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Actualizado el 20/03/2017
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La decadencia del imperio dorado

Autor: Matías Alarcón Laguna

Mañana se cumplirán cinco años del retiro de Fernando González; un año más tarde, Nicolás Massú daba el mismo paso. Se cerraba así la generación más brillante del tenis nacional, que era mirada con envidia desde otros países. Hoy, los expertos piden tiempo para quienes deben relevarlos y que no se caiga en la comparación inmediata.

La decadencia del imperio dorado
De la Peña, Massú, González y Ríos, luego de obtener la Copa del Mundo en Dusseldorf, el 24 de mayo de 2003.

21 de marzo de 2012, Masters 1000 de Miami. Fernando González ya había tomado la decisión del retiro. Si perdía, colgaba la raqueta. Y así fue. La doble falta ante el francés Nicolas Mahut acabó con su carrera y, de paso, aterrizó a un país que vivió un sueño gracias a una generación dorada compuesta por Marcelo Ríos, Nicolás Massú y el propio González. Años únicos e impensados, repletos de logros inéditos para una nación con escasa cultura deportiva. Un número uno del mundo, medallas olímpicas , finales de Grand Slam y títulos de Masters 1000. Pero de pronto, la fiesta se apagó.

¿Qué hizo Chile para tener tres jugadores con nivel élite? ¿Respondió a políticas de federación y Estado? ¿Quiénes vinieron después de la gloria? ¿Cómo era posible mantener el alto nivel? González, sus ex entrenadores, su biógrafo y el ex preparador físico de Marcelo Ríos, además de ex jugadores y el actual capitán de Copa Davis, analizan la contratapa de esa magnífica generación.

El milagro chileno

“Me preguntaban en el extranjero: ‘¿chileno, cómo lo hacen para tener tan buenos jugadores?’”. Las palabras son de Nelson Flores, biógrafo de Marcelo Ríos, quien vivió de cerca el recorrido del éxito tenístico. De pronto el país se encontraba en las portadas de los diarios más importantes del mundo y en una constelación donde nunca se mereció estar. “Me acuerdo de que se me acercó el director del diario L’Equipe y me dijo: ‘Yo vi mucho tenis en mi vida, pero jamás algo como Marcelo Ríos’. Me llamaban de todas partes para conocerlo”, añade.

Para González no existe duda: “Fue una coincidencia. Cuando sale un tenista, atrae a otros tenistas. En mi caso, lo mejor para mi carrera fue que existiera Nico Massú; y para la de él, que estuviera yo. Teníamos una gran competencia todo el tiempo y un gran nivel”.

José Santelices, ex vicepresidente de la Federación de Tenis de Chile, intentó encontrar un factor determinante para tal fenómeno, pero no lo había. “Simplemente fue un milagro que se hayan dado tres jugadores de esas características en una misma generación. Es una cuestión que probablemente nunca más se dará”, reflexiona.

En la misma vereda se para Horacio de la Peña, ex entrenador: “No es causalidad, sino que casualidad. No fueron producto del Estado ni de la federación, dicho por ellos mismos, sino que del esfuerzo de sus familias e inversiones”.

Paul Capdeville, ex tenista, asegura que “Chile tuvo mucha suerte, porque salieron jugadores sin ninguna estrategia ni planificación”.

En esa lucha constante del deportista chileno ante la adversidad está Nicolás Massú. “En nuestro caso fue de mucho esfuerzo familiar, porque cuesta bastante generar las facilidades. En ese momento la falta de apoyo no era sólo en Chile, sino que en Sudamérica, entonces se hizo todo más difícil. Yo no tuve las comodidades que tienen, por ejemplo, un australiano o un francés. Pero esa complejidad después uno la valora y en mi caso, me hizo más fuerte mentalmente”.

Martín Rodríguez, actual entrenador de Gonzalo Lama y Nicolás Jarry, tenistas de la nueva camada, va más allá: “los González, Massú y Ríos no se fabrican, nacen. En diferentes países hay muy buenas escuelas, donde siempre tienen buena cantidad de jugadores en el top 100-200 a punto de meterse, pero ellos simplemente nacen”.

Un aspecto clave para la continuidad de éxitos fue la gran contención que su equipo de trabajo les otorgó. Eduardo Infantino, ex técnico de Juan Martín del Potro, aseguraba que Chile no logró mantener el alto nivel porque se le entregó mayor atención al jugador y no a su staff. Manuel Astorga, preparador físico de Ríos durante 10 años, coincide: “Un deportista debe tener la materia prima y eso podemos tipificarlo como el talento, pero tiene que tener un equipo interdisciplinario detrás. Estoy convencido de que no basta el talento para desempeñarse en el alto rendimiento mundial. Los tres tuvieron muy buenos trabajos de equipo. Ellos sólo eran las caras visibles”.

Uno de las complejidades de tener jugadores excepcionales es mantenerlos. Capdeville lo analiza: “Es muy difícil, ya que siempre que se generan camadas tan buenas viene un vacío lógico”. El Bombardero matiza: “Es complicado, porque estamos bien lejos de la competencia y eso es clave para motivar a los más chicos y mantener un buen nivel. En otros países están viendo a los jugadores más top del mundo y eso es, obviamente, una ventaja. Además, aquí (en Sudamérica), tenemos pocos torneos”.

La doble falta de González puso el punto final. En un abrir y cerrar de ojos, todo quedó en recuerdos y el paso de la generación dorada se esfumó. La realidad llegó de golpe y comenzaba la reestructuración. ¿Y ahora, qué? ¿Vendrán los nuevos Ríos, González y Massú? Fueron las preguntas más repetidas. Y en esas interrogantes aparecieron Christian Garin, Gonzalo Lama y Nicolás Jarry con la tremenda mochila que, sin querer, recayó sobre ellos.

Una motivación olímpica

Mientras se conquistaban las medallas de Atenas 2004 y de Beijing 2008, tres niños vibraban viendo esas imágenes en televisión, sin pensar que serían los apuntados del tan bullado recambio. A los años siguientes de los retiros de Massú y González, Garin y luego Lama y Jarry comenzaron a dar qué hablar. Las comparaciones afloraron y la presión del medio comenzó a jugar en contra.

“Ríos, González y Massú dejaron una vara muy alta y una gran presión para los chicos que venían. Eso hizo que la prensa especializada hiciera lo siguiente: si uno jugaba bien, se parecía de inmediato a estos tres genios. Es difícil convivir con esa presión, lógicamente que les afectó”, asegura De la Peña.

Massú se para en la vereda de enfrente: “Deben tomarlo como una motivación, lo mismo que yo con Ríos. En su caso, mirarse y decirse a sí mismos que pueden lograr cosas grandes. Las comparaciones siempre estarán, pero eso debe hacerlos más fuerte. Nosotros ya pasamos y nuestro tiempo fue. Ellos deben hacer su propia historia”.

Algo parecido le ocurrió a Capdeville, quien teniendo al doble medallista olímpico y a El Bombardero, consiguió inspiración: “En mi caso generó una estructura de tener que esforzarme más, ser más eficiente en mi tenis. Si estaba 100-75 del mundo, no era suficiente”.

Las expectativas sobre la nueva generación no se han concretado y aparecieron las críticas. Flores intenta explicar el porqué se les exige tanto a la nueva camada: “El paladar de la gente cambió. Pasará lo mismo cuando no tengamos un futbolista chileno en un equipo europeo. Será dramático. Capdeville fue 70 y tiene fama de malo, pero hizo una tremenda carrera. Esta generación es buena. Para mí, Jarry será crack, no tengo dudas. Y Garin, si mejora sus emociones, también se meterá”. Massú agrega: “No hay que esperar que nazca una nueva generación como la que tuvo Chile. Cada jugador tiene que hacer su propio camino”.

Top 100 a la vista

González, con 21 años, se encontraba 147º en el ranking mundial. Hoy Garin por ejemplo, está 193º de la ATP. La diferencia sólo es de 46 posiciones, pero las críticas abundan.

Rodríguez asegura que “la verdad es que claramente aún no hay jugadores del nivel de él (González). Garin hizo algo parecido ganando Roland Garros junior; lo hizo un año antes y todavía está en edad para meterse, comparándolos específicamente. En hechos puntuales, uno a uno, se puede decir que hoy no existen tantas diferencias”. Y agrega: “hoy sí debería haber políticas para que existieran más jugadores en el top 100-200. Flores confía: “En principio se produjo un pequeño vacío, pero luego surge un brote donde nacen Garin, Lama y Jarry. Estamos previos a algo importante”.

González es optimista y asegura: “se viene una generación muy buena. Es cosa de tiempo. No sé si será mejor o peor que la nuestra, pero de aquí a tres o cinco años más, se viene una gran camada de chilenos”.

Para Santelices los resultados que han tenido los tenistas han sido dentro del marco lógico: “Los jugadores sudamericanos maduran más tarde respecto de los europeos, australianos o norteamericanos. Y es un error garrafal compararlos con lo que hicieron Ríos, Massú y González”.

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