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Actualizado el 08/02/2015
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La fallida misión de la CIA tras los ataques del 11/9

En su libro 88 Days to Kandahar, Robert Grenier da detalles de los intentos por lograr que los talibanes entregaran a Osama bin Laden luego de los atentados de 2001.

La fallida misión de la CIA tras los ataques del 11/9

El sábado 15 de septiembre de 2001, sólo cuatro días después de los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono, Robert Grenier -jefe de la oficina de la CIA en Pakistán- y su traductor llegaron a un pequeño hotel en Quetta, al sureste de Pakistán, en la frontera con Afganistán. En Washington, el Presidente George W. Bush ya había advertido que su gobierno buscaría y castigaría a los responsables y Grenier quería establecer sus primeros contactos con uno de los líderes del régimen talibán, el mulá Akhtar Mohamed Osmani, lugarteniente del mulá Omar y jefe de las fuerzas en Kandahar, segunda ciudad del país. Pero lo que más le interesaba al agente de la CIA era el rechazo de Osmani a la presencia del líder de Al Qaeda y sus seguidores en suelo afgano.

A partir de ese momento comenzó una carrera contra el tiempo para lograr que los talibanes entregaran a Bin Laden y se evitara un ataque de Estados Unidos contra Afganistán que marcaría el inicio de una guerra de imprevisibles consecuencias, que terminó convirtiéndose en el conflicto más largo en el que ha participado Estados Unidos en su historia. Lo que sucedió esos días tras bambalinas se conocía sólo parcialmente por el relato del ex jefe de la CIA George Tenet, hasta que la semana pasada apareció 88 Days to Kandahar, a CIA Diary (88 días a Kandahar, un diario de la CIA), el libro donde Grenier desclasifica lo sucedido antes del 7 de octubre de 2001, día en que EE.UU. y Reino Unido comenzaron a bombardear posiciones en Kabul y Jalalabad, en el inicio de la “Operación Libertad Duradera”.

Aquel 15 de septiembre en Quetta, recuerda Grenier, Osmani aseguró “que los talibanes no se arriesgarían a la destrucción de su nación por el destino de un hombre. Bin Laden era un problema común para los dos países y ambos debían trabajar juntos silenciosamente para resolverlo”. Era justamente lo que él quería oír. El diálogo duró cuatro horas. Fue el primer paso de una intensa negociación. 

El 2 de octubre -cuando Bush ya había hablado ante el Congreso y los planes para atacar Afganistán estaban en la mesa- Grenier se reunió por segunda vez con Osmani. Esta vez el diálogo fue más lejos. Lo que la CIA quería era aprovechar la división entre los talibanes y forzar un golpe contra el mulá Omar -el más férreo defensor de Bin Laden.

“Años antes, mientras planeaba un posible golpe militar en Bagdad, leí Coup d’Etat: A Practical Handbook (Golpe de Estado: una guía práctica) de Edward Luttwalk”, recuerda Grenier, quien sostiene en su libro que mientras conversaba con Osmani “podía ver (los consejos de Luttwalk) como una checklist en mi mente”. “Sólo tú puedes salvar a tu país. Omar, como dices, está amarrado a su compromiso con Osama (…). Tú puedes llevar a cabo las acciones necesarias”, le dijo a Osmani y detalló lo que debía hacer: tomar el control de los edificios públicos de Kandahar, detener a todos los que se resistan, poner bajo custodia al mulá Omar y declarar que los “árabes” no eran más bienvenidos, exigiendo la salida de Afganistán de Al Qaeda.

“Inmediatamente después”, asegura Greiner que le dijo a Osmani, “debes moverte contra Bin Laden. El y los que lo rodean reaccionarán en forma violenta y tendrás que matarlos. Nadie debe saber que fuiste tú. (Al Qaeda) tiene muchos enemigos”. La conversación siguió. Grenier le prometió ayuda de EE.UU. a Afganistán si él tomaba el control y eliminaba a Bin Laden. “Nos damos cuenta que cometimos un error al abandonar Afganistán tras el retiro soviético. No cometeremos el mismo error ahora”, aseguró. La primer respuesta de Osmani fue que le daría el mensaje a Omar, descolocando al agente de la CIA. Esa no era la idea. Por eso, tuvo que reaccionar rápido: “Pero si Omar rechaza la propuesta tú tienes que tomar el poder”. “Lo haré”, respondió Osmani. 

La respuesta de Washington al informe de Grenier llegó el 4 de octubre y fue positiva. Si el liderazgo talibán aceptaba, la propuesta sería considerada. Sin embargo, el 6 de octubre, un día antes del inicio del ataque, Osmani llamó al agente de la CIA. El mulá Omar, dijo, hablaría pronto, aunque todavía no anunciaría lo que EE.UU. esperaba, porque tenía que calmar al pueblo afgano. “No hay tiempo” respondió nervioso Grenier, consciente de que faltaban 24 horas para el día D. “De ti depende tomar el poder como lo discutimos”. Osmani prometió llamar al día siguiente. Pero no lo hizo. Era el 7 de octubre de 2001. En la noche, Washington comenzó a bombardear Afganistán.

Osmani murió en 2006 tras un ataque de EE.UU. en el sur de Afganistán. Grenier dejó la CIA ese mismo año y hoy es presidente del consejo asesor de ERGPartners, una consultora de asuntos estratégicos y financieros.

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