Frei y Piñera coinciden en lanzamiento de memorias de Gabriel Valdés

<p>El abanderado de la Coalición por el Cambio quedó sentado a cuatro metros del senador DC. En ningún momento los candidatos se saludaron.</p>




A las 19.35 se prendieron ayer las luces del salón donde Gabriel Valdés (90) presentaba sus memorias y, ante la sorpresa de varios asistentes, Sebastián Piñera ingresó con paso largo y notorio por el pasillo central hasta llegar a la primera fila y sentarse entre el canciller Mariano Fernández -a quien saludó afectuosamente- y Raquel Morales, viuda de José Tohá, mucho menos efusiva en el recibimiento al candidato.

Mientras se encendían las luces -tras la exhibición de un video sobre su vida- Valdés había pasado a la testera, dejando el asiento libre para que lo ocupara Piñera, quien llegó  atrasado al lanzamiento de "Gabriel Valdés, sueños y memorias".

Así, Piñera quedó a cuatro metros de Eduardo Frei, quien también estaba sentado en primera fila pero al otro lado del pasillo, a la derecha de Piñera. Ni en ese momento, ni en el resto de la jornada, ambos abanderados se saludarían.

"Quien diría que los dos candidatos más importantes a la Presidencia estarían en primera fila", comentó Valdés, desde la testera, dando el único viso de distensión a la coincidencia de ambos en el evento.

Aparte de ese comentario, Valdés aprovechó su exposición para criticar a Alejandro Navarro.
Hablando del alejamiento de José Antonio Viera-Gallo del Senado comentó que "un imprudente le ganó en una elección que debió haberse declarado nula".

Valdés aprovechó también de tomar con humor el hecho de que en su libro no ahondase en el escándalo conocido como el Carmen Gate y su enfrentamiento con Patricio Aylwin en la internas de la DC, en noviembre de 1988.  El ex canciller calificó el hecho como "un tropezón político", cuyos "detalles pueden leerlos.... en internet".

Aparte de las presentaciones -a cargo de Viera-Gallo, Lucía Santa Cruz y Jorge Edwards- se mostró el video en que aparecía un joven Valdés en traje de baño jugando con sus hijos Max y Juan Gabriel, al lado de una piscina y en que el ex canciller contaba que el FBI le brindó seguridad cuando, en los 70, vivió en EE.UU. y "me mandaron a matar, después de Letelier".

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