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Actualizado el 12/09/2017
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La “Terruca Pituca”, la bailarina que escondió a Abimael Guzmán, sale en libertad tras 25 años

Autor: Alejandro Tapia

Maritza Garrido-Lecca, hoy de 52 años, montó una academia de danza en el primer piso de la casa de Lima donde el líder de Sendero Luminoso fue capturado en 1992. Quedó libre la noche del lunes.

La “Terruca Pituca”, la bailarina que escondió a Abimael Guzmán, sale en libertad tras 25 años

En el primer piso de una casa en la urbanizacion Los Sauces, en Lima, montó una academia de danza moderna, pero en el segundo vivía oculto nada menos que Abimael Guzmán, líder de Sendero Luminoso. A comienzos de los 90, Maritza Garrido-Lecca ejercía como profesora de baile aunque parte importante de su tiempo lo dedicaba a encubrir al_“Presidente Gonzalo”, como le decían al jefe del grupo armado.

Por ese entonces, Garrido-Lecca era una joven de 27 años que no despertaba sospechas, no sólo por su actividad como bailarina clásica, sino por su perfil: provenía de una familia católica de clase acomodada limeña y había estudiado danza y educación en la U. Católica de Perú. Años después se ganaría el mote de “terruca (por terrorista) pituca”.

Pero el 12 de septiembre de 1992 la vida de la bailarina dio un giro radical. A las 18:00 la fue a visitar un tío y cuando éste abandonó la vivienda dos horas después, los agentes del Grupo Especial de Inteligencia (GEIN) -que llevaban semanas monitoreándolos- irrumpió en el lugar, arrestando a Maritza y también a Abimael Guzmán. Este hito se conoció en Perú como “la captura del siglo”.

Tanto Garrido-Lecca, como Abimael Guzmán e Elena Iparraguirre, su pareja, fueron condenados a cadena perpetua. Pero tiempo después a la bailarina se le redujo la pena a 25 años, por lo que la noche del lunes quedó en libertad, en medio de un ambiente de gran conmoción en Perú. De hecho, la excarcelación de esta senderista, justo en el aniversario 25 de la captura de la cúpula de Sendero Luminoso, ha revelado las profundas divisiones en la sociedad peruana y la herida aún abierta por los años de la guerra interna, que entre 1980 y 2000 dejó 69 mil muertos y desaparecidos.

“Terruca pituca”

Hoy, Maritza Garrido-Lecca tiene 52 años y su rostro apareció ayer en prácticamente todos los medios peruanos. En una entrevista concedida a la revista limeña Caretas, en 2005, dijo que no se arrepentía de nada, además de insistir en que “no sabía que Guzmán estaba en el segundo piso de mi casa, tampoco que estaban ahí las otras personas. Mi pareja (Carlos Inchaústegui) fue quien hizo el contrato de alquiler con Raida Oscate (nombre ficticio de Elena Iparraguirre). Nunca oculté a Guzmán”.

Igual de desafiante se mostró cuando fue exhibida ante la prensa días después de su captura, en la misma jornada en la que Abimael Guzmán apareció al interior de una jaula como una “bestia domada”. “¡Fujimori sirviente del imperialismo yanqui, genocida porque mata al pueblo! “¡Viva el Presidente Gonzalo!”, dijo aquel día.

El ex agente del GEIN, José Gil fue quien la interrogó en septiembre de 1992 y contó a La Tercera que “ella trató de entorpecer las investigaciones”. En uno de los interrogatorios, Garrido-Lecca señaló: “Mi actividad es ser una bailarina. ¿Sabe lo que es ser una bailarina de danza contemporánea? Bueno, no sé si sabe, pero esa es mi actividad principal. Dicto clases y bailo y hace tiempo que preparo una coreografía mía, que si quieres te la cuento o si quieres te la bailo”.

Carlos Paredes, autor del libro recién aparecido en Perú, La hora final, comentó a este diario que “definitivamente ella provocó morbo en la sociedad peruana, porque era bailarina de la clase acomodada que es coaptada por Sendero Luminoso y guardiana del enemigo número uno del país. Maritza tenía a su cargo la movilidad de los senderistas para que se reunieran con Abimael. Ella era parte de la cúpula. Muchos en Perú le desearon la cadena perpetua”.

Tras salir en libertad, Garrido-Lecca pasó la noche en un hotel en el departamento de Áncash, mientras miles de peruanos debatían sobre si la famosa bailarina seguía siendo “terrorista” o un peligro para la sociedad.

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