La Tercera

La factoría de ideas

Después de cinco años en la compañía de marketing BrainJuicer, Ari Popper había llegado a ser el presidente. Pero su trabajo lo aburría, así que en 2012 se inscribió en un curso de escritura de ciencia ficción en la Universidad de California. Según contó a la revista New Yorker, esas fueron las 10 mejores semanas de su vida, pero nunca perdió de vista un factor: “Sabía que no iba a pagar las cuentas siendo escritor de ciencia ficción”.

El taller activó el espíritu emprendedor del ejecutivo y lo llevó al siguiente razonamiento: los negocios e industrias invierten grandes cantidades de dinero para predecir el futuro y así diseñar nuevos productos. Por otra parte, la ciencia ficción vive precisamente de aventurar lo que vendrá en investigación y tecnología. Quizás, se planteó Popper, esas historias podrían servir como una especie de consultoría narrativa para la industria: “Tuve una epifanía y fue ‘¡Esto es un negocio!’, Bueno, en realidad era un negocio potencial. Nunca lo sabes hasta que te lanzas”, explicó en la BBC.

Popper se atrevió, renunció a su trabajo y en 2012 creó su propia compañía llamada SciFutures. Hoy lidera una red de más de cien autores de ciencia ficción que escriben relatos a pedido para empresas como Visa, Ford, Pepsi, Samsung y Hershey, además de la Armada de Estados Unidos y la OTAN. Pero su compañía no es la única, ya que existen varias iniciativas similares que también aprovechan el poder imaginativo de la ciencia ficción para lograr que ingenieros y científicos tengan una mejor visualización y comprensión del futuro que están creando.

En 2009, el diseñador e ingeniero estadounidense Julian Bleecker publicó un ensayo en el que bautizó esta práctica como “ficción de diseño”, que ejemplificó en la manera en que la tecnología gestual del año 2054 que mostraba la película Minority Report impulsó el diseño de hologramas, pantallas flexibles y consolas de videojuegos como la Wii de Nintendo. De hecho, en una reciente charla TED, Popper planteó cómo los autos voladores fueron predichos por la ciencia ficción. Además, hay ejemplos como el de Michael Abrash, científico en jefe de Oculus, quien dijo que la película The Matrix lo ayudó a visualizar las gafas de realidad virtual que vemos hoy. “Si lo que estás haciendo en tu organización no es visto como ciencia ficción, entonces quizás no sea algo suficientemente transformador”, afirmó Popper en la presentación.

El método SciFutures

La empresa de Popper les ofrece a sus clientes narraciones en distintos formatos y géneros como cuentos, ilustraciones, animaciones y videos. Por ejemplo, la empresa creó una novela gráfica para Hershey que describía cómo en el futuro la gente podría llegar a consumir alimentos elaborados con impresoras 3D. La empresa ya había creado chocolate con esta tecnología, pero necesitaba visualizar el mercado de manera más amplia: “¿Qué apariencia tendrá?, ¿en realidad vas a imprimir tu desayuno mientras duermes? Estas historias pueden ayudar a crear una hoja de ruta con los pasos necesarios para implementar la tecnología”, dijo Jeff Mundt, director de innovación de Hershey, a la revista FastCompany.

El primer paso del proceso es una reunión en la que Popper y su socio Scott Susskind hablan con el cliente sobre tecnologías emergentes y su posible impacto. En esos talleres participan entre cinco y 30 personas. Luego entran en acción los escritores freelance de SciFutures, que incluyen nombres como Ken Liu, ganador del premio Hugo –una especie de Oscar del género especulativo- y traductor de la popular novela china de ciencia ficción El problema de los tres cuerpos, de Cixin Liu. SciFutures elige qué autor va a trabajar con cada empresa, de acuerdo a las áreas de interés del escritor. Ellos no se reúnen ni hablan con el cliente, pero sí reciben informes sobre los productos y lo que se discutió en los talleres.

Después, el narrador escribe una historia de dos a tres páginas que muestra hacia dónde podría ir una cierta tecnología y que sigue un formato clásico: tiene uno o dos personajes principales que descubren o interactúan con desarrollos como la inteligencia artificial o los hologramas, y crean un contexto social y político, además de especular sobre los efectos sicológicos. La historia puede ser un cuento escrito o transformarse en un video u otro formato. Brenta Blevins es profesora de la Universidad de Mary Washington e investiga la comunicación a través de tecnologías como la realidad virtual. También es autora de SciFutures. “Estas narraciones son ejercicios de pensamiento que muestran cómo un producto o servicio cambiará la vida de un individuo y del mundo. No tratan sólo sobre productos, sino que sobre gente que interactúa con ellos y las respuestas emocionales que tienen”, explica Blevins a Tendencias.

Popper y sus colaboradores han descubierto que los clientes prefieren relatos con finales felices. Los otros también están permitidos, siempre y cuando el autor proponga alguna estrategia para evitarlos. “Durante épocas de cambios veloces en la tecnología, la industria y la cultura de consumo, el futuro puede ser aterrador e intimidante para las personas y los negocios. Las historias con desenlaces felices, aquellos que muestran a los protagonistas que superan grandes obstáculos, ayudan a que los negocios vean no sólo cómo pueden sobrevivir, sino cómo prosperar”, comenta Blevins.

Uno de los clientes de SciFutures que se enfoca en resultados más negativos es el militar, ya que siempre se prepara para lo peor. En 2016 los escritores de la empresa produjeron 13 cuentos que fueron presentados a oficiales de varios países miembros de la OTAN. Uno de ellos describía un “arma inteligente” que era ‘hackeada’ y causaba una masacre civil y otro narraba la historia de un miembro de un “Batallón del miedo” chino, un grupo de soldados modificados genéticamente para emitir feromonas que causaban terror. “Un beneficio de estos relatos es que muestran el impacto humano, bueno o malo, personal o social, y exploran potenciales consecuencias. La industria suele enfocarse en las ganancias y a veces pierde de vista el panorama general”, cuenta a Tendencias la escritora de ciencia ficción S.B. Divya, que también trabaja con SciFutures.

Por ahora, uno de los proyectos más conocidos que se ha concretado gracias a la empresa es el HoloRoom, un módulo de seis por seis metros de la cadena Lowe’s en el que los clientes pueden experimentar cómo ciertos tipos de pintura, pisos o cortinas se verían en sus casas. Cada persona ocupa una tableta en la que selecciona representaciones 3D de los productos y luego usa gafas de realidad aumentada para verlos como si ya estuvieran instalados. Hoy la tecnología opera en más de 20 tiendas Lowe’s en Canadá y Estados Unidos, mientras que IKEA lanzó un sistema similar en abril y la tienda de muebles Wayfair presentó en junio una aplicación que utiliza el mismo método.

El módulo HoloRoom de Lowe’s diseñado gracias a SciFutures.

La competencia

Entre las empresas que ofrecen los mismos servicios está Near Future Laboratory, creada por Julian Bleecker, y que congrega a ingenieros, diseñadores industriales y escritores. Ellos crean, por ejemplo, catálogos ficticios que muestran cómo serán los futuros productos para casa de IKEA cuando la internet de las cosas se masifique. Además, elaboran revistas y diarios ficticios para empresas como Nokia y Sony donde presentan ideas hipotéticas como Play Date Service, una tecnología que operaría con un algoritmo y más de 12 mil criterios de selección para encontrar el compañero de juego ideal para un niño. Según dijo Bleecker al diario Boston Globe, estos ejercicios plantean interrogantes como cuánto tardarán los padres en confiar más en un software que en ellos mismos para hallar amigos para sus hijos.

En el Design Fiction Group del MIT también se enfocan en darles un contexto más realista y humano a sus potenciales desarrollos. La líder de su grupo de futurólogos es Hiromi Ozaki, una artista conocida como Sputniko! y que estudió informática y “diseño especulativo”. Una de las áreas de estudio del grupo son las implicaciones de los avances en biotecnología y manipulación genética, por lo que crean proyectos como (Im)possible Baby. Ozaki y una estudiante utilizaron los servicios de la empresa 23andMe para analizar los datos genéticos de una pareja de lesbianas y usaron la información para visualizar cómo se verían sus hijas. Luego crearon un álbum con fotos realistas de las mujeres junto a sus hijas: un equipo de la cadena japonesa NHK filmó el momento en el que las madres miraban una imagen de un hipotético cumpleaños y una de ellas empezó a llorar.

Según afirmó Ozaki a Boston Globe, proyectos cargados de emoción como (Im)possible Baby tienen muchas más posibilidades de afectar la dirección de una investigación que un estudio de laboratorio, ya que pueden cambiar percepciones sociales: “La ética y los valores realmente guían el camino hacia donde se dirige la tecnología. Debido a que el mundo siempre está fluyendo desde la mente de las personas, si haces un diseño que puede cambiar percepciones o hacer que la gente modifique la manera en la que imagina distintos futuros, el mundo que fluye de esas mentes será diferente”.