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Actualizado el 10/07/2017
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La necesidad de un mago

Autor: Marcelo Simonetti

Pocos refuerzos han alegrado tanto al hincha albo como la llegada de Jorge Valdivia a Colo Colo. En verdad, al club que hubiese llegado lo habrían recibido del mismo modo, con vivas, aplausos y fuegos artificiales. Es que El Mago ofrece lo que pocos están en condición de ofrecer hoy en día: es un jugador desequilibrante, cuyo talento convoca masas. Por eso están contentos los hinchas -porque les devuelve la esperanza de un presente distinto, salir del bosque de una vez por todas-, los dirigentes -que ven en Valdivia a la materia prima de un buen negocio- y el propio Pablo Guede y sus compañeros -por la promesa de un mejor rendimiento.

Las cifras en torno a su regreso dan cuenta, por un lado, del deseo de Blanco y Negro de tener a un jugador como él al costo que fuera; y, por el otro, grafican cierta desesperación de la administración por volver en el plazo más breve a los tiempos felices, a los días de triunfos y gloria, días de los que en su momento Jorge Valdivia fue arte y parte.

Y probablemente, así, en el papel, las estimaciones hechas para apostarlo todo por Valdivia suenen lógicas. ¿Quién podría poner en duda el talento del Mago?, ¿quién podría pensar que El Mago no va a ser una de las figuras del próximo torneo?, ¿quién podría afirmar que Valdivia no ayudará a llenar los estadios o a concretar suculentos contratos a favor de las arcas albas?

Pero lo cierto es que el problema no es Valdivia -a menos que viva lesionado-, sino el resto. Dicho de otro modo, no es el director de orquesta sobre el que se ciernen las sospechas, sino sobre la orquesta. De un tiempo a esta parte, la dirigencia de Colo Colo no ha podido acertar en la contratación de jugadores que se hayan transformado en refuerzos que aporten sustantivamente al juego del equipo. Una cuestión que no ha podido soslayar el trabajo de Pablo Guede, sobre el que también hay dudas, especialmente a partir de lo que fue el desenlace del último torneo y, porque no decirlo, también por lo que ha sido el arranque de esta temporada, en la que suma dos derrotas (ante Coquimbo 1-0 y ante Deportes La Serena 4-1).

Aníbal Mosa ha cerrado filas respecto del apoyo al proyecto de Pablo Guede, tras haber perdido el Torneo de Clausura, y quizá haya sido lo mejor. No se cortan los procesos cuando llevan tan poco tiempo. Pero es claro que la paciencia de los hinchas no es eterna ni tampoco la confianza, menos en un club como Colo Colo. En este sentido, para Guede, para el resto de los jugadores y también para Blanco y Negro, la llegada de Valdivia no sólo es una gran apuesta, es más bien la espera del milagro, la llave para abrir la puerta del laberinto, el conjuro que les permita espantar para siempre la fatalidad y el infortunio.

¿Demasiada carga para un solo jugador? Creo que a Valdivia eso lo tiene sin cuidado. Las responsabilidades de este tipo no le pesan; sabe que en sus pies tiene un arma difícil de anular. La presión que pueda recaer sobre sus hombros no alterará ni un ápice su forma de juego. Insisto, el problema no lo tiene el talentoso Valdivia; el problema es de la orquesta, que ha venido desafinando desde hace tiempo, y que precisa, con urgencia, ponerse a la altura de su director.

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