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Actualizado el 30/12/2016
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Cosas de la vida

Francisca Santander: “Tengo un trastorno del aprendizaje”

Autor: Tania Opazo

“A otras personas con dificultades les contaría mi experiencia y les diría que tienen que esforzarse, pedir ayuda a los papás, a los profesores. Si uno se esfuerza, siempre se merece una segunda oportunidad”.

Francisca Santander: “Tengo un trastorno  del aprendizaje”

Tengo 14 años y llegué en junio del año pasado al Colegio Laudare. Antes pasé por otros tres. Me cambié porque en el otro colegio me empezó a ir mal, empecé a bajar las notas. Me costaban las pruebas, sobre todo las de matemáticas. Me ponía nerviosa, me frustraba y la profesora no me ayudaba. Mi mamá pidió que me sentaran al lado de la miss pero a ella no le importaba.

Yo soy super sociable, me pongo a hablar con todo el mundo, pero en el otro colegio tenía problemas con algunas niñas. Me decían tonta. Y uno no puede tratar así a otra persona, aunque te caiga mal, mejor quedarte callada a ofenderla. Cuando dije que me iba a cambiar de colegio un compañero me dijo “te apuesto que te van a dar las respuestas de las pruebas” y le respondí que nada que ver, que me iban a ayudar, pero que ningún colegio te da la respuesta de las pruebas. Eso me molestó. Por esas cosas yo me aislaba mucho, siempre andaba sola.

Mi mamá pensó que lo mejor para mí era cambiarme a un colegio más personalizado, porque sabía que no lo estaba pasando bien. Encontramos este, vine a dar unas pruebas y empecé. Me encantó el cambio. Por eso me voy a quedar aquí hasta que salga. Aquí nos enseñan con amor. Por ejemplo, si me saco una mala nota y saben que me esforcé al leerme el libro, me vuelven a tomar la prueba y me ayudan. Así debería ser en todas partes: si la alumna pone de su parte deberían ayudarla. Algunas niñas se demoran más en completar la tarea que otras, pero no por eso las voy a estar criticando. Por ejemplo, hay niñas que tienen 17-18 años, ya son grandes, y todavía hacen cosas de niñas más chicas. Acá nadie las va a molestar porque les guste Frozen, pero en otros colegios ellas lo pasarían super mal.

Acá hacemos talleres funcionales, por ejemplo, vamos al Subcentro, que está cerca, o al mall, y aprendemos a gastar la plata, para ser más autónomas. Porque así es la vida, nuestros papás no van a estar siempre con nosotras. Ahora me está costando menos, mi mamá me ha mandado sola a comprar, cerca, pero todavía no he tomado una micro o el metro sola, porque a ella le da miedo. Más adelante sí quiero hacerlo, pero aún tengo cosas que mejorar.

Todas las personas somos distintas y todas tenemos dificultades. Si alguien no me conoce quizás no me entienda y diga “Ya po, Francisca, apúrate, me tenís chato”, porque hay gente que no tiene mucha paciencia, pero tenemos que aprender a ponernos en el lugar del otro y ver por qué la persona es así, capaz que tenga algún problema. Todo el mundo tiene que mejorar cosas. A otras personas con dificultades les contaría mi experiencia y les diría que tienen que esforzarse, pedir ayuda a los papás, a los profesores. Si uno se esfuerza, siempre se merece una segunda oportunidad.

Me gustaría ser parvularia porque me gustan harto los niños chicos. Cuando mi mamá no está a veces me dejan a cargo mi hermana chica, de cuatro años. Quiero enseñarles a los niños a incluir a otros, que les presenten sus juguetes, que los inviten a jugar con ellos. Integrarlos para que se sientan cómodos. No me da miedo ir a la universidad. Sólo tengo que dar mi mayor esfuerzo, decir “sí, voy a poder”. Depende de mí no más.

Por ejemplo, para ser honesta, antes yo creía que todos me aislaban, que en todas partes era lo mismo. Entonces mi mamá me decía “tú también te tienes que integrar” y ahora me he dado cuenta que sí, que soy yo la que tiene que integrarse y no decir que todo el mundo me aísla. También tengo que poner de mi parte.

En este colegio, al principio, también me aislaba, no compartía con nadie. De a poco empecé a tomar más confianza con mis compañeras, tenemos una relación muy linda. Tengo una que se llama Fernanda y que tiene la misma edad que yo. Llegó este año pero siento como si la conociera desde chica y me llevo super bien con ella. Le hice una carta porque no nos vamos a ver en tres meses, por las vacaciones. Ahí le escribí que es la más bonita del colegio. Se la entregué el último día de clases, como una despedida. Ella vive un poco lejos, en Maipú, y yo en Ñuñoa, pero ojalá nos podamos ver en el verano. Pero con todo el grupo de compañeras estamos unidas, nos ayudamos. Yo las admiro a todas.

El Proyecto del Colegio Laudare está orientado a la educación de niñas que presentan Necesidades Educativas Especiales (N.E.E.), en particular con problemas de aprendizaje general, ajustándose a los requerimientos de cada estudiante. Francisca Santander, alumna del establecimiento, recibió este año el premio “Espíritu Laudare”, por representar en forma destacada los valores del colegio.

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