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Actualizado el 12/08/2017
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La “turismofobia” se toma Europa

Autor: María Paz Salas

El “turismo imparable” ha puesto en alerta a distintas ciudades y países europeos, que buscan soluciones para la convivencia entre los visitantes y los residentes.

La “turismofobia” se toma Europa
Barcelona. Foto: AFP

Gaudí te odia”. La frase apareció en mayo en una de las principales escaleras que dan al famoso Parque Güell, una de las obras más icónicas del arquitecto Antoni Gaudí y uno de los lugares más visitados de Barcelona.

En 2016, 2,9 millones de personas visitaron ese sitio. Pero la cifra está lejos de los nueve millones que alcanzó a recibir anualmente hasta 2013, año en que las autoridades locales comenzaron a implementar una regulación para evitar la masificación turística y privilegiar así la conservación del parque.

Pero la disminución de los visitantes no impidió las quejas de los residentes que viven en las calles adyacentes del parque. La frase sobre Gaudí estuvo acompañada de otras aún más controvertidas -incluso en otros idiomas- como Tourismus Macht Frei (el turismo os hará libres) y Tourist go home (turista, vuelve a casa).

Textos similares han aparecido también en los alrededores de otros imperdibles de la urbe, como La Basílica de la Sagrada Familia o La Rambla. También se han detonado algunas protestas ciudadanas para exigir la limitación de los turistas.

Treinta millones de personas visitaron Barcelona en 2016 y el turismo preocupa muchísimo a sus residentes. Según reveló el Barómetro Semestral del Ayuntamiento, el exceso de turistas es la principal preocupación para el 19% de los habitantes de esta ciudad. En junio de 2015, según indica el diario El País, la cifra era de 5,3%.

Una de las grandes razones del aumento de turistas en las ciudades europeas se debe a la diversificación de las aerolíneas de bajo costo, la entrada en escena de plataformas online como Airbnb (para publicar y reservar habitaciones o viviendas privadas) que han podido hasta doblar la capacidad de alojamiento en grandes ciudades.

La alcaldía tiene una guerra abierta con Airbnb desde que Ana Colau llegó al poder en 2015. No sólo le ha aplicado multas (la última de 600.000 euros), sino que la ciudad cuenta también con un grupo de inspectores que se dedican a comprobar que quienes arrienden sus viviendas a turistas cuenten con una licencia especial.

El ayuntamiento de Barcelona aprobó en enero un plan que prohíbe la apertura de nuevos hoteles en los puntos más turísticos para distribuir a los visitantes de manera más uniforme y en sitios más alejados. La medida no tiene precedentes en el Viejo Continente, ya que ésta no permite la construcción de nuevos establecimientos aún si los que ya existen, desaparecen.

Fenómeno europeo

Barcelona es sólo uno de los ejemplos de una creciente ola de “turismofobia”, que se percibe en una serie de ciudades europeas que están planteando limitar el sector turístico. Tal es el caso de Palma de Mallorca, Sevilla, Santiago de Compostela, Valencia, Madrid e Islas Baleares.

También la ciudad italiana de Venecia hace años que sufre de un éxodo de sus habitantes del centro urbano por el alza en los alquileres y el exceso de turistas.

Este año la famosa urbe contabilizó el menor número de habitantes de su historia moderna: 55.000. En marzo de 2008 había más de 60.000 habitantes. Algunos demógrafos predicen que para 2030 casi no habrá residentes viviendo a tiempo completo en la ciudad. Treinta millones de personas visitan Venecia cada año.

Por lo mismo se han generado distintos movimientos ciudadanos que buscan limitar el turismo como “No Grandi Navi”, que denuncia la contaminación y el impacto visual que provocan los más de 1.000 cruceros anuales que llegan a la ciudad y la comunidad Venessia.com, que apunta al turismo como principal causa de la huida de los venecianos.

Lo mismo sucede en Roma, donde la alcaldesa Virginia Raggi no quiere que los turistas se detengan frente a la Fontana de Trevi, que fue recientemente remodelada, para evitar que algunas personas coman en las escaleras o incluso se bañen dentro de la pileta más famosa de la capital italiana. “Ya se han organizado turnos más intensos de policías municipales, pero pienso además en un recorrido para admirarla y que no consienta el detenerse”, aseguró Raggi a comienzos de mayo.

La Fontana di Trevi, en Roma: Foto: AFP

La Fontana di Trevi, en Roma: Foto: AFP

Hace unos meses atrás, el ministro de Bienes Culturales de Italia, Dario Franceschini, fue uno de los primeros en instalar el tema en el gobierno, pidiendo a la alcaldesa “poner un límite al flujo de turistas”.

También en Italia, la zona de Cinque Terre en la costa de la Liguria y la ciudad de Florencia, están preparando medidas para limitar el turismo. Lo mismo sucede en la isla de Santorini, en Grecia, la ciudad de Brujas en Bélgica y en Croacia.

Incluso Islandia, con poco más de 131.000 habitantes está lidiando con la excesiva llegada de visitas. Años atrás poco se sabía de esta isla -más allá de ser la cuna de la cantante Björk y la banda Sigur Rós- pero el país ha tenido un boom turístico desde 2010 por una mezcla de sucesos: la erupción ese mismo año de su volcán Eyjafjallajökull y el llamado “efecto Games of Thrones” luego que sus gélidos paisajes aparecieran en la serie que HBO estrenó en 2011.

Reikiavik, Finlandia. Foto: AP

Reikiavik, Finlandia. Foto: AP

El país recibió en 2016, 1,7 millones de turistas y la cifra alertó a las autoridades, que están evaluando implementar una tasa turística para compensar los efectos de la llegada masiva de personas.

La ciudad de Amsterdam, un destino frecuente para quienes visitan Europa, también cuenta con este problema. “No gastemos ni un euro más en el mercadeo de la ciudad. No queremos más gente”, aseguró tajantemente el ministro de Turismo al referirse al imparable flujo de turistas que llegan cada año a la ciudad. En el último año, 17 millones de personas visitaron la ciudad donde se encuentra la casa de Anna Frank y se espera que para 2025, el número se dispare a 30 millones. Esto, en una ciudad de 800.000 habitantes.

Amsterdam. Foto: AFP

Amsterdam. Foto: AFP

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