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Actualizado el 02/06/2017
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La guerra que cambió Medio Oriente en seis días

Autor: Pedro Schwarze

Tras el conflicto, Israel extendió el territorio bajo su control hasta el río Jordán, el canal de Suez y los Altos del Golán. La guerra de 1967 dio luz al movimiento palestino y a su lucha con Yasser Arafat a la cabeza.

La guerra que cambió Medio Oriente en seis días
Tanques israelíes avanzan por el desierto del Sinaí, el 5 de junio de 1967. Foto: AFP

La canción que compuso Naomi Shemer para el Festival de la Canción Israelí, el 15 de mayo de 1967, y que interpretó Shuli Nathan, expresaba el anhelo de los judíos de poder regresar a Jerusalén, a la Ciudad Vieja y a sus lugares más sagrados a los cuales les había quedado vedado el acceso tras la guerra de 1948-1949, cuando las tropas jordanas controlaron la zona oriental y expulsaron a sus residentes judíos. “La ciudad está solitaria y hay un muro en su corazón”, dice “Jerusalén de Oro”, que de inmediato se volvió una canción popular.

Tres semanas después estalló la guerra entre Israel y sus vecinos (Egipto, Jordania y Siria), y al tercer día de contienda las tropas israelíes lograron algo que parecía lejano en el tiempo: capturaron la parte oriental de Jerusalén, y con ella la Ciudad Vieja y el Muro Occidental. Tres días después la guerra llegaba a su fin y el Estado judío había extendido el territorio bajo su control hasta el río Jordán, el canal de Suez y los Altos del Golán, y El Cairo, Amán y Damasco quedaban virtualmente al alcance de la artillería israelí.

Mientras los países árabes quedaron en shock por la fulminante derrota (el egipcio Gamal Abdel Nasser no se repondría de esa debacle y el Rey Hussein de Jordania había perdido la mayor parte de la tierra cultivable del país y comenzaba a recibir una nueva ola de refugiados palestinos, más de 300.000, según algunas fuentes), Israel estallaba en la euforia, por la alegría de la victoria rápida, la validación de su proyecto nacional y el control de lugares emblemáticos para el judaísmo como Jerusalén, Hebrón y el Monte Sinaí. Entonces “Jerusalén de Oro” se convirtió en la música de ese momento de gozo, en un nuevo himno oficioso del país y en la canción de la reunificación de la Ciudad Santa.

Pero la Guerra de los Seis Días abrió una caja de Pandora con innumerables efectos y consecuencias muchas de las cuales aún no se han resuelto, desde el tema palestino hasta el reconocimiento pleno de Israel por el mundo árabe. “Raramente en los tiempos modernos un conflicto tan breve y localizado ha tenido unas consecuencias tan extensas y prolongadas”, escribió Michael Oren en el prólogo de su libro La Guerra de los Seis Días.

Quien entonces era primer ministro israelí Levi Eskhol (1963-1969) reconoció tras la guerra, según constata en una de las actas oficiales dadas a conocer el mes pasado, que Israel “se había convertido de repente en un Estado imperialista” por la ocupación de los territorios palestinos. En tanto, el ministro israelí de Asuntos Exteriores, Abba Eban, vislumbró en esos días el problema que surgía con la ocupación de Cisjordania y la Franja de Gaza. “El mundo se pondrá de parte del movimiento de liberación de ese millón y medio (de palestinos, población estimada en 1967)”, pronosticó Eban.

Precisamente el conflicto de 1967, marcó un giro en la percepción internacional de Israel y aumentó la animosidad en su contra, y dio luz al movimiento palestino y su lucha progresivamente, con un ascendente Yasser Arafat a la cabeza, que se enfocó más tarde en la recuperación de los territorios de Cisjordania y Gaza que hasta antes de la guerra habían estado bajo control jordano y egipcio. “Después de la impresionante derrota de Egipto, Siria y Jordania, y por lo tanto de todo el mundo árabe, los regímenes árabes no pudieron reclamar la responsabilidad sobre el destino del pueblo palestino. Fue el pueblo palestino el que pidió la retirada israelí de los territorios ocupados y resistió la ocupación”, aseguró a La Tercera Hana Swaid, ex diputado árabe en el Parlamento de Israel por la coalición Hadash.

Esto vino a trastocar los planes israelíes de limitarse a lograr el entendimiento y la paz con los Estados árabes, no con los palestinos. “La oportunidad de ayudar a establecer un Estado palestino patrocinado por Israel en los comienzos fue desperdiciada por la izquierda israelí, con lo que pavimentó el camino a la dominación de la derecha”, sostuvo a este diario, el analista del Canal 2 de la televisión israelí, Ehud Yaari.

Los gobernantes israelíes buscaban negociar únicamente la devolución de los territorios con El Cairo, Amán y Damasco. Eso se logró en 1978 con Egipto, en los acuerdos de Camp David firmados por Anuar Sadat y Menachem Begin. Pero en 1988, el Rey Hussein de Jordania, renunció a sus derechos sobre Cisjordania y se los cedió a la Organización para la Liberación de Palestina, de Afatat. Solo en 1994, y cuando ya se habían firmado los acuerdos de Oslo entre Israel y los palestinos, Hussein firmó la paz con el Estado judío.

Cinco décadas después, los grandes temas pendientes -más allá de lograr la paz con Siria e incluso el reconocimiento formal de Israel por el mundo árabe- son la situación de los palestinos, de los territorios palestinos (la Franja de Gaza y de Cisjordania), los límites de un futuro y eventual Estado palestino, los asentamientos, y el muro construido dentro de los límites que existían en 1967. Temas que tres Presidentes estadounidenses y seis primeros ministro israelíes (desde 1993 en adelante) no han logrado resolver.

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