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Actualizado el 16/05/2017
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La columna de Rodrigo Sepúlveda: Hoyos ya ganó su copa

En el discurso de los grandes entrenadores habitualmente está el propósito de elevar a una categoría superior a sus futbolistas. Guardiola, Ancelotti, Conte, Bielsa lo vociferan sin pavor. En cambio, estos grandiosos técnicos, casi en coro minimizan su rol. Se empequeñecen religiosamente. Varios enarbolan la bandera de la trascendencia del deportista y muchos de ellos esconden su propia cabeza bajo tierra para evitar adueñarse del aplauso. Algunos lo hacen por modestia y otros porque ésa es su real creencia.

En nuestra aldea esa pregunta que busca develar quién es más importante, el técnico o los jugadores, es un aliño permanente. Es una discusión añeja. Se engendran centenares de encuestas en nuestro país para saber quién ha sido el mejor profesor de la historia. Después de cada partido de la selección aparece el debate sobre la importancia de Riera, Bielsa, Sampaoli, Pizzi… Análisis basados en los títulos o en su legado. Si fuera por copas levantadas Bielsa no estaría en el grupo selecto y sería injusto. Lo que establezco es que a pesar de la postura radical que piensa que el futbolista es más primordial que el entrenador, mi visión es que este último, independiente de los jugadores que tenga, es la clave en el éxito del equipo. Es el cerebro.

A nivel de selección lo vimos con Bielsa, Sampaoli y Pizzi. Existen casos llamativos donde varios jugadores eran transparentes en sus clubes y en la selección brillaban. Su lineamiento, sus decisiones, su forma, su contenido, sus actitudes, su identidad de juego, sus cambios, su entrenamiento, su discurso, su trato, su ética, su convicción, son las competencias que construyen un liderazgo que termina siendo admirado, respetado y obedecido por los ejecutantes. El que define, el que crea, el que actúa en la cancha, es el deportista. De él nace la manera en cómo se interpreta la música del maestro.

La mirada corta pero precisa para este relato es Hoyos. Con Ángel Guillermo la U es otro equipo. Su relevancia es incuestionable. Sin trastornos, sin pelo largo y con el mismo plantel, hoy está peleando el título. Con él todos sus ejecutantes elevaron su nivel. Resucitaron. Jara y Beausejour ahora son los de la selección. Vilches está seguro. Matías Rodríguez vuela como en su primer paso en la U. Reyes luce como dueño del equipo. Espinoza volvió a sus raíces. Lorenzetti se desplaza con libertad absoluta. Mora se adueñó del 9. Benegas es solidaridad pura. Mérito de los protagonistas en creer. Pero el gran libretista de esta obra con los mismos ropajes fue Hoyos. Si la U hoy pelea una estrella es por su creador. Con o sin copa, Hoyos ya ganó su propio torneo.

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