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Actualizado el 11/08/2017
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Jorge Volpi, escritor mexicano: “Soy, sobre todo, un músico y un científico frustrado”

Autor: Patricio Tapia

El autor de En busca de Klingsor es, desde hace unos meses, el director de Difusión Cultural en la UNAM. La semana pasada estuvo en Chile como jurado del premio Manuel Rojas. Sus libros más recientes son ensayos que se ocupan de la muerte de su padre y de Donald Trump.

Jorge Volpi, escritor mexicano: “Soy, sobre todo, un músico y un científico frustrado”

Científicos nazis y antinazis, sicólogos, mujeres explotadas; 1968 en París y en México, el derrumbe del régimen soviético o la crisis económica de 2008. Personajes y escenarios como esos han desfilado por las novelas de Jorge Volpi (México, 1968), de manera que si algo hay que reconocerle es que no se intimida ante los grandes temas y episodios para enfocarlos en sus libros.

En su novela más conocida, la que le granjeó un reconocimiento mayor, En busca de Klingsor (1999), un joven físico y soldado estadounidense busca al asesor científico de Hitler: con ella inauguraba una Trilogía del siglo XX, junto a El fin de la locura (2004) y No será la Tierra (2006). En su última novela, Las elegidas (2016), escrita en verso, aparecen ciertas redes criminales mexicanas, centradas en la explotación sexual femenina, pero también unidas a las drogas.

Sus libros más recientes, sin embargo, se han decantado por el ensayo, o algo así. Uno a raíz de la muerte de su padre, un destacado cirujano. El otro es contra Donald Trump.

El padre de Jorge Volpi murió en 2014. El mismo año en el mundo de la cultura mexicana hubo muertes de la generación de los “padres” y de los “abuelos” de Volpi: José Emilio Pacheco y Luis Villoro, por ejemplo. “Pues sí, sin duda, fue un mal año”, dice. Poco después hubo muertes incluso de “hermanos”, en 2016 murió el escritor Ignacio Padilla (autor de Amphitryon), con quien integró la Generación del crack: “Para mí, fue un año aún peor. Murió Nacho y también otro gran amigo, que entonces además era mi jefe, el ministro de Cultura Rafael Tovar y de Teresa”, señala. “Nacho fue como un hermano y, a diferencia de lo que pasó con mi padre, él tenía mil proyectos y cosas qué hacer, pero así es la muerte de despiadada”, agrega.

Entre tantos hechos que lamentar, el ensayo Examen de mi padre fue la forma de llevar el duelo por la muerte del suyo.

¿El libro tuvo efectos terapéuticos?

No sé si terapéuticos, pero sí me obligó a pensar un año entero, todos los días, en él, en su relación conmigo… y, si no descubrí nada excepcional, me permitió tener un panorama de conjunto de mi padre, o de esa imagen de mi padre que conservo.

En el libro plantea una especie de reflejo entre el declive físico de su padre y la crisis del país.

Yo volví a México en 2006 luego de ocho años fuera: justo en ese momento empezó el declive físico de mi padre, derivado sobre todo de su depresión y, en México, la guerra contra el narco y sus 100 mil muertos. Me pareció imposible no hacer una metáfora entre las dos debacles.

¿Es el narcotráfico y la “guerra” en su contra el problema más grave en México?

Es, sí, el problema más grave, pero derivado de otros que la provocan: la enorme inequidad, la falta de justicia, la corrupción endémica…

¿Cómo surge la idea de analizar distintas partes del cuerpo humano y del cuerpo civil?

De pronto supe que el libro sobre mi padre sería sobre el cuerpo: los cuerpos que él, como médico, operaba. Y en un libro sobre el cuerpo no podía escapar el cuerpo social. Sobre todo México, donde tenemos tantos cuerpos sin historia (los cadáveres encontrados en un sinfín de fosas) o historias sin cuerpo (los miles de desaparecidos, empezando por los jóvenes de Ayotzinapa).

En el capítulo sobre el oído, habla de una vocación musical frustrada. ¿Se hizo escritor para mitigarlo?

Soy, sobre todo, un músico y un científico frustrado. Me defino por lo que no soy. Y, por supuesto, la literatura es la única que puede paliar un poco estas frustraciones convirtiéndome, por momentos, en director de orquesta, en físico o en neurocientífico.

¿La literatura ha de huir de lo panfletario?

La literatura de ficción, sí: si uno tiene una idea preconcebida de lo que quiere decir con una novela o un cuento lo más probable es que ésta resulte sólo la ilustración de una idea. La ficción aspira, más bien, a reflejar la complejidad de lo humano, con ideas contradictorias en juego…

Pero no se ha privado de escribir algún panfleto, por ejemplo contra Donald Trump…

Los panfletos tienen otro objetivo: señalar, aquí sí desde el inicio, un peligro o defender una causa. Contra Trump, que reúne mis columnas sobre (y contra) este personaje, busca eso: mantenernos alerta y no olvidar que Trump es una amenaza no sólo para México, sino para los valores centrales de nuestra civilización.

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