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Actualizado el 11/11/2017
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Jorge Tacla recorre 35 años de trayectoria en CorpArtes

Autor: Francisca Gabler

Bajo la curaduría de Christian Viveros-Fauné, desde el 22 de noviembre el pintor chileno presenta Todo lo sólido se desvanece, una retrospectiva que da cuenta de su obra que aborda la violencia humana y ciudades en destrucción.

Jorge Tacla recorre 35 años de trayectoria en CorpArtes
Señal de abandono 20 (2017), una de las dos nuevas obras que el artista presenta en la muestra retrospectiva. Foto: Ari Maldonado

“Jorge Tacla es barbárico. Es un terrorista del arte”. Así comenzaba un texto del curador Christian Viveros-Fauné, publicado a fines del año pasado en Señal de abandono (Ediciones Metales Pesados), un libro que reúne parte importante de la obra del pintor junto a escritos de críticos nacionales y extranjeros. La cita define bien al chileno que lleva más de una década trabajando en torno a temas que aluden a la ruptura social, la violencia de la guerra y la devastación de ciudades.

Radicado desde 1981 en Nueva York, los conflictos, en efecto, han marcado la carrera del artista nacido en Santiago en 1958. Primero fue la dictadura, mientras estudiaba Arte en la Universidad de Chile -donde compartió aula con artistas como Samy Benmayor e Ismael Frigerio-, y luego fue en Estados Unidos, donde tampoco escapó a las tensiones sociales. “Todo el trabajo que me ha tocado realizar en los últimos 35 años tiene que ver con que lo hago desde ese lugar”, explica Tacla. “Es una sociedad que es de todos: el problema tuyo es un problema mío, y mi trabajo siempre va en ese sentido de lo personal a lo global”, agrega.

Viveros-Fauné concuerda y dirigiéndose al artista, dice: “Cuando llegaste a Nueva York, la ciudad no era ninguna utopía: todavía era un lugar duro, con un alto índice de criminalidad y el conflicto estaba en la calle”. Y agrega: “Lo cierto es que ser inmigrante te da la oportunidad de ver desde la perspectiva del otro, cosa muy importante en un artista para posicionarse frente a una obra”.

Es jueves por la mañana, y ambos están sentados en una sala de CorpArtes, donde actualmente se monta Todo lo sólido se desvanece, una exposición retrospectiva del artista chileno que reúne 31 pinturas realizadas desde 1988 hasta hoy, además de una gran mesa de trabajo con notas, dibujos, recortes de periódicos, fotografías y cuadernos del artista que intentan explicar parte de su proceso creativo.

La invitación la recibió Tacla hace más de un año, y desde entonces los dos -desde sus casas en Nueva York- han trabajado en la preparación de la muestra que lleva por título un fragmento de la famosa frase del Manifiesto comunista de Karl Marx: “Todo lo sólido se desvanece en el aire; todo lo sagrado es profanado (..)”: una referencia literal a la destrucción física de los edificios comúnmente captados por la mano del chileno, así como también al mundo simbólico de su obra, donde cualquier tipo de estructura -cultural, social, religiosa o política- es susceptible de desaparecer.

Viveros-Fauné, curador de la muestra, aclara: “Acordemos que los temas de Tacla son siempre globales. Es decir, en su obra sí está Chile pero también están Haití, Siria, Oklahoma, Estados Unidos, y están representados los dos 11 de septiembre que ambos tuvimos la mala suerte de vivir”. Agrega: “Eso hace que nuestra relación sea de un entendimiento mutuo”.

Del cuerpo a la arquitectura

No siempre la obra de Tacla giró sobre los edificios y ciudades en ruinas que hoy son el sello de su obra. “Durante los años 80 trabajé mucho el cuerpo, hice una representación muy narrativa de la figura humana que se ubicaba casi como un símbolo”, explica.

El cambio vino en 1988 cuando ganó la Beca Guggenheim, y comenzó a cuestionarse su lenguaje pictórico. Se volcó entonces a trabajar representaciones en blanco y negro. “Todo mi trabajo comenzó a representarse en un negativo fotográfico, como una radiografía. No hacía distinción de colores ni de materialidad, entonces no había posibilidad de juzgar las cosas”, cuenta.

No pasó mucho tiempo hasta que se fijó en la construcción, ”en los lugares que nos albergan, y que son generalmente institucionales. La fachada es una cosa, pero lo que está adentro se maneja de otra manera”, aclara el artista, que en sus obras suele representar edificaciones que no están destruidas, sino que parecen sólidas. “Lo que hago es debilitar el adentro y el afuera, sin diferencia… Muchos de esos lugares se podría decir que son los propulsores de la destrucción”.

La exposición incluye dos nuevas obras realizadas especialmente para la muestra y la publicación de un catálogo con textos de la escritora chilena Diamela Eltit, una entrevista del crítico británico Lawrence Weschler, y un ensayo de Viveros-Fauné, que concluye comentándole a Tacla: “Siempre pensé en tu obra hablando desde lo global, pero tiene ciertos temas particulares: las edificaciones a veces son tan específicas que se reconocen a primera vista, sin tener que leer la cédula, es decir, existe un discurso que no tiene nacionalidad. Son imágenes que necesitan ser rescatadas de la realidad”.

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