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Actualizado el 14/09/2017
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Iglesia y Estado

SEÑOR DIRECTOR

Comparto plenamente los sentimientos del Pastor Rodolfo Olivera Obermüller en su carta “Iglesia y Estado”. Sin embargo, me sorprende que hable de “la separación entre Iglesia y Estado en la Reforma”. Por lo que sé, la Reforma se caracterizó más bien por la total subordinación del Estado a la Iglesia (en la Ginebra de Calvino) o de la Iglesia al Estado (en la Inglaterra de Enrique VIII). En el Imperio Alemán, donde se inició la Reforma, acabó prevaleciendo el principio “cuius regio eius religio”, vale decir, la religión del príncipe es la religión de todos (así, en Sajonia, el luteranismo patrocinado por el príncipe elector Johann Friedrich I, protector de Lutero; en Austria, el catolicismo profesado por los Habsburgos). El primer país cristiano sin una Iglesia oficial fue EE.UU., cuya Constitución -obra de una elite ilustrada, mayormente deísta y organizada en logias masónicas- no permite al Congreso legislar sobre el establecimiento de una religión ni prohibir el libre ejercicio de cualquiera.

Roberto Torretti

Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales

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