde del viernes y el sol rebota en la Plaza de Armas de Santiago. Sentados bajo un toldo de un restaurante, Gabriel Boric se devora unos huevos a la copa con un café, mientras Giorgio Jackson toma agua.

Giorgio es flaco, alto y más compuesto. Gabriel es más bajo, más gordo, desordenado. Giorgio es pelado; Gabriel, peludo. Pero la gente los confunde todo el tiempo. Les cambian los nombres, les conversan y, sobre todo ahora, los aplauden como si fueran uno solo.

Por estos días andan contentos los muchachos; después de la explosión Guillier, son ellos, de 30 Boric, y 29 años Jackson, los dos políticos con mayor valoración positiva en la encuesta CEP que se conoció el jueves. Un 45% el diputado por Magallanes y líder del Movimiento Autónomo, y 41% el parlamentario por Santiago y rostro de Revolución Democrática. Con ese capital político entre sus manos, su apuesta es sacar adelante un Frente Amplio -junto a otros movimientos de izquierda- que compita en todas partes y cargos políticos.

Se consolidan entre los mejor evaluados en la CEP, ¿cómo lo toman?

Jackson (GJ): No hay que pasarse rollos, lo tomamos con mucha mesura. Siempre nos hemos mostrado escépticos de lo que las encuestas generan en el clima político y, por lo mismo, no nos gusta mucho que se suban los humos con las encuestas. Tratamos de mantener los pies en la tierra y de seguir trabajando por las mismas cosas que trabajábamos antes de que nos conociéramos en las encuestas.

¿Y cómo lo hacen? Humanamente es difícil combatir que no se te suban los humos si te está yendo bien.

GJ: Cuando esos objetivos no tienen que ver con trabajo individual, sino colectivo, al distribuir esos logros en más gente, se va disolviendo el ego y se transforma en una idea que va más allá de una persona. Eso ayuda. Haber criticado mucho la predominancia del ego en la política antes también nos pone una vacuna, como que de alguna manera nos hace estar pendientes de que eso no puede ser el motor, sino las ideas por las que luchamos todos los días.

Da un poco de vértigo igual, ¿o no?

Boric (GB): Las encuestas son como el amor de los marineros de Neruda y, por lo tanto, no hay que pasarse muchos rollos con ellas. Buena onda, un besito, pero hasta ahí nomás. Eso cuando uno las evalúa en las dimensiones personales. Las encuestas tienen mucho más sentido cuando uno mira las series a largo plazo y, en especial, la CEP. A mí los datos que más me sorprenden son la identificación con partidos políticos: en el 90 estaba en el orden del 66% y hoy está con un 15%. Por otro lado, está el prestigio de las instituciones: el Congreso tiene un 4%.

Ahora, para el proyecto que estamos empujando, hay que prestarles mucha atención a ciertos datos, como por ejemplo que el 51% no opina de política porque no le interesa. Si a ese grupo de gente no logramos hacerle sentido, lo que hagamos da lo mismo. Tengo la convicción -que compartimos con Giorgio- de que estas adhesiones personales que generan mucho impacto efímero, si no somos capaces de traspasarlas a un proyecto colectivo, al final es irrelevante nuestro rol en política.

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¿Pero a qué atribuyen esta adhesión alta que tienen los dos?

GJ: La primera imagen que se me viene a la cabeza es la de “en el país de los ciegos, el tuerto es rey”. Se trata de que en un ambiente donde la actividad política y las instituciones están muy desprestigiadas, nosotros hemos intentado con nuestros equipos, con nuestros movimientos y partidos mantener consecuencia, transparencia, trabajo con sentido. Lo mismo que veníamos haciendo desde cuando estábamos fuera de la actividad política formal. Entonces creo que intentar mantener esa consecuencia ha tenido cierto reconocimiento por parte de la ciudadanía. Tratar de ser normal, no sentirse una autoridad por ser parlamentario, sino entendernos como representantes, sin los privilegios y luchar por terminar con esos privilegios ha generado adhesión.

Independiente de la consecuencia que pueden haber mostrado en su corta carrera política, lograron conectar con la gente. ¿Qué conexión hicieron?

GB: En tiempos de alto desprestigio de la política hay un ánimo, una pulsión hacia la renovación, y en ese sentido, todo lo nuevo y lo que venga con cambio, independiente del contenido del mismo, es bien mirado. Eso no necesariamente es bueno, porque si está vacío de contenido, no tiene futuro.

GJ: Queremos escapar un poco de eso.

GB: No hay virtud per se en la juventud.

GJ: Ni en la novedad.

GB: Conozco muchos jóvenes con prácticas de mierda. No tiene que ver con la edad. También conozco viejos muy lúcidos. Ese es un primer factor que influye en la percepción de la gente. Pero en segundo lugar, hay una cuestión de contenido. Con Giorgio provenimos de una generación que se despercude de los traumas de la transición y, por lo tanto, tiene más libertad para cuestionar y desde ahí proponer un modo diferente de organizarnos. Eso es parte de los movimientos sociales, pero también necesita de una expresión política propia. Esa conjunción hace que la evaluación sea positiva, reivindicando profundamente la política, estamos hablando desde la política.

GJ: Nunca hemos hecho “antipolítica”. También sería inconsistente que la deslegitimemos, pero la política se puede hacer desde afuera o desde adentro de las instituciones, y nosotros reivindicamos que no sea materia monopólica de las instituciones como lo es hoy.

GB: Eso se opone al populismo más burdo tipo Parisi, y al más articulado tipo Ossandón. Gente que actúa sola, sin generar musculatura colectiva. Nosotros creemos en la política como herramienta de transformación colectiva. Esa pelea la vamos a dar desde el Parlamento, pero fuera del Parlamento también. Creo que los cambios a los cuales aspiramos, como superar el orden neoliberal en Chile, no se va a decretar en una votación en el Parlamento.

A propósito de la juventud, Carlos Peña planteó en The Clinic que ustedes están construyendo una izquierda demasiado generacional y esa línea debe cruzarse si quieren ser realmente grandes. Resignarse a la idea de que alguna vez dejarán de ser jóvenes.

GB: Completamente de acuerdo con esa afirmación. Nuestra generación tiene esta pulsión de que estamos inventando el mundo, pero es una pulsión que hay que combatir muy conscientemente, porque somos parte de una posta y el diálogo con otras generaciones es muy enriquecedor. Yo cuando converso con viejos socialistas -le tengo mucho respeto a la tradición del PS, no al actual PS- yo crezco. Estoy de acuerdo con Peña. Lo que estamos tratando de hacer dentro de nuestros movimientos, Movimiento Autonomista y RD, es superar ese ethos generacional de que solo militan jóvenes o recién egresados. En Magallanes tenemos militantes de 70 años.

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O sea, todo lo que quieren los partidos tradicionales, que es sumar jóvenes, ustedes están en lo contrario, que es sumar viejos.

GJ: No. El énfasis, como dice Gabriel, es que mucha gente de 50 años, por ejemplo, ha llegado a RD preguntándonos si pueden ser parte, si hay un requisito etario. Estamos haciendo un esfuerzo para que se entienda que no estamos excluyendo generacionalmente a nadie. Quisiera agregar algo más: que se entienda que lo que estamos tratando de convocar no se queda en la izquierda. La idea de Frente Amplio que se está articulando pretende ser mucho más que eso: detectar el malestar social que está localizado en personas que quizás no se identifican con el tradicional eje izquierda-derecha, pero que son hoy día los excluidos, los que padecen ese malestar.

GB: En corta, la gente que apoyó el movimiento estudiantil, que marchó contra la AFP, la gente que se organiza territorialmente, más que de izquierda o derecha. Eso no quita que uno tenga una identidad, yo no me quiero vestir de independiente, pero el Frente Amplio tiene que ir más allá.

Aparecieron en la vida política junto con Camila Vallejo. ¿Por qué creen que ustedes están tan bien evaluados y ella no (22%)? Incluso tiene la más alta evaluación negativa (55%).

GB: No hay una explicación unicausal, pero sí hay dos cosas. Primero, la sociedad chilena tiene un profundo anticomunismo y machismo, al cual Camila se ve enfrentada permanentemente. A mí, muchas veces para insultarme me dicen “comunista de mierda”. Además, ella es parte de un partido que tomó una opción política que fracasó, y naturalmente asume parte de los costos de la coalición política de que es parte. Con ella tenemos una diferencia política, no moral. Yo no le digo “oye, te vendiste”, porque cuando uno moraliza la discusión, no se puede discutir. Sí tengo una diferencia política en la decisión del PC de unirse a la Nueva Mayoría.

GJ: Sumado a lo que dice Gabriel, crecimos políticamente en el movimiento estudiantil y entre los tres tenemos una confianza que con otros parlamentarios no se da. En la Comisión de Educación veo a una dirigente política como Camila que ya está muy por sobre el nivel de los parlamentarios. Sin perjuicio de eso, tenemos diferencias políticas, y creo que se le castiga como símbolo del Partido Comunista y como símbolo de una mujer exitosa en una sociedad machista.

Los retos

Ustedes estratégicamente han construido una carrera juntos, y eso les ha servido. Pero hace un tiempo hicieron un video para diferenciarse, ¿por qué fue?

GB: Lo hicimos porque nos confunden todo el rato. Tenemos diferentes áreas de interés de las cuales ambos aprendemos. En el Congreso siempre estamos leyendo cosas distintas, Giorgio es un ñoño y lee cuestiones sobre derechos de autor y propiedad intelectual o tecnología; yo leo más historia política, poesía.

GJ: Le acabo de pasar un libro que se llama Psicopolítica, que habla de cómo la tecnología en la era neoliberal cambia la dimensión del poder. Y tenemos estilos distintos: yo soy bien de retar a Gabriel por algunas cosas, soy más estricto. El es más relajado.

¿Y por qué lo retas?

GB: Por la pinta o porque hablo muy fuerte, me apasiono mucho. Soy más desbordado, tengo impulsos insostenibles. Por eso es una relación muy complementaria.

¿Y tú no retas a Giorgio?

GB: No, yo solo aprendo de él…

GJ: Antes me retaba más. Antes que diéramos el salto.

GB: Cuando RD estaba en el Mineduc.

¿Te arrepientes de que haya estado RD ahí?

GJ: Es fácil ser generales después de la batalla, pero creo que la decisión que tomó Revolución Democrática en su momento se hizo como una apuesta y sin toda la información necesaria. Claramente, esa apuesta no salió como nos hubiese gustado y, por eso, luego de un tiempo, decidimos que la construcción tenía que hacerse por fuera, y decir con fuerza que no había espacios para la transformación que queríamos al interior de la Nueva Mayoría, porque hay mucha ambigüedad.

La reforma educacional está muy mal evaluada.

GJ: Por lo mismo, porque carece de una matriz que se sostenga en el tiempo. Es muy difícil ver una línea consistente de empuje en las autoridades de gobierno.

GB: Nosotros tomamos una opción distinta con el gobierno de la Nueva Mayoría, pese a que ellos tenían banderas coincidentes a las nuestras, como el fin al lucro. Como Movimiento Autonomista pensamos que ellos no harían transformaciones en el sentido que nosotros apuntábamos. Hay un episodio que para mí grafica todo: fuimos a ver a Nicolás Eyzaguirre cuando era ministro de Educación, y le dijimos que partiera la reforma por la educación pública y no por la particular subvencionada, ya que habría un trasvasije de matrícula y se iba a deteriorar más aún la situación.

El respondió que eso era un daño colateral. Ahí uno ve esta visión de una tecnocracia elitista que ve la lucha que hemos dado desde un nivel de ajenidad muy grande. Entonces, una vez que RD dio el salto sería una irresponsabilidad no trabajar juntos.

No quieren ser presidentes

Si no tuviera la barrera de la edad (35 años), ¿se presentaría como candidato presidencial?

GB: Por ningún motivo, me falta mucha experiencia. Ahora, vamos a presentar como Frente Amplio una candidatura a la presidencia.

¿Quién va a ser?

GJ: Entre enero y marzo tiene que estar zanjado, porque somos muchas organizaciones que poner de acuerdo. Pero más allá del nombre, hay algo que nos diferencia de las dos coaliciones tradicionales: en estas se pone el mejor nombre según las encuestas y luego se piensa qué van hacer o en qué están de acuerdo.

Nosotros queremos que quien nos represente esté convencido de lo que queremos y lo mismo con la plantilla parlamentaria.

¿Y tú quieres ser candidato presidencial en algún momento de tu vida?

GJ: Ni siquiera me lo he planteado.

Es que la presión social te lo plantea, no es que tú lo hagas. Lo que yo quiero es que seamos alternativa de gobierno a los dos bloques tradicionales.

GB: Tengo mucho miedo a los aviones, entonces no podría estar viajando tanto. Es totalmente absurdo pensarlo, y hoy la política en Chile está muy construida en torno a eso.

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¿Y qué pasa entre el Frente Amplio y Alejandro Guillier? ¿Podrían apoyar su candidatura?

GJ: Guillier es el candidato de la Nueva Mayoría y nosotros no vamos a estar en una coalición con la Nueva Mayoría. Más allá de que últimamente también haya criticado no saber muy bien qué es lo que él plantea, él está articulando una candidatura en una coalición en donde no nos sentimos representados y que tiene serias dificultades de poner de acuerdo a sus propios miembros. Lo único que puede salir de ahí es ambigüedad.

Nosotros vamos a competir a la NM en todos los espacios y sin concesiones.

¿Tampoco lo apoyarían en una segunda vuelta?

GJ: Esos son debates que hay que dar colectivamente y en el momento adecuado. Nosotros creemos que nuestra alternativa debe ir a la segunda vuelta y tenemos que apoyarla para que así sea.

GB: Igual te adelanto: en una segunda vuelta Piñera-Guillier yo no voto, y no llamaría a votar por un candidato de la Nueva Mayoría. La posibilidad de una nueva alternativa en Chile tiene que lograr sacarse de encima el chantaje del mal menor.

¿Y tú, Giorgio, también nulo?

GJ: Nosotros tenemos una definición como partido que es no apoyar un candidato de la Nueva Mayoría, y si es que nuestro candidato no llega a una segunda vuelta, tendremos un plebiscito interno. Y yo voy a respetar lo que salga de ese plebiscito.

¿A quiénes van a llevar en la parlamentaria?

GJ: Tenemos el gran desafío de dejar de ser irrelevantes en términos de poder político traducido en voto del Parlamento. Queremos una bancada de 15 parlamentarios, al menos. Y el desafío es encontrar esos liderazgos locales.

GB: Esas listas parlamentarias tienen que estar listas pronto.

¿Y pueden sacar 15 parlamentarios ahora?

GJ: Sí, totalmente. Hay mucha gente que nos para en la calle, pero es el momento que den un paso adelante. Necesitamos gente que quiera ser candidato por Frente Amplio, a diputados, senadores o cores, y no solo por tener un cargo de representación, sino porque hay una idea colectiva que tenemos que empujar.

GB: Hay una conjunción de intereses en electoralizar la política y tengo la convicción de que lo principal de la política está por fuera, lo electoral es una expresión.

¿Cómo opera el financiamiento de la política para levantar candidatos en todos el país?

GJ: Nos viene muy bien, porque nosotros nos movilizamos para que esa ley cambiara. Solo cuando explotaron los casos como SQM y Penta los partidos, a regañadientes, tuvieron que votar las indicaciones que nosotros presentamos.

GB: Además, eso da una oportunidad que es la autogestión, las campañas son grandes momentos organizacionales. Cuando fui candidato en Magallanes, me daba alegría ver a nuestros voluntarios hablando con la gente, convenciendo, y al otro lado unos tipos con una chaqueta azul, moviendo una bandera…

GJ: Y pagados, sin ninguna convicción. Las campañas tienen que ser mas austeras.

GB: Y también tienen que ser una explosión de creatividad.

Sí, pero el riesgo es la menor participación política, porque la gente ni se entera quiénes son los candidatos.

GJ: Es el desafío que tenemos también; apuntar a audiencias más masivas a través de los dispositivos que tengamos y desplegarnos territorialmente. No estamos para una competencia de quien tenga más palomas con photoshop en las calles, sino para que nuestros voluntarios, organizados, miren a la gente con brillo en los ojos y le digan por qué están convencidos por este proyecto.

GB: Además, hay algo bueno en nuestra generación, que es que somos más duchos con las redes sociales. No hay que creer que Twitter es el mundo, pero se nota mucho cómo se usa. Por ejemplo, a Insulza, obvio que alguien le maneja la cuenta (la muestra).

GJ: O el video de Ricardo Lagos después de la CEP. La gente no muestra sus emociones ni sus dolores en la prensa. Todavía está la idea de que el político es aquel ser cuya estrategia es cómo hacerlo parecer mas perfecto. Nuestras campaña es cómo somos más representantes de las personas.

Esa también es una manera de verse perfecto.

GJ: No, porque cuando nos enchuchamos porque alguien en la calle nos dice algo, no tratamos de ser políticamente correctos, sino que mostrarnos como personas con virtudes y defectos.

¿Cuántas veces al día miran Twitter?

GJ: Yo mucho, pero ahora lo miro menos que antes.

GB: Caleta, me gustaría mirarla menos. Tengo ciertos espacios bloqueados para ver Twitter, así como tengo espacios sagrados para leer: cuando como, cuando voy en el Metro y cuando estoy el baño.

¿Qué están leyendo?

GB: Una biografía de Stalin, de Isaac Deustcher, para saber qué es lo que no hay que hacer, y un libro muy bonito que se llama La sangre y la esperanza, de Nicomedes Guzmán, un autor chileno poco conocido de los años 20 o 30.

GJ: Voy en el cuarto libro de la serie seis del filósofo surcoreano Byung-Chul-Han y acabo de terminar El gen egoísta, de Richard Dawkins. También estoy empezando De animales a dioses, de Noah Harari, que es sobre la evolución cultural, de por qué el humano ha llegado a tener una capacidad de dominación como la que ha tenido. Esas cosas me interesan muchísimo.

GB: Yo trato de alternar siempre literatura con formación política, y hojear siempre poesía. Ahora estoy con Maximilian Gorki, un ruso de principios de siglo.

¿Y escribes poesía?

GB: Muy mediocremente. Igual que como juego fútbol.

A lo mejor eso es porque estás más gordo. Y Giorgio, más pelado. ¿Son efectos de la política?

GJ: Estoy completamente pelado. Pero en mi caso esto es genético.

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