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Actualizado el 11/01/2018
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Las acusaciones de abuso sexual empiezan a dividir al cine

Autor: M. de la Maza

La controvertida carta que firmó Catherine Deneuve y un centenar de personalidades francesas cuestionando la causa ha sido el ataque de mayor perfil al movimiento #MeToo. Pero también están quienes exigen que sea más radical.

Las acusaciones de abuso sexual empiezan a dividir al cine
La actriz Rose McGowan.

Como en cualquier causa social, desde sus inicios, el llamado movimiento “#MeToo” (yo también) ha sido objeto de debate, y a veces de críticas, aunque estas últimas generalmente provenían de actores y directores (hombres) algo desafortunados en su forma de expresarse.

Surgido luego de que se descubriera el abuso sexual reiterado por parte del productor cinematográfico Harvey Weinstein en contra de decenas de mujeres a lo largo de los años, el movimiento sólo creció, sobre todo luego de que casos similares comenzaran a salir a la luz desde toda la industria del entretenimiento. La conversación, que se ha expandido mucho más allá del cine y ha dominado hasta la política norteamericana, no sólo se ha enfocado en generar conciencia sobre la facilidad con la que los hombres con poder pueden abusar de mujeres a su cargo, sino en general a la disparidad de género en algunos temas, desde derechos sociales hasta remuneración.
Pero si bien el consenso pareciera ser que el fondo de #MeToo es digno de discutirse, la forma ha sido más divisiva, tanto de quienes la consideran exagerada hasta los que piden que sea más radical.

Dentro del primer grupo está la legendaria actriz francesa Catherine Deneuve, quien junto a cien personalidades de su país publicaron el martes una carta abierta en el periódico Le Monde contra del movimiento, asegurando que se ha transformado en una “cacería de brujas” y que los hombres “deberían tener permitido coquetear con las mujeres”, asegurando que causas como #MeToo agrupan en el mismo nivel de gravedad el flirteo con la violación (ver extracto de la carta). Deneuve y compañía aseguran que el clima actual de denuncias contra figuras del entretenimiento ha establecido un nuevo “puritanismo” en el mundo del arte. La carta también defiende en un momento al polémico cineasta Roman Polanski, acusado de violación a una menor.

Predeciblemente, la posición desató una polémica que aún no se apaga. “Quienes firman esa carta confunden deliberadamente la seducción basada en el respeto y el placer con la violencia (…) están usando su atractivo para los medios en hacer parecer la violencia sexual como algo común”, manifestaron a través de otra carta una treintena de feministas francesas. “Catherine Deneuve y las otras mujeres que firmaron esa carta le están diciendo al mundo que su misoginia interior las lobotomizó hasta un punto de no retorno”, tuiteó de forma irónica la actriz Asia Argento, una de las primeras denunciantes de Weinstein. A través de una columna en The Guardian, la escritora Van Badham aseguró: “La libertad sexual es el derecho a determinar tu comportamiento sexual sin coerción”.

Si bien la controvertida posición de Deneuve cruzó el Atlántico y generó debate por el poderío de la figura de la actriz francesa, no es la primera vez que #MeToo ha recibido una crítica similar. La semana pasada, la crítica literaria Daphne Merkin publicó una columna en el periódico New York Times titulada; “Públicamente, decimos #MeToo. En privado, tenemos dudas”. En el texto, Merkin aseguraba que “es perturbador como hemos vuelto a un paradigma victimizador, en donde las mujeres son percibidas, y se perciben, como seres tan frágiles como las dueñas de casa victorianas”. La columna fue respondida desde diversos medios, incluyendo la revista Slate, que acusó a Merkin de alarmista y sesgada.

Llamado a las armas

Las diferencias con #MeToo no sólo han venido desde afuera en los últimos días, sino también dentro del movimiento. Una de las críticas más duras a cómo las mujeres de Hollywood han decidido manifestarse en contra del acoso y abuso sexual llegó de parte de Rose McGowan, una de las primeras actrices en denunciar públicamente a Harvey Weinstein, y una de las responsables de iniciar el movimiento. Claro, lo suyo va más por un llamado a radicalizar la lucha.

En diciembre, cuando una serie de actrices llamó a realizar una protesta silenciosa en los Globos de Oro, vistiendo todas de negro en señal de rechazo al abuso sexual en el mundo del entretenimiento, McGowan declaró a través de Twitter: “Actrices como Meryl Streep, que trabajaron felices para el monstruo cerdo (Weinstein) usarán negro en los Globos de Oro para protestar de forma silenciosa. Su silencio ES el problema”, agregando: “desprecio su hipocresía”.

Cuando la ceremonia se llevó a cabo el domingo, y efectivamente casi la totalidad de los invitados llegó de negro, en una jornada marcada por los llamados a la equidad de género y la reivindicación de los derechos de la mujer, McGowan insistió en sus críticas: tildó de “falsas” a las fundadoras de la organización para terminar el acoso en el mundo del entretenimiento Time’s Up (desde Reese Witherspoon Jessica Chastain) por asociarse con una agencia de publicidad que, según ella, encubrió a Weinstein; y el martes en una conferencia afirmó que vestirse de negro fue sólo “un parche curita para sentirse mejor con ellas mismas por lo que siempre han sabido, por ser testigos silenciosos. Y no, no las perdono”.

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