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Actualizado el 24/12/2017
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Jorge Burgos: “A veces he pensado en renunciar a la DC”

Autor: María José O'Shea

Cómo será la incomodidad del ex ministro de Bachelet, que no votó en la segunda vuelta presidencial. Cuestiona a la DC por tambalear en la “base ética” y llama a no acomplejarse por seguir un camino propio.

Jorge Burgos: “A veces he pensado en renunciar a la DC”

Jorge Burgos, ex ministro del Interior de Michelle Bachelet, ex subsecretario de los gobiernos de Ricardo Lagos y Eduardo Frei, ex diputado de la DC, no votó en la segunda vuelta presidencial que dio el triunfo a Sebastián Piñera.

“Tomé la decisión personalísima de no votar, pues ninguna de las alternativas me convocaba. Esa decisión me permitió compartir unos días con parte de mi familia que vive afuera”, cuenta desde Europa, donde respondió vía correo electrónico. Una decisión que no fue fácil y que a todas luces simboliza el estado anímico de un grupo de dirigentes políticos fervientes defensores de la Concertación y poco amigos de la Nueva Mayoría.

-El triunfo de Sebastián Piñera no me sorprendió, pero sí los nueve puntos de diferencia, lo que seguramente superó las expectativas más optimistas de su propio comando. Se trata de un triunfo categórico, y más vale no buscarle la quinta pata al gato sobre lo que representa, como afirmar que los perdedores obtuvieron una “victoria estratégica”, o que la derrota fue “solo electoral” y no en el plano de las ideas. Es mejor enfrentar los hechos tal como son. Hubo una decisión ciudadana categórica a favor del cambio y en contra del continuismo, y eso tiene un significado político insoslayable. Algunos expertos o pseudoexpertos electorales aseguraban que si votaba más gente, ganaría Guillier. No fue así. Votaron más de siete millones de personas, y Piñera obtuvo el 54,57% de la votación. Eso es revelador de un cierto sentir extendido en la sociedad. Creo que los electores vieron mejor representados por Piñera ciertos elementos que consideraban prioritarios, como la gobernabilidad y la reactivación económica, y con toda razón.

Una de las interpretaciones es que mucha gente de la DC tiene que haber votado por Piñera. ¿Lo cree así?

Un respaldo tan amplio como el obtenido por Piñera no se entiende sin la capacidad de su candidatura para trascender las barreras partidarias. Esa es una prueba de fuego de la eficacia política. A la hora de votar, por lo demás, valen poco las instrucciones de partido. Los ciudadanos se sienten cada día más libres para tomar sus propias decisiones, sobre la base de la información que tienen y de lo que consideran que está en juego. Esto quiere decir que no solo un segmento importante de quienes votaron por Carolina Goic optó por Piñera, sino que lo hicieron también muchos votantes de Beatriz Sánchez y los demás competidores de la primera vuelta. Pero es evidente que Piñera recibió, además, el apoyo de mucha gente que votó únicamente en la segunda vuelta.

¿Cómo avizora el nuevo gobierno? ¿Ve a gente de la DC uniéndose?

Yo deseo que al nuevo gobierno le vaya bien. Valoro los primeros pronunciamientos del presidente electo en cuanto a que su gobierno procurará dialogar con todos los sectores y buscará amplios acuerdos en el Congreso. Eso es positivo para el país. Viví el día de la segunda vuelta desde afuera y me sentí muy orgulloso de los hábitos republicanos del país. Tenemos que proteger ese patrimonio de civismo. Dicho esto, creo que el lugar de la DC en los próximos años es estar en la oposición, pero ciertamente en una actitud que ponga en primer lugar el interés nacional. Debemos cooperar con el nuevo gobierno en todas las iniciativas que a nuestro juicio sean beneficiosas para Chile. Creo que la DC debe levantar también sus propias propuestas en todas las áreas. A mi juicio, el gobierno tiene que atender necesidades sociales urgentes, y una de ellas es la situación de las miles de familias que siguen en campamentos, muy olvidados en esta campaña.

Mariana Aylwin dijo que se siente más interpretada por la propuesta de Chile Vamos que de la Nueva Mayoría.

Me parece honesta y con un grado importante de valentía. Yo, en lo personal, estimo que es el camino más comunitario.

¿La ve en el gobierno de Piñera?

No sé, desconozco qué tipo de gabinete formará Sebastián Piñera.

Al interior de la DC se vivió una clara diferenciación a partir de la candidatura de Goic. Ud., por ejemplo, resintió que un grupo grande no se cuadró con esa candidatura, y después estaban con Guillier.

En mi partido han pasado muchas cosas que no me gustan, y que probablemente tampoco les gustan a los ciudadanos comunes. Son los vicios de una política hecha a veces exclusivamente en función de las agendas personales. Efectivamente, hubo parlamentarios que no apoyaron a Carolina Goic y prefirieron congraciarse con Guillier desde la primera vuelta. Y eso no obedecía a razones respetables, sino al puro cálculo de conveniencias. No tengo ninguna duda de que la DC actuó acertadamente al levantar la candidatura de Carolina, porque en ello se jugaba su respetabilidad como fuerza independiente. Su campaña fue el comienzo del esfuerzo para que la DC recupere la autoestima y se libere de los condicionamientos ajenos.

¿Ha pensado en renunciar a la DC? ¿Cómo ve el futuro político del partido, que además quedó muy reducido en la Cámara?

A veces lo he pensado, porque ha habido momentos en que no me he sentido cómodo debido al deterioro de la convivencia partidaria. La DC siempre ha sido un partido en el que han podido expresarse diversas sensibilidades, pero resguardando la fraternidad. Nuestros dirigentes históricos eran personas que defendían con pasión sus puntos de vista y polemizaban duramente, pero cuidaban el patrimonio común, en primer término, la base ética que sostenía al partido. Eso se ha debilitado gravemente. Tenemos que reflexionar sobre lo que queremos representar; no podemos ser el furgón de cola de nadie.

¿Cuáles son los errores de la DC que más le pesan?

Entre los errores del último tiempo ha estado decir, en tono de explicación, que no somos partidarios del camino propio. Eso es incomprensible para mucha gente, que puede preguntarse qué clase de partido es este que renuncia a su autonomía. Se trata de formulaciones confusas que han desdibujado nuestra fisonomía. Nuestro camino solo podemos trazarlo nosotros; sería inconcebible que fuera de otro modo. Distinto sería creer equivocadamente que no necesitamos entendernos con otros sectores. La recuperación de la democracia y la Concertación fueron posibles porque colaboramos fructíferamente con otras fuerzas. Pero lo hicimos a partir de nuestra identidad, de los valores que nos inspiran. Por eso, creo firmemente en la posibilidad de reconstruir, aunque sea un camino largo, un entendimiento entre el mundo socialdemócrata y socialcristiano. Ahí, en buena parte, estuvo el éxito de la Concertación, que hoy se agranda frente al fracaso de la Nueva Mayoría.

¿Qué cree que va a pasar con la Nueva Mayoría? ¿Se mantendrá allí la DC?

La Nueva Mayoría se acaba en marzo junto con el gobierno de la Presidenta Bachelet. En la práctica, ya no existe, y no tiene mucho sentido negar ese hecho. Esta coalición no fue una buena experiencia para la DC, y ello se debió a que era un acuerdo sobre bases equívocas. Yo me siento orgulloso del papel que los democratacristianos jugamos durante los 20 años de la Concertación, que hicieron progresar a Chile hasta ponerlo en el primer lugar de América Latina. Pero en la Nueva Mayoría había quienes estaban empeñados en demostrar que la historia había sido otra y que los concertacionistas poco menos que deberíamos avergonzarnos y hasta pedir excusas por lo hecho. Eran los que proponían casi la refundación de Chile. Se demostró que eso era ideologismo puro e incapacidad para reconocer el país que la centroizquierda hizo avanzar.

¿Seguirá en una coalición con el PC o ve posible que ellos se pasen al Frente Amplio?

Creo que no deben aliarse para gobernar quienes piensan muy distinto sobre asuntos esenciales, y ese fue el caso de la DC y el PC. Representamos visiones no solo distintas, sino incluso contrapuestas sobre muchas cosas. Y la primera obligación es tratar de ser coherentes. No sé si el PC se irá con el Frente Amplio, pero eso no es algo que pueda influir en nuestras propias definiciones.

Lo que es lamentable es el quiebre de la constructiva relación que la DC desarrolló con el PS por más de 25 años, que se forjó en la lucha contra la dictadura y fue crucial para que la Concertación se convirtiera en la alianza más exitosa en la historia de Chile. Espero que haya esfuerzos de lado y lado para restablecer esa relación. Creo que José Miguel Insulza, cuya elección como senador he celebrado, puede contribuir a ello.

Usted fue ministro del Interior de Michelle Bachelet. Ella se vio muy desencajada con el triunfo de Piñera. ¿Qué lectura hace de lo ocurrido con el proyecto Bachelet?

Tengo aprecio y respeto por la Presidenta Bachelet. Ella me honró al designarme ministro de Defensa y luego ministro del Interior. Colaboré lealmente con su gobierno. Es todo lo que puedo decir.

¿Cuál es el desafío de su partido para el período que viene?

Yo espero que la DC sea capaz de analizar autocríticamente la experiencia de los últimos años. Debe hacerlo sin escabullir el bulto, porque ese es el único modo de sacar alguna enseñanza de los errores. ¿Qué habría pasado si hubiéramos apoyado a la Presidenta Bachelet con independencia, sin integrar la NM? Era perfectamente factible, pero nos presionó el sistema binominal y el riesgo de quedar aislados, y aceptamos una asociación en la que nunca estuvimos cómodos. Quizás intimidados por las consignas, fuimos débiles para defender con energía nuestra razón de ser como fuerza democrática y reformadora, partidaria de los cambios graduales, comprometida con una vía del progreso que debe articular la iniciativa privada y las políticas públicas de inclusión. Uno de los últimos errores fue integrar una lista parlamentaria con dos pequeños grupos de izquierda con los que no teníamos ninguna cercanía. No son detalles. Es un modo de actuar que ha dañado nuestra identidad. Yo quiero que la DC no solo recupere votos, sino autoridad. No puede ser un partido cobijado en el aparato del Estado y que se conforma con hacer política basada en el clientelismo de los parlamentarios. Quiero que el partido sea atractivo para muchos jóvenes que quieren aportar a la construcción de una sociedad más justa, que valoran la democracia representativa y rechazan el populismo. Chile debe reemprender la marcha hacia el desarrollo, y eso requiere políticas públicas de calidad que cuenten con amplio respaldo. Yo espero que mi partido esté a la altura de los nuevos desafíos. Para ello, tiene que recuperar su propia voz, solo así habrá futuro.

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