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Actualizado el 24/12/2017
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La cena navideña más triste de los venezolanos

Autor: María Paz Salas

Este año, las cenas navideñas estarán sólo al alcance de algunos privilegiados en el país liderado por Nicolás Maduro. Tres venezolanos cuentan a La Tercera cómo celebrarán las fiestas en momentos en que la escasez y la crisis económica han obligado a las familias a dejar de lado tradiciones, como las hallacas y los regalos.

La cena navideña más triste de los venezolanos
Voluntarios del evento “Santa en las calles”, en la zona popular de Petare, el 10 de diciembre en Caracas.

“Mejor tener un poquito de comida que un regalo”

Como la mayoría de los venezolanos, Glory Tovar solía cocinar hallacas -masa de harina de maíz rellena con un guiso de distintos tipos de carnes- para celebrar la Navidad.

También invertía en los llamados “estrenos” para sus hijos: ropa nueva para lucir en las festividades de fin de año. Cuando todos sus hijos estaban vivos (perdió a dos a manos de la policía en 2016) pintaban la casa y decoraban la mesa con manzanas, uvas y mandarinas. “Poníamos de todo un poquito”, cuenta Tovar desde un hospital clínico en Caracas. Hace años que la situación ha ido cambiando por el incremento de la escasez de alimentos y la inflación. Pero en 2017 la Navidad ha sido especialmente oscura. “Aquí la cosa está súper ruda. Los estrenos de los niños y los regalos no van. Quedamos en que mejor es priorizar la comida”, explica Tovar, que cuenta que cocinará bollos con ensalada. “Mejor tener un poquito de comida que un regalo”, comenta. La ciudad también ha cambiado bastante. “Antes uno se asomaba y veía las calles en la noche y veía todas las lucecitas con los arbolitos con las cosas. Hoy en día son raras las casas que se ven con adornos”, explica la mujer de 50 años.

 

“Hay que elegir entre una cena o un regalo para los nietos”

“Es como que ustedes estén acostumbrados a tomar el té y los obliguen a tomar limonada. Es doloroso y causa impotencia no poder hacer nada”, relata Antonio, un venezolano de 48 años que trabaja custodiando un estudio de abogados y manejando un taxi en sus horarios libres. A pesar de tener dos trabajos “no alcanza”, asegura. “Antes, por tradición, el día 24 se hacía una cena en familia. Había pan de jamón, hallacas, pernil de cerdo, ensalada de gallina. Y para los niños un regalo, que significaba el premio del niño Dios por haberse portado bien durante el año”, cuenta. Pero ya no se puede hacer todo, explica. “Aunque estoy trabajando de día y de noche para tratar de lograr una de las dos. O media cena o un regalo para los nietos”, detalla. Cuando Antonio trabaja de taxista, gana unos 200.000 bolívares diarios. Eso sí, la mitad se la tiene que entregar a un amigo que es el dueño del auto que maneja. El suyo, que está averiado, se encuentra botado en su casa por el alto costo de los repuestos. En comida, explica, se gasta diariamente el mismo valor que consigue con un día de trabajo. “Es difícil vivir así en Venezuela. A diario suben todo”, comenta.

 

“La gente espera toda la noche para obtener harina pan”

Carmen tiene 36 años y es contadora público en Ureña, en el estado de Táchira. La situación en esta zona fronteriza “está bastante difícil”, comenta. “No pude ni siquiera comprar un par de zapatos para mi hija. Este año no hay estrenos, ni nada. Toca la mejor ropa que hay guardada”, detalle. En cuanto a la comida, la situación es peor. En esta zona, un kilo de carne no baja de los 200.000 bolívares y el de pollo, a 256.000 bolívares. “Se podrá dar cuenta lo difícil que es hacer una hallaca cuando uno estaba acostumbrado a comprar hallacas, pernil, pan de jamón. Eso no se va a poder”, cuenta. La harina pan, con la que se cocinan las arepas, escasea. “La gente espera toda la noche para obtenerla. El resto toca comprarlo al otro lado, en Colombia. La gente que tiene dinero lo puede comprar con facilidad, pero para la gente que vive de un sueldo mínimo, queda un poquito difícil porque el cambio no favorece”, se queja. No es la única de su familia que tendrá que optar por una cena navideña atípica. Su hermano, que vive en Valencia, en el centro, le cuenta que en ese lugar el kilo de carne está llegando al millón de bolívares y el azúcar, a 180.000 bolívares.

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