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Actualizado el 24/11/2012
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Fallo de La Haya y sus efectos

Autor: Miguel Schweitzer

La sentencia de la corte en el caso de Colombia y Nicaragua no permite deducir conclusiones o consecuencias de lo que será el fallo en el diferendo con Perú.

EL RECIENTE fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya, que resolvió el diferendo entre Nicaragua y Colombia, ¿tendrá algún efecto, o de él pueden extraerse conclusiones para dilucidar cómo fallará la misma corte el litigio iniciado por Perú en contra de nuestro país?

Ya se ha comentado y escrito que las situaciones son radicalmente distintas, por lo que la sentencia de la Corte de Justicia de La Haya no permite deducir conclusiones o consecuencias de lo que será el fallo del diferendo planteado por el Perú. Fundamentalmente, a mi juicio, por dos razones: la primera, por cuanto en el caso citado, el tratado entre Colombia y Nicaragua, conocido como Esguerra-Bárcenas, sólo se refería a territorios insulares, y no a las áreas marítimas, a diferencia del caso entre Perú y Chile, donde desde el año 1947 las declaraciones, los acuerdos y convenciones de 1952 y 1954 se refieren específicamente a delimitación marítima. La segunda, porque en el primer caso la resolución del diferendo sólo afecta a los dos países en litigio; en cambio, de modificarse el sistema de delimitación marítima entre Chile y Perú, ello afectaría el sistema aplicado en el Pacífico Sur por convenciones multilaterales, además de que el paralelo se aplica entre Ecuador y Colombia, quienes reconocen en el paralelo un método válido de delimitación marítima.

Al no haber un tratado referido a la delimitación marítima entre Colombia y Nicaragua, la Corte Internacional entonces aplicó los principios de la Convención sobre Derechos del Mar, que sugiere, cuando haya sobreposición de la proyección marítima de los países, buscar los criterios de equidad y de equidistancia como solución. Al constatar que la proporcionalidad de la proyección marítima de Colombia era 8 a 1 respecto de Nicaragua, procedió en consecuencia a reformular la delimitación que Colombia defendía como la del meridiano 82, aunque sin pronunciarse -por falta de antecedentes- respecto de la petición nicaragüense relativa a la plataforma continental superpuesta a la colombiana.

El Tratado Esguerra-Bárcenas fue impugnado por Nicaragua, alegando que había sido suscrito en una época en que estaba bajo dominio de los Estados Unidos, argumentación que fue desechada por la corte por estimarla improcedente, reiterando así una jurisprudencia que da validez a los tratados que hayan sido celebrados y están en ejecución entre las partes.

También, la corte asignó relevancia a los usos y la práctica a través del tiempo, señalando que resultaba determinante el que Nicaragua, a lo largo de los años, no hubiese formulado reclamación o impugnación respecto de la misma.

Los fundamentos jurídicos de Chile, sólidamente basados en declaraciones de los gobiernos, en acuerdos y convenciones que el Derecho de los Tratados hace válidos y aplicables, a lo que se agrega una práctica jurisdiccional no controvertida por años y documentos oficiales chilenos y peruanos que señalan la delimitación marítima en el paralelo 28°21’03”, además del efecto internacional que podría producir cambiar el sistema de delimitación marítima vigente, permiten estar optimistas en cuanto a que el fallo de la corte reconocerá el paralelo como límite marítimo entre Chile y Perú.

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