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Actualizado el 15/08/2017
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Historia manoseada

Autor: Juan Cristóbal Guarello

Nuestros vecinos y rivales habituales demuestran que se puede ir, competir y superarse. Y con menos plata de lo que se gasta en Chile en la mayoría de los casos.

Historia manoseada

Antes de comenzar el torneo, algunos medios, con esa facilidad con que se usan los adjetivos grandiosos en la actualidad, señalaban como histórico el hecho de que nuestro país llevara ocho atletas al Mundial de Atletismo de Londres. Lo que no explicaban esos titulares celebratorios es que la cifra se desvanecía cuando dos atletas (Karen Gallardo e Isidora Jiménez) habían clasificado debido a que corrió la lista en sus respectivas pruebas, pues no habían cumplido con la marca mínima, y los tres maratonistas (Cabrera, Encina y Yáñez) participaban debido a la baja y absurda marca que exige la IAAF, más preocupada de hacer un maratón multitudinario que de los rendimientos concretos. Uruguay también metió tres maratonistas, si el dato sirve.

El Mundial terminó y nuestros atletas tuvieron un pobre desempeño. Aquí tenemos que separar las cosas para evitar el debate infantil y poco informado que se ha dado en las redes sociales sobre las reales posibilidades de los chilenos. Así como nadie les exige medallas, ni siquiera estar entre los ocho mejores, tampoco es aceptable competir contra los mejores del mundo y no exhibir una mejora en sus rendimientos. Y para adornar el argumento, se apela a las viejas y anquilosadas consignas de la “falta de recursos” o “la pobreza del medio”.

Seamos serios, y esto de seguro que el 99% de los chilenos no lo sabe: Chile es el país con más pistas sintéticas de América Latina. No el con más pistas per cápita, es el que tiene la mayor cantidad contante y sonante. Supera a Brasil y México, por ejemplo. En Santiago hay diez veces más pistas que en Buenos Aires, teniendo un cuarto de sus habitantes. Las tienen colegios, universidades, clubes deportivos y comunas. Hay en Las Condes y La Pintana. El sábado se inauguró una en Ovalle y otra en Copiapó está casi lista. Existen dos centros de alto rendimiento y hasta tenemos un ministerio. La cantidad de dinero que se ha inyectado al deporte es decenas de veces superior a lo de hace diez años. Sin contar lo recursos privados.

Terminemos con la cantinela de los atletas pobres, que corren en alpargatas, se alimentan de sándwiches y duermen en la banca de la plaza. Esa realidad cambió, no existe más, hay que sacarse la caricatura de la cabeza. Basta con mirar las condiciones en que viajaban y competían Alejandra Ramos o Pablo Squella, comparados con Isidora Jiménez o Edward Araya.

Cada atleta tendrá sus razones para el mal rendimiento y de seguro son atendibles, pero resulta incompresible que Isidora Jiménez corra 200 metros con una marca inferior a la que lograría en el Estadio Nacional sin esfuerzo, o que Karen Gallardo lance ocho metros menos que sus registros habituales, o que Edward Araya quede eliminado una vez más de los 50 kilómetros marcha por cometer faltas (tal como le pasó en Londres 2012, Río 2016 y en el Campeonato Mundial de Moscú 2013).

Insisto, aquí no se piden medallas ni siquiera pasar una ronda eliminatoria, pero al menos superar o igualar los registros. Miren Argentina: Belén Casetta se metió en la final de los 3.000 metros con obstáculos y batió dos veces la marca sudamericana, Guillermo Ruggeri fue finalista de los 400 vallas con récord argentino y hasta Leandro París, que fue penúltimo en su serie de 800 planos, hizo su mejor marca personal. Sigamos, la paraguaya Carmen Patricia Martínez fue última en los 10.000 planos, pero con récord nacional, la colombiana Muriel Coneo hizo récord nacional en los 5.000 metros a pesar de no clasificar a la final y en los 1.500 metros fue eliminada en semifinales, pero con su mejor registro de la temporada. En el maratón el uruguayo Zamora fue vigésimo con su mejor marca personal y el paraguayo Derlis Araya entró 26º anotando su mejor crono del 2017.

Ni detenernos en Robelys Peinado (récord venezolano para ser bronce en garrocha) o Rosángela Santos (finalista en 100 metros planos con récord sudamericano). Menos con las triplistas Yulimar Rojas y Caterine Ibargüen, oro y plata respectivamente, o los marchistas Eder Arévalo (Colombia) y Caio Bofim (Brasil), oro y bronce en los 20 kilómetros con récords nacionales. Están en otra categoría, no aspiramos a tanto.

Es decir, como queda bien fundamentado, nuestros vecinos y rivales habituales, demuestran que se puede ir, competir y superarse. Y con menos plata de lo que se gasta en Chile en la mayoría de los casos. No sacamos nada con llenar este país de pistas sintéticas si no hay vocación e inteligencia para usarlas. Estos es un campeonato mundial de atletismo, no de disculpas manoseadas. Entendámoslo de una vez.

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