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Actualizado el 17/07/2017
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Juventud, divino tesoro

Autor: Marcelo Simonetti

Con los años, la mirada sobre la juventud ofrece dos caminos posibles. El primero: convencerse de que se trata de una época de la vida que, a consecuencia del lirismo y la desmemoria -no todo es miel sobre hojuelas en la juventud-, está absolutamente sobrevalorada. El segundo: saber que fue la mejor época de nuestras vidas y que, por más que vayamos al gimnasio religiosamente y nos compremos ropa en la tienda de moda de turno, nunca va a volver, cuando menos no de la misma forma.

Convengamos que habrá partidarios de una y otra idea, y que puestos a discutir sobre el particular difícilmente llegarán a puerto. Sin embargo, hay un punto sobre el cual es muy probable que haya consenso: la juventud es esa parte de la vida en la que todas las puertas están abiertas para convertirte en lo que quieras (sobra decir que con el correr de los años esas mismas puertas se irán cerrando).

Escribo esto pensando en dos casos muy puntuales: el del golfista Joaquín Niemann y el del atleta Claudio Romero, ambos de solo 18 años.

Niemann hizo noticia hace una semana, luego de una brillante participación en su primer torneo PGA -The Greenbrier Classic-, en el que finalizó entre los 30 mejores. Niemann no es profesional, sino un golfista amateur. No cualquiera, claro: es el mejor del mundo. Pero entre el amateurismo y el profesionalismo hay una abismo de diferencia. Y bueno, Niemann hizo su aparición en el circuito profesional como si fuera uno más. Un paso gigante dentro de la carrera de este adolescente que el año pasado se coronó campeón mundial de golf juvenil.

Romero acaba de realizar una actuación histórica. El sábado consiguió una medalla de oro en el Mundial de Atletismo Sub-18 que se desarrolla en Nairobi, Kenia. Lanzador de disco, Romero hizo flamear la bandera chilena en un deporte donde rara vez ocurre -Chile solo había conseguido antes una medalla de oro en mundiales juveniles de atletismo: la que obtuvo Natalia Duco, en Polonia, 2008-.

Tanto Niemann como Romero tienen la vida por delante, pero ya han conseguido escalar hasta una posición de privilegio en el concierto mundial. Con todas las posibilidades en sus manos, ¿por qué no pensar que las carreras de uno y otro pueden llevarlos a convertirse en los mejores del mundo, ya sea en el plano profesional, en el caso de Niemann; ya sea en el nivel adulto, en lo que toca a Romero?

No hay que olvidar que con 18 años Marcelo Ríos se convirtió en el mejor del mundo en la categoría juvenil, en una temporada en la que ganó todo o prácticamente todo -entre otras cosas, el US Open y el Abierto de Japón-. Y que el corazón de la Generación Dorada -Vidal, Sánchez, Medel e Isla- conseguía, con poco más de 18 años, una actuación histórica en el Mundial Sub-20 en Canadá: medalla de bronce.

Niemann y Romero, con esa juventud que les desborda, tienen todo para convertirse en leyenda. Ojalá no desperdicien lo que ya han conseguido, ojalá que el Estado también haga lo suyo, ojalá que no se queden en ese rótulo que a veces tanto les pesa a nuestros deportistas: el de promesas eternas.

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