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Actualizado el 07/08/2017
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El Flaco Larraín, de Magallanes

El Flaco Larraín, de Magallanes

En junio pasado sufrió un accidente cardiovascular que lo mantuvo hospitalizado más de un mes. “Me queda una huella en la mejilla izquierda y me cuesta pronunciar algunas palabras”, dice Luis Alberto Larraín Cuevas en su hogar de Puente Alto. Nació el 28 de julio de 1936 en Santiago (cumplió 81 años): “Ésa es mi verdadera fecha de nacimiento; figuro como del 18 de junio debido a un error del funcionario del Registro Civil”. Medía 1,83 metros y pesaba 68 kilos. Siempre fue arquero, se inició en el fútbol de los barrios y llegó a Universidad de Chile en 1959. “Me recibió el entrenador Hernán Carrasco. El portero titular era René Pacheco y estaban Salvador Gálvez, Manuel Astorga y Luis Venzano”.

En 1962, pasó a Magallanes, los arqueros eran Mario Ojeda, Carlos Morales y Patricio Sasmay, y debutó en primera división ante Rangers en Talca por la última fecha del torneo de ese año, que comenzó después del Mundial y que finalizó en marzo de 1963. La siguiente oportunidad la tuvo en agosto de 1963 contra Colo Colo en el Estadio Nacional. “Me hallaba muy nervioso y dos buenos compañeros como Roberto Ampuero y el argentino Héctor Torres me tranquilizaron. Fue un partido nocturno y empatamos 2-2. Atajé mucho frente al equipo que ese año sería campeón y que tenía a Mario Moreno, Enrique Hormazábal, Luis Hernán Álvarez, Francisco Valdés y Bernardo Bello en la delantera”.

Después de ese partido, la revista Gol y Gol destacó al “juvenil Luis Larraín” y el Flaco ya había cumplido 27 años…

Luis Alberto Larraín, Flaco

Ese mismo mes, Larraín se constituyó en el primer arquero que le atajó un penal a Néstor Isella, de Universidad Católica. Años después lo imitarían sus colegas Luis Mendy, de Huachipato; Ricardo Pacheco, de Audax Italiano; el paraguayo Ernesto Irala, de Santiago Morning, y Adolfo Nef, de Universidad de Chile. “Isella era un especialista. Caminaba lentamente un par de pasos y le pegaba muy fuerte a una esquina. Fue en el estadio Independencia, de noche; tuve la intuición de arrojarme hacia mi derecha y me favoreció que la pelota iba a media altura. Sí, me adelanté un poco”, sonríe.

¿Cuál es su partido inolvidable? Tengo dos: ése con Colo Colo y un empate 0-0 ante Universidad de Chile, también en el Estadio Nacional. En el ataque actuaban Carlos Campos, Ernesto Álvarez, Rubén Marcos y Leonel Sánchez. Ese año el Ballet Azul dio la vuelta olímpica (junio de 1964)”.

En 1967, Larraín fue a Ñublense, de segunda división: “Me pidió el entrenador Caupolicán Peña. En Chillán de nuevo fuimos compañeros con el tucumano Héctor Torres, el de los goles de chilena y con quien terminamos de compadres: soy el padrino de su hija, Paola Margarita”. En Ñublense había llegado el argentino Héctor Walter Pedutto y empezaba Eduardo Cortázar.

Al año siguiente, regresó a Magallanes, club en el que terminó su carrera en 1969: “El otro arquero era Adison Aguilar”.

¿La mayor goleada que recibió? “Siete, contra Unión Española. Por eso me pusieron Siete machos. ¿Fue 8-1? (enero de 1966). Con mis compañeros Norberto Schiro y Torres habíamos reforzado a Unión Española en un cuadrangular internacional con Racing de Montevideo, Universidad de Chile y O’Higgins (julio de 1965)”.

Larraín fue funcionario de la Dirección de Pavimentación y es pensionado del Serviu (Servicios de Vivienda y Urbanización). Trabajó en las cadetes de Magallanes y Unión Española. “Después tuve un taxi durante ocho años. Me asaltaron cuatro veces y la última me encañonaron, así es que lo dejé”.

¿Qué arquero admiró? “Sergio Livingstone. Una tarde, tomé un pasajero y era el Sapo Livingstone. Él me miraba y me miraba, hasta que dijo: ‘El Flaco Larraín, de Magallanes”.

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