La nueva vida de Sebastien Loeb en el automovilismo

El nueve veces campeón del mundo de rally tiene otro desafío deportivo: el Mundial de Turismos.




El mundo del rally estaba a sus pies. Lo sometía. Era el rey. La referencia obligada y, tras nueve títulos mundiales, excluyente. Seguramente, pudo extender más su dominio. Sin embargo, a fines de 2012, Sebastien Loeb decidió dejar la especialidad en la que es el máximo ganador histórico para buscar nuevos rumbos. Se despidió del WRC haciendo unas pocas carreras el año pasado y decidió abordar un nuevo desafío. Así, se convirtió en piloto de pista. Dejó las azarosas rutas de tierra, donde su talento para improvisar al volante le dieron fama para cruzar la frontera, dejar a su copiloto Daniel Elena y subirse a un auto de pista, para comenzar una carrera en los circuitos. Claro que el cambio no fue total. Se quedó en la casa con la que supo imponer su autoridad, formando una dupla imparable. Como él mismo declara, convenció a Citroën, su marca por casi 15 años, de pasarse al WTCC, el Mundial de coches de turismo, e iniciar así un reto a su propio talento. "Los convencí de la idea", afirma.

Con ello, la vida de Loeb cambió. Por decisión propia. Y convicción.

Sin embargo, Seb, consciente de las razones de su éxito, eligió cuidadosamente la forma de encarar este nuevo desafío. Y lo fue armando a su medida.

Por lo pronto, se quedó con la marca con la que se hizo campeón. Con ella, desarrolló el C-Elysée, el auto que hoy maneja, tal como lo hizo en su momento en el rally con el Xsara, el C4 y el DS3. Y con la marca del doble chevron desembarcó en el WTCC.

Eso no fue todo. A sus 40 años, Loeb tiene claro el valor del equipo y de lo que ello que implica. Se quedó con los mismos que siempre lo rodearon.

"En su Citroën trabajan cuatro mecánicos, un ingeniero encargado del chasis y otro encargado de performance (motor y electrónica). Ellos son los mismos con los que corríamos en el rally", confiesa Elena, su ex compañero en la butaca derecha.

Eso no es todo. El propio copiloto está, aún y siempre, al lado de Loeb. Como en el rally. "Le ayudo en la parte sicológica, aporto desde lo que veo desde el borde de la pista, con algunos aspectos logísticos y en lo que pueda contribuir", comenta Elena respecto de su rol actual en la estructura de Citroën Racing y en la vida deportiva del ya mítico piloto.

Pese a que ninguno de los mecánicos o de los ingenieros, ni el propio ex navegante, tenían experiencia en automovilismo de pista, Seb los eligió para formar parte de su proyecto. En vez de apostar por técnicos con experiencia, se quedó con quienes conocía. "Es que somos familia", sentencia Elena.  "Son mis amigos", agrega Loeb.

Claro, porque Loeb y Elena fueron dupla deportiva por 16 años. "Pasamos más tiempo juntos que con nuestras señoras", confiesa el ahora parte del staff y que, si bien está en el pitwall de modo casi permanente mientras el Citroën número 9 está en pista, no mantiene contacto radial con el piloto cuando está girando.

El propio Elena resume los cambios que ha significado esto para el piloto y sus amigos-compañeros en esta aventura. "Si bien los días de carrera son menos y más cortos e intensos que en el rally, para los mecánicos significa el doble o el triple de trabajo en el auto, puesto que antes sólo tenían 30 o 45 minutos para trabajar en el auto. Acá, en la pista, esos tiempos son mucho más amplios y siempre hay algo que se puede mejorar".

Claro, también los pits del WTCC, como en Termas de Río Hondo, en Santiago del Estero, donde en la primera carrera de hoy saldrá tercero (el argentino José María López logró la pole) son bien diferentes al entorno de una asistencia de rally. Sin tierra, ni expuesto a las inclemencias climáticas, los boxes parecen verdaderos laboratorios.

Loeb, sin embargo, aporta otras diferencias en este nuevo mundo que vive.

"No sólo son menos días de carrera, considerando que antes debíamos hacer los reconocimientos de ruta. También la cronología de los eventos permite que te pueda acompañar la familia o amigos y puedas verlos más tiempo y compartir más durante la competencia. En el rally, salías de madrugada, pasabas 30 minutos por la asistencia una o dos veces al día, y el resto estábamos en la ruta, lejos", comenta Loeb.

Con esa frase, y su cara al pronunciarla, Seb, el rally por antonomasia, demuestra que está feliz encarando el reto que él eligió. Y mal parece no haber decidido. En su primera temporada marcha tercero en la clasificación. Queda claro que, con 40 años, talento tiene de sobra aún.

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