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Actualizado el 18/11/2017
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Física y belleza: 23 vueltas al universo de Albert Einstein

Autor: Rodrigo González

Andrés Gomberoff y José Edelstein publican un libro sobre el autor de la Teoría de la Relatividad para acercar su obra al público no especializado.

Física y belleza: 23 vueltas al universo de Albert Einstein
Los físicos teóricos son también autores del libro Antimateria, magia y poesía (2014).

Según sus propias palabras, “el pensamiento más feliz” de su vida cruzó su mente una lluviosa tarde del otoño de 1907. Después de reparar en la incompatibilidad entre su Teoría de la Relatividad Restringida, publicada en 1905, y la Ley de la Gravitación de Isaac Newton, Albert Einstein (1879-1955) observaba cómo las gotas de lluvia caían al otro lado de su ventana. Tenía 28 años. Fue cuando se imaginó a sí mismo cayendo y, siguiendo la línea de las observaciones de Galileo Galilei, pensó que mientras caía al vacío las gotas de agua se verían quietas a su alrededor.

Esa idea fue el pie de inicio para lo que ocho años después, en la sede de la Academia Prusiana de las Ciencias, presentaría como la Teoría de la Relatividad General. Ecuaciones que derribaron la teoría de la gravedad de Newton y se sumaron a su legado científico, ya engrosado por sus estudios sobre el efecto fotoeléctrico, sobre el Movimiento browniano, la relatividad restringida y su fórmula sobre la equivalencia entre masa y energía.

Sin embargo, y a pesar de que la sombra del Nobel de Física de 1921 habita en desarrollos tecnológicos tan cotidianos como el GPS de un celular, fuera del campo de la física y disciplinas adyacentes son pocos quienes aprecian la belleza que se esconde detrás de tan elegantes ecuaciones. Al menos así piensan los físicos teóricos Andrés Gomberoff (1969) y José Edelstein (1968), quienes a través de columnas y libros intentan aproximar la ciencia al público general con un lenguaje asequible.

“La Sagrada Familia impacta visualmente, pero es mucho más lindo que alguien te explique los detalles”, dice el profesor de física teórica en la Universidad Santiago de Compostela, José Edelstein, haciendo un paralelismo con el arte. “Siento que lo que hacemos nosotros es más bien el contacto de mediadores entre la obra que es hermosa y el público, que puede apreciarla mejor con un poco de ayuda”, asegura.

Bajo esta premisa publicaron Einstein para perplejos (Debate), libro en el que explican las obras e ideas del físico alemán abordando también el contexto histórico, científico y personal en el que fueron desarrolladas.

¿Por qué escribir otro libro en torno a la figura de Einstein? Razones hay varias, explican sentados uno junto al otro en las oficinas de la casa editora, frente al Parque Forestal . Ambos trabajan en torno al área de la gravitación, comparten la fascinación por Einstein como personaje y, al igual que el Nobel de Física, son de origen judío. Pero el motivo principal responde a “la gran paradoja”, afirma Gomberoff. “A pesar de ser uno de los personajes más famosos del siglo -de hecho fue nombrado por la revista Times- no se conoce su obra, no es apreciado y la gente se lo está perdiendo”, explica el autor de Física y berenjenas (2015), director del área de física de la U. Adolfo Ibáñez.

En conjunto, los autores escribieron 23 textos cuya columna central es el físico alemán. De manera cronológica, cada vértebra alumbra una teoría que a la vez se entreteje con rastros científicos dejados por matemáticos del pasado, como Descartes y Galileo Galilei. Así van desde cómo un joven desconocido que trabajaba en la Oficina Federal para la Propiedad Intelectual de Berna irrumpió en el mundo científico a los 26 años, hasta culminar en sus últimos 20 años de vida.

“Todos los emprendimientos científicos de Einstein fueron empresas quijotescas, en principio destinadas a la derrota… El acabó con algunas cuantas victorias y otras derrotas, pero fue fiel a sí mismo y siguió intentando ser revolucionario hasta el final”, dice Edelstein, refiriéndose a esa época final en la que el físico teórico se autoexilió y dedicó a perseguir ideas que se comprobaron erróneas.

De manera creativa, los escritores relacionan a Einstein con sus contemporáneos, científicos o no, incluso con personajes y situaciones que a primera lectura parecen no tener puntos de encuentro. En un mismo ensayo repasan el momento en que Einstein leyó La metamorfosis de Franz Kafka, recomendada por su buen amigo Thomas Mann, para abrir paso y hablar sobre el movimiento de los electrones, la bombilla, el láser, y la luz.

Repasan también el día en que dio un concierto de violín en la ciudad japonesa de Kokura, la misma que en 1945 se convirtió en el blanco elegido por Estados Unidos para dejar caer la bomba de plutonio, que finalmente cayó sobre Nagasaki. Y establecen un paralelismo entre la vida del físico con la del músico creador del dodecafonismo, Arnold Schoenberg: “Ambos revolucionaron sus respectivas disciplinas”, relata el texto titulado La masa transfigurada.

Durante casi dos años, Gomberoff y Edelstein leyeron cartas, papers científicos y juntaron el material que llena las páginas de Einstein para perplejos. Sin ser una biografía, aclaran los autores, es un libro en el que “de alguna manera, sin tener la necesidad de estudiar física teórica, los lectores puedan disfrutar de nuestra actividad”.

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