La Tercera

La cocina de Navarro

Son las 10 de la mañana en una cocina de calle Alfredo Rosende, en Recoleta. Dentro el senador Alejandro Navarro, enfundado en un delantal de cocina con un 8 -su número en la papeleta- bordado a la rápida, hace panqueques con manjar.

La cocina es de Lidia Brain, la madre del parlamentario, quien prestó el lugar para grabar un programa de Vía X —Con las manos en la masa— en el que Navarro habla de que Bachelet es una chef a la que no le dieron los productos necesarios para poder hacer su plato, del comensal Guillier, de lo bien que le cae el ingrediente Beatriz Sánchez y de lo “denso” del plato ME-O. No usa la clave gastronómica cuando recuerda y se ríe del momento que le tiró monedas a Sebastián Piñera durante el debate de la ARCHI. “Ese episodio representa lo que Aristóteles llama la justa indignación frente a la injusticia y frente a quien se burla del sistema. Los multimillonarios no debieran ser financiados por el Estado para cubrir sus gastos electorales”, dice después y explica que él considera que fue un hito de su campaña. “En Antofagasta y Magallanes se acercan y me regalan monedas. He intentado devolverlas y se han negado rotundamente. Un tazón de monedas debo tener ya de gente muy, muy humilde”.

A sus espaldas, el refrigerador de doña Lidia está plagado de magnetos de las distintas aventuras políticas en que se viene embarcando su hijo desde los 80, como si Navarro fuera un destino turístico. El candidato, que estudió pedagogía en filosofía y lleva 23 años en el Congreso, cuenta que en su vida ha ejercido 37 oficios distintos tales como ayudante de taller de joyería, limpiador de vidrios en altura o jefe de obras en empresas constructoras. No parece que el de cocinero haya estado entre ellos.

“No, no quedó bien”, se lamenta después de tratar de dar vuelta un panqueque sobre el sartén. No le va mejor en los siguientes intentos, pero no importa porque fuera de pantalla ya hay algunos perfectamente hechos. La magia de la televisión. Esos son los que rellena mientras habla mirando a la cámara: “Este manjar es la participación ciudadana, el relleno dulce”.

El programa se acaba y viene lo realmente bueno: comerse los panqueques con miembros del club de la tercera edad Las Violetas, el de su mamá. Para eso han montado un desayuno en el living de la casa en la que las paredes están adornadas con fotos familiares y del candidato con Hugo Chávez y Ricardo Lagos. Empiezan a llegar las invitadas, pero hay un problema: los asesores no encuentran a la señora Lidia. Salió y no contesta el celular.

Dentro las ocho candidaturas ésta es una de las más pobres. “Hasta el día de hoy BancoEstado ha postergado la autorización de un crédito. Habíamos solicitado 250 millones de pesos”, se queja Navarro y dice que su caso refleja el fracaso del nuevo sistema de financiamiento electoral. “He tenido que retirar mis fondos de APV, 57 millones, y el equipo de País tuvo que endeudarse de manera personal”, cuenta en referencia al partido que fundó para competir en estas elecciones, aunque a veces se confunde y le dice MAS, que es como se llama la tienda política que dejó para crear la nueva.

Navarro pidió el monto bajo la premisa de que conseguirá entre un 8 y 10 por ciento de los votos el domingo 19 de noviembre. Optimista, considerando que las últimas encuestas CEP y Cadem le dan un 0,5 por ciento de las preferencias presidenciales entre los votantes probables. “Los bancos han sido mal influenciados por las encuestas. Éstas requieren la prueba de la transparencia y ninguna la pasa. Una encuesta que se hace semanalmente con cero metodología y otra hecha por los empresarios no puede determinar lo que los bancos al final le prestan a los candidatos”.

Vuelve la señora Lidia, que había ido a invitar a las vecinas, quienes llegan y saludan a “Janito” con familiaridad. Esta es “la primera vez que me reúno con un club de la tercera edad en la Región Metropolitana”, dice muy solemne el candidato. Pero como no caben todos, hay que improvisar otra mesa plegable. Sentado a la cabecera, Navarro recuerda que nació en esa casa. Habla del pasado, de su pasado: del equipo de fútbol del barrio -el Tricolor-, de los sauces y los vecinos que tenían una vaca. Llegan más abuelos que obligan a hacer nuevas ampliaciones de la mesa.

El candidato anuncia que su primera medida será crear el ministerio del adulto mayor y tiene buena recepción. Promete poner fin a las AFP y promover un sistema de salud con más médicos especialistas. Remata contando que cuando sea presidente las llevará a la residencia Cerro Castillo. “A Viña del Mar”, enfatiza.

Don Manuel, un almacenero de calle Salzburgo, toma la palabra y pregunta por qué están dejando entrar tantos extranjeros al país. Dice que bajan los sueldos de los chilenos, que no pagan impuestos y que, incluso, los bancos les ofrecen mejores tasas. Navarro ensaya una respuesta, pero se ve sobrepasado por el enojo del comerciante, se rinde y cambia de tema con una nueva propuesta: crear familias de acogida para superar los problemas del Sename. Agrega que funcionarían para menores de 12 años, que los mayores ya son más difíciles de reinsertar. “¡Deberían mandarlos al paredón!”, opina otra anciana, lo bastante alto como para entusiasmar a don Manuel, quien se reincorpora y propone que en vez de ayudar a los extranjeros se destine ese dinero en pagar más carabineros.
Navarro mira resignado y empieza a cerrar la velada.