Las otras víctimas de "Antares"

Tras ocho meses de silencio, el padre de Natalia Guerra, detenida por la muerte de su hijo a manos del líder de la secta de Colliguay, relata cómo afectó a su familia el asesinato de su nieto.




En 2011, Gustavo Guerra (59) pagó una inscripción de $ 60 mil para participar en un seminario en una parcela cerca de Pirque. "Yo estaba ahí para saber en qué estaba mi hija", señala el padre de Natalia Guerra (27), madre de la guagua de dos días que murió el 23 de noviembre de 2012, en un ritual oficiado por Ramón Castillo Gaete, líder de la secta de Colliguay, quien se hacía llamar "Antares de la Luz". "El seminario fue oficiado por Pablo Undurraga (pololo en ese entonces de Natalia) y era sobre técnicas de sanación. No vi nada fuera de lo común; era un grupo de cabros que se dedicaban a sanar", señala, y recuerda que en la noche, por un par de minutos, apareció Castillo. Lo describe como callado y que, cuando hablaba, era para decir "puras tonteras cósmicas". "Cuando lo iba a saludar, a darle la mano como a cualquier persona, él puso sus dos manos ante mí y dijo: 'Yo no doy las manos'. Ahí supe que a él nadie podía tocarlo", recuerda. Si bien esto le pareció extraño, recuerda haberse "ido tranquilo" del lugar.

Hoy lamenta haber tenido esa percepción. Su hija Natalia, diseñadora gráfica de profesión, lleva ocho meses en prisión preventiva en la Cárcel de San Miguel, formalizada por parricidio. "Antares", padre del hijo de Natalia producto de relaciones no consentidas por ella y sindicado por la fiscalía como el autor del asesinato de la guagua por creer que era "el anticristo", se suicidó el 1 de mayo, en Cusco, Perú, mientras era buscado por la policía.

"Yo no le llamo 'Antares', porque no le voy a dar un título honorífico que no tiene y que no se merece. Para mí es Castillo y punto. El delincuente Ramón Castillo", señala Gustavo Guerra, quien aún se refiere en presente sobre Castillo. "Es difícil de asumir que un tipo tan cobarde se haya arrancado de esa manera", sostiene.

VIDA EN COMUNIDAD

Natalia y Pablo se conocieron en 2008. "Vivían en casas cercanas en Pirque. Un día él pasó por la casa de Natalia, pidiendo azúcar. Fue un flechazo", relata sobre cómo su hija conoció a quien hoy, según la fiscalía, era el hombre de confianza de "Antares". "Me dio mala impresión de entrada. Tenía cara de loco y creo que el tiempo lo demostró", indica Guerra. Al poco tiempo, anunciaron que se irían a vivir juntos. Se fueron a un departamento que la familia de Pablo tenía en Las Condes. Esto alertó a sus padres y a sus dos hermanos: "Era muy difícil poder hablar con ella, porque siempre estaba con Pablo, y en esas condiciones hablar en privado con la niña era imposible", señala. Sin embargo, explica que esta situación se potenció cuando Natalia y Pablo ingresaron a la comunidad y, desde ese momento, manifiesta, quedaron excluidos de la vida de su hija, reflexiona, e indica que "teníamos muy claro que era una secta, porque si ellos no hacían un seminario o no invitaban, no podíamos llegar allá".

El 31 de mayo de 2012, Natalia le avisó a su papá que viajaría a Perú con una amiga. A él le pareció muy extraño que no esperara cuatro días más para quedarse a su cumpleaños, pero se alegró, porque "pensamos que había dejado la comunidad. Nunca me imaginé lo que venía después".

Al día siguiente de esa conversación, su hija fue llevada a una casa en Los Andes, en donde estuvo hasta noviembre, vigilada por Carolina Vargas. Natalia ya tenía tres meses de embarazo, era alimentada cada dos días y, según su declaración, fue llevada a este lugar por orden de "Antares". De manera paralela, Gustavo Guerra comenta que cada 20 días recibían mails de Natalia en donde relataba cosas de su viaje, el que supuestamente también incluyó Bolivia. Cuenta que volvió a hablar con su hija por teléfono en enero de 2013. En esa conversación, Natalia no le contó sobre su embarazo ni sobre el nacimiento de Jesús el 21 de noviembre.

"Me llamó para pedirme plata, cosa que nunca hacía, porque quería volver a Chile. A los dos días de esa llamada supimos de una denuncia por presunta desgracia en la Policía de Investigaciones contra Natalia y un supuesto hijo. No entendíamos nada", recuerda Gustavo. Natalia llegó a vivir a la casa de Ana María Jequier, su madre, y tras constantes preguntas de ésta sobre la situación, ella les reveló en abril lo que había pasado. "Cuando logramos que Natalia se abriera y dijera lo que pasó realmente, me llama otra de mis hijas un día en la noche y me cuenta que mataron a la guagua. Le dije que eso había que denunciarlo inmediatamente y así la Natalia fue a declarar voluntariamente", señala.

"Nosotros también nos consideramos víctimas de Castillo. Esto es sobre mi hija y sobre mi nieto. Para mí es una cuestión muy difícil. Me ha costado mucho llegar a entender todo y, obviamente, no perder la óptica de que mi hija fue víctima, porque también la consideré victimaria en algún minuto", señala Gustavo Guerra, quien agrega que "cuando partió todo esto pensaba qué hizo. Ahora lo pongo en duda: ¿Lo habrá hecho? No sabemos realmente si la guagua fue tirada al fuego o no", señala el padre de Natalia: una de sus esperanzas es que su único nieto, a quien llamaron Jesús, se encuentre "desaparecido" y que haya "sido entregado a terceros".

Desde que Natalia está en prisión preventiva, Gustavo Guerra va a ver a su hija los lunes y viernes, que son los días de visita. Dice que, en este tiempo, Natalia se ha dedicado a tejer y que, también, participa en un taller de mosaicos. El viernes, en su última visita, ella le comentó una idea. "Cuando salga libre, quiere iniciar una organización de ayuda para detectar sectas y ayudar a la gente que esté involucrada en ellas. Esa es su motivación", dice.b

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