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Actualizado el 03/12/2017
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Senador PPD

Felipe Harboe: “Es el momento más difícil que ha enfrentado el PPD desde su fundación”

Autor: María José O'Shea C.

Luego de la “debacle electoral”, el senador plantea que el partido tiene que redefinir su domicilio político y su propuesta de futuro. Y se pone a disposición para presidirlo: “La situación es tan compleja, que ningún liderazgo se puede restar. Estaré disponible para llevar adelante un proyecto unificador”.

El senador Felipe Harboe jamás imaginó los resultados de las elecciones del 19 de noviembre. Ni la inesperada votación que obtuvo Beatriz Sánchez, ni la cantidad de diputados que logró el Frente Amplio, ni menos lo mal que le fue a su partido, el PPD, que pasó de 14 a ocho miembros de la Cámara Baja y obtuvo una notoria baja en su votación total.

Por eso, dice, pasada la segunda vuelta presidencial, su partido deberá enfrentar un profundo debate para “ver cómo sacamos al PPD adelante”. Para Harboe, a quien esta vez no le tocó competir para reelegirse -está en la mitad de su período-, lo que su coalición enfrenta es “el momento más difícil desde su fundación”.
-La verdad es que el resultado fue sorprendente, por lo menos para mí. Y en materia parlamentaria, yo creo que hay una tremenda enseñanza: que el sistema electoral binominal estaba escondiendo una realidad política y social que se manifestó con este nuevo Parlamento, que va a ser más diverso.

¿Se refiere a la incorporación de 20 diputados del Frente Amplio?

Claro. Hoy el Parlamento va a ser más diverso y eso tiene que ver con el nuevo método D’Hont, donde se privilegian listas y no personas, y se permite la incorporación de distintas realidades que antes no estaban representadas. Desde ese punto de vista me alegro, porque muchos que antes estaban fuera del sistema, hoy estarán dentro.

Hay gente que no quedó contenta con el sistema, porque muchos que sacaron buena votación quedaron fuera, mientras otros fueron arrastrados con un 1% de los votos.

Hay que mirar con mucho detalle. Yo recuerdo esa disputa entre Alberto Mayol y Giorgio Jackson, por si él iba o no en el pacto, y tiene que ver con esto: ambos fueron capaces de detectar que si iba dentro podía ser arrastrado, pero si iba por fuera, aunque tuviera muchos votos, no iba ser arrastrado, que fue lo que ocurrió. Hay una virtud que reconocerle al Frente Amplio, y también al PS y a RN, que supieron leer este nuevo sistema privilegiando listas y no solo candidatos. Parte de la debacle que tuvo el PPD en diputados tuvo que ver con eso: que se siguió la lógica binominal. Postulaba un candidato que no siempre llevaba un acompañante que le sumaba votos y varios quedaron fuera con buena votación.

Usted habla de debacle del PPD y lo atribuye a que no supieron leer el nuevo sistema, pero ¿hay responsabilidades de la directiva?
La situación del PPD es muy compleja. Primero, tenemos un problema de marca. El PPD está herido en su marca producto del las investigaciones de SQM, también por eventos de malas prácticas o disputas internas. Segundo, tenemos un problema de domicilio político, porque en un momento el PPD optó por girar a la izquierda, y ese giro, que parecía muy atractivo para algunos, despreocupó al mundo socialdemócrata, que también era parte del PPD, y muchos de ellos se fueron. Adicionalmente, el votante de izquierda prefiere votar por el PS, el PC o Revolución Democrática. Lo que le hace falta al PPD es definir el domicilio político, ver qué hacemos con la marca, y volver a conectarse con sus raíces originarias.

El PPD ha tenido muchas crisis desde que nació: ideológicas, de corrupción y hoy, electoral. ¿Es esta una crisis terminal?
Creo que es el momento más difícil que ha enfrentado el PPD desde su fundación y, por tanto, lo que se requiere es que todos quienes tenemos algún grado de liderazgo en el partido tengamos la capacidad de hacer una reflexión profunda y serena, y no sacar pequeñas ventajas. Esta situación es tan profunda, delicada y estructural, que tenemos que ver qué hacemos con el PPD, cómo lo sacamos adelante y cómo reencantamos a un conjunto de gente que se fue. El PPD es el partido que más renuncias tiene. Logró el refichaje y lo logró bien, pero casi siete de 10 militantes son nuevos, entonces, ¿qué pasó con los antiguos? ¿Qué pasó que el PPD se fue desdibujando en sus ideas y perdiendo el encanto que tenía? Algo pasó que nos obliga hoy a estudiar en profundidad qué es lo que hacemos con el PPD, cuál es su domicilio político y cuál va a ser su propuesta de futuro.

Uno de los hechos de la historia del PPD es el poder que tiene el senador Guido Girardi. ¿Qué responsabilidad tiene él en el estado actual del partido?
Guido siempre le ha dedicado mucho tiempo a la formación del PPD, a la mantención de ideas, y ha construido parte importante del partido. Yo he tenido diferencias públicas con él, pero eso no significa que en momentos tan difíciles como este uno diga “sabe que el culpable es usted”. Sería irresponsable e injusto. Creo que toda esta discusión profunda tenemos que darla después del día 17 de diciembre. Si hoy iniciamos una discusión interna para pasar las culpas, no vamos a estar apostando al principal objetivo político que es el triunfo de Alejandro Guillier. Después del 17 veremos.

Ahí vendrá la “noche de los cuchillos”.
No con esa expresión, pero sí lo que corresponde es hacer un análisis muy crudo de lo que pasó y las causas de ello. Por ejemplo, por qué el presidente del partido ni nadie de la mesa directiva logró obtener un cupo. Esas son consideraciones que vamos a tener que ver, porque esto no se trata de una sola persona, sino de una crisis bastante más profunda.


¿Y a qué se refiere cuando plantea redefinir el domicilio político?

El PPD debe volver a su domicilio original, que es la centroizquierda, donde por un lado tiene gente que viene del PC y, por otro, gente que viene del mundo liberal. El PPD fue capaz de conciliar esas visiones en función de un proyecto colectivo. ¿Por qué haber abandonado los temas relativos a las concesiones o el crecimiento, y haberse abocado solo al tema de más Estado? Cuando uno plantea un proyecto país, tiene que ser capaz de plantear no más o menos Estado, sino mejor Estado. Y ahí creo que el PPD tiene que renovar sus banderas.

Salir del discurso de la retroexcavadora, dice usted.

Sí, pero lo que pasa es que la retroexcavadora fue caricaturizada, y yo planteé abiertamente que no estaba de acuerdo, porque parecía como destruir para construir algo nuevo. Yo soy un orgulloso de lo que logró la Concertación, con las mediciones de lo que logró en esa época, porque me parece injusto medir con la métrica de hoy lo que se hizo ayer.

El laguismo es la expresión más clara de la Concertación y hoy el laguismo fracasó. Primero, no hubo apoyo a Ricardo Lagos para la presidencial, y luego a quienes él apoyó en la parlamentaria les fue mal. ¿Cómo lee usted eso?
La Concertación fue la coalición más exitosa de la historia de la República. Segundo, sí creo que cumplió un ciclo y teníamos que partir a otro estadio, donde la gente estaba demandando más protección social, y Michelle Bachelet ha dado adecuadamente el giro hacia un mayor estado de bienestar. Lo de Ricardo Lagos tiene varios factores. Uno de ellos es que la gente nos está demandando renovación, y mi percepción es que nuestra generación no ha sido lo suficientemente valiente para asumir roles de conducción. También tenemos que tener un mayor nivel de solidaridad generacional, porque cada vez que se levanta un líder, hay un conjunto de otros que lo tiran hacia abajo.

Pero lo que simboliza Ricardo Lagos, que es una visión más socialdemócrata, no fue bien recibido en esta elección.

No lo interpretaría así, creo que hay un gran grupo de ciudadanos que no participó del proyecto electoral, y otro gran grupo que creemos en una visión socialdemócrata que sea capaz de compatibilizar crecimiento económico con una reforma profunda al Estado para ser motor de desarrollo, pero que también profundice los niveles de protección social.

¿Y usted cree que es el camino que va a tomar el PPD después de este proceso reflexivo?
No sé, espero. Creo que aquí no son visiones incompatibles. Cuando uno conversa con liderazgos como Ricardo Lagos Weber, con el mismo Guido, uno dice “aquí tenemos puntos en común”. Ahora, vamos a ver si logramos sacar adelante el PPD, y ese es el desafío que tenemos como colectivo. Y lo segundo que ha conspirado también contra la renovación de la política tiene que ver con el individualismo. Nosotros tenemos que volver a tener una idea de trabajo colectivo, y no sobre la base del individualismo, del caudillismo.

Cuando usted dice “vamos a ver si sacamos adelante el PPD”, ¿existe posibilidad de que no ocurra? ¿Sigue teniendo una razón de ser, con tantas diferencias internas?

Sin duda, las diferencias que puede tener hoy el PPD son bastante menores a las que pueden existir en la DC o las que existieron en RN y terminaron con el éxodo de Lily Pérez, Joaquín Godoy y Karla Rubilar. O las salidas de José Antonio Kast y un montón de gente de la UDI. Mi percepción es que hoy el escenario político está muy líquido y vamos a tener un reordenamiento de la política. Pero, efectivamente, vamos a tener un retornamiento, porque ya la lógica de derecha-centro-izquierda, o la lógica del Sí y el No, con el cambio del sistema electoral terminó. Eso va a permitir, probablemente, nuevas agrupaciones políticas y un reordenamiento de las alianzas.

¿Le gustaría presidir su partido?

Yo creo que la situación del PPD es tan compleja que ningún liderazgo se puede restar. Por tanto, yo estaré disponible, si así se requiere, para llevar adelante un proyecto que pueda ser unificador. Y creo que eso siempre tiene que ser mirado con una perspectiva más de largo plazo. Creo que es importante que el PPD, así como lo construimos entre muchos, también tengamos la capacidad de renovarlo entre muchos.

Beatriz se “bacheletizó”

Usted para la primera vuelta presidencial dijo no sentirse convocado a la campaña de Alejandro Guillier, ¿hoy se siente convocado?

Sí, efectivamente. De hecho, tuve una larga conversación con Alejandro Guillier, me invitó a participar activamente en la campaña.

¿Pero convencido?

Obviamente. Uno puede tener matices, diferencias, en algún punto con alguien. Pero cuando hay procesos políticos importantes, uno como líder político tiene que estar ahí. Y yo estoy ahí porque Alejandro Guillier hoy representa el proyecto político de la centroizquierda y la continuidad de las reformas de Michelle Bachelet, y yo, humildemente, me fui a poner a disposición. Lo que está en juego en esta elección no es solamente la persona, es profundizar las reformas en materia de pensiones, en materia de salud, y extender la gratuidad. Eso le va a cambiar la cara a este país en los próximos 10 años, y creo que Michelle Bachelet va a ser recordada como la artífice de esa herramienta de movilidad social.

Bachelet parece estar teniendo un rebote después de la primera vuelta. ¿Lo ve así?
Bueno, yo lo dije en el peor momento de evaluación pública de Michelle Bachelet: que va a estar entre el 38% y el 40%. Hoy ella está sembrando las grandes reformas, importantes, las va a cosechar al final del periodo. Y se va a descubrir que muchas de las encuestas que han creado una sensación de que estaba todo malo, van a ser descubiertas. Mi percepción es que se construyó un discurso de que todo era malo, porque probablemente había algunas reformas que no gustaban a un sector de la sociedad. Y hoy estamos viendo que ella va a terminar en un buen pie. Somos pocos los que en los momentos más difíciles nos mantuvimos al lado de la Presidenta Bachelet.

Tironi planteó que ella fue una gran triunfadora en esta elección. Dijo que Beatriz Sánchez, de alguna manera, es también Bachelet. Son figuras parecidas.
Efectivamente, la sencillez de la Presidenta Bachelet la rescataba algo Beatriz Sánchez. Pero mi percepción es que hoy la figura de Michelle Bachelet es una figura ganadora, porque ha logrado correr el cerco de las libertades.

¿Pero puede haber una proyección de ella en Beatriz Sánchez?

Yo creo que Beatriz Sánchez, hábilmente, lo que hizo fue “bacheletizarse”. Y es natural, porque hay una Presidenta que va avanzando de muy buena forma, con un gobierno con un alto componente social, me parece que es sano y legítimo plantearlo. Pero hoy, tal como se ha ido manifestando, Alejandro Guillier en segunda vuelta representa la continuidad de esas reformas. R

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