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Cultura
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Actualizado el 24/06/2015
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Las múltiples vidas de la pintura

Autor: Denisse Espinoza

Si en los 80 se declaró la muerte de la pintura, hoy una generación de artistas la rescata con nuevos códigos y temas. Varias muestras en cartelera demuestran su auge: obras de Felipe Cusicanqui, Alejandro Quiroga, Germán Tagle y Constanza Ragal son parte de la tendencia.

Las múltiples vidas de la pintura

Durante varios años hablar de pintura en Chile era sinónimo de anacronismo. Y más que eso,  ser pintor significaba darle la espalda a la contingencia política: en los 70 el arte conceptual, en sus distintas expresiones como el video arte, la instalación y la performance, se transformó en la herramienta ideal para hacer frente al régimen militar. El grupo C.A.D.A y la llamada Escena de Avanzada, con artistas como Eugenio Dittborn, Carlos Leppe y Lotty Rosenfeld, se inscribieron como los reformadores de esa etapa del arte en Chile, en que la pintura quedó totalmente marginada. Recién a fines de los 80 y, sobre todo, desde la vuelta a la democracia, la pintura recobró protagonismo, pero debió convivir con el auge de la instalación, la performance y otros formatos contemporáneos.

Las nuevas tecnologías, el auge de la fotografía digital y los programas computacionales han expandido los límites de la pintura en las generaciones jóvenes, aunque también están los artistas nostálgicos que han regresado a una práctica pictórica más artesanal y doméstica. Entre estos últimos destaca el pintor Felipe Cusicanqui (1977), quien exhibe desde el 1 de julio su última producción en el Centro de Extensión UC. Se trata de Ruina, una investigación sobre el mundo del ballet, que bien lo acerca a la tradición iniciada por el impresionista francés Edgar Degas, que a  fines del siglo  XIX se hizo conocido por su serie de cuadros de bailarinas. ¿Por qué pintar?  ¿Y por qué un tema tan añejo como la danza? Para Cusicanqui la pintura tiene la cualidad de amoldarse a toda época y toda práctica y eso la hace atemporal. “Todas las otras disciplinas, las instalaciones, la escultura e incluso la performance, las veo como una extensión de la pintura. Es la única que se vuelve un personaje más dentro del ejercicio artístico, la pintura da paso al gesto, al accidente, nunca sabes lo que va a pasar”, dice el pintor.

Formado en la U. Finis Terrae, el artista se ha caracterizado por usar soportes precarios, una práctica que lo acerca a otros pintores locales desde José Balmes hasta Ignacio Gumucio. Así, sus bailarinas están plasmadas sobre tablas, tul, yeso y papel. 

A la muestra de Cusicanqui se suma,  en la cartelera local, una gran variedad de exhibiciones que dan cuenta de la diversidad y vigencia del género, desde paisajes y retratos a parodias. Si hay algo en común es quizás un espíritu apolítico o, como dice la historiadora del arte Carolina Castro en el libro Sub 30 (2014), sobre pintura joven en Chile, el ejercicio de la pintura viene acompañado de un “retorno a lo básico, a la manualidad y a la factura, el abandono de los rasgos políticos en pro de nuevos conceptos… La posibilidad de ser sólo arte, sólo pintura o sólo ideas”.

En esa línea están las obras de Germán Tagle (1976), que por estos días exhibe en Sala Gasco, cuadros de gran formato donde elabora misteriosos micromundos en los que se evidencian inspiraciones cinematográficas como el filme Carretera perdida de David Lynch. “Declarar la muerte de la pintura es ridículo. La pintura está ligada al ser humano desde sus inicios y nunca pasa de moda. En la pintura el proceso creativo está ligado al proceso técnico. Muchos artistas conceptuales mandan a hacer sus obras, porque la idea es la que importa; en la pintura el proceso es siempre autoral”, dice Tagle.

Lo mismo piensa Alejandro Quiroga (1967), quien luego de dedicarse  a las instalaciones fotográficas-sonoras, regresó a la pintura. Ahora expone sus paisajes monocromáticos en galería NAC. “La pintura tiene la capacidad de conmover, algo que es difícil de lograr con otra técnica. En mi caso, el paisaje es un género súper visitado y el reto es reinterpretarlo. Pinto un paisaje residual que nadie pinta, el del camino que va hacia la playa, donde se ven las torres de alta tensión, los cables de luz y la pandereta, es un paisaje contemporáneo, o lo que nos va quedando de paisaje”, cuenta Quiroga.

La camada joven

Dentro de la generación del 90 hay grandes exponentes en pintura: Natalia Babarovic, Alvaro Oyarzún, Pablo Chiuminatto, Ismael Frigerio y Malú Stewart  son algunos de quienes heredaron el espíritu de artistas como Samy Benmayor, Bororo y Matías Pinto D’Aguiar, que a mediados de los 80 defendieron el placer de pintar por pintar. 

Ahora hay una camada de artistas sub 35 que ve en la pintura una vía para hablar de temas contingentes o reflexionar sobre la propia pintura. Está Pablo Serra (1983), quien exhibe en galería Patricia Ready escenas de ficción que parodian la realidad:  pinta personajes de ficción como el Señor Lápiz y Epidemia, o  a la selección de fútbol jugando, mientras es amenazada por un carabinero a caballo. Los retratos de Constanza Ragal (1982), que exhibe ese fin de semana en  Barrio Italia,  hablan de los estereotipos femeninos, y  se suman a las obras de otros artistas jóvenes que usan la imagen fotográfica y la cita a la historia del arte, para crear pinturas actuales. Destacan las coloridas escenas de animales de José Pedro Godoy (1985), los cuadros barrocos e inquietantes de Guillermo Lorca (1984) o el realismo nostálgico de Francisco Uzabeaga, que reproduce con todas sus fallas los fotogramas de películas aparecidas en revistas antiguas. 

Tanto para Quiroga como para Cusicanqui la generación más joven peca de una sobreexposición a la fotografía. “Creo que en ellos la pintura es muy fría, controlada, les falta violentar la obra, desarmarla”, dice Cusicanqui.

Sin embargo Constanza Ragal, quien fue ayudante de Gonzalo Cienfuegos, defiende esa frialdad, la que en su caso le ayuda a trasmitir la soledad y el vacío de la sociedad contemporánea “A diferencia de la inmediatez de la  fotografía, la pintura atesora un tiempo distinto, un silencio y una permanencia irremplazable”.

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