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Actualizado el 09/08/2009
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Las vías nerviosas que permiten socializar a humanos y animales

Autor: Sebastián Urbina

Son un grupo de neuronas capaces de hacer una lectura rápida e intuitiva del entorno. Se conocía su presencia en el cerebro humano y de algunos primates, pero ahora se descubrieron en elefantes, ballenas y delfines.

Las vías nerviosas que permiten socializar a humanos y animales

Inteligente, comunicativo y dado a convivir en grupos, todo lo cual mejora su posibilidad de sobrevivir, es una forma de describir al ser humano. Pero lo mismo se puede decir de gorilas, elefantes y ballenas, animales que comparten con el hombre su capacidad de socializar. Un rasgo que conlleva interactuar y cooperar con nuestros pares -clave para el aprendizaje- ha sido estudiado por los especialistas desde hace tiempo. Pero la muerte de la elefanta Simba en 1995, en el zoológico de Cleveland (EEUU), marcó un hito en esta investigación.

Doce años después de su fallecimiento, una tajada de su cerebro fue a dar a manos de John Allman (66), neurocientista del Instituto de Tecnología en Pasadena, California.

Con una máquina similar a la que se usa para cortar fiambres obtuvo más de un centenar de finísimas lonjas para mirar bajo el microscopio. Su observación permitió encontrar un grupo de neuronas (células del sistema nervioso) que se conocían que estaban en el cerebro humano y en el de algunos primates, pero de las que se ignoraba su presencia en otras especies.

Claro que el hallazgo de Allman no fue accidental. El sólo seguía una intuición de un pionero en la disciplina de identificar neuronas: el anatomista Constantin von Economo, quien en 1881 en Viena descubrió y en 1926 describió a la perfección estas células, tras lo cual pasaron al olvido.

AUTOMONITOREO
En su trabajo, el austríaco habla de la existencia de unas neuronas alargadas que, en cada punta, rematan en una terminal nerviosa única. Igual que un cable común y corriente.

Lo habitual es que las neuronas tengan varias extensiones por donde entran estímulos, y un gran cable -el axón- por donde sale la respuesta. Pero estas células nerviosas -hoy conocidas como Von Economo- son cuatro veces más grandes y escasas en número. Las encontramos en los grandes simios, aunque en los primates menores como macacos, lemures o traseros, no existen.

Hoy sabemos, además, que se encuentran en sólo dos áreas cerebrales: la corteza cingulada anterior (CCA) y la ínsula frontal (IF). Ambas zonas permiten el automonitoreo, como en el caso de las sensaciones de dolor y hambre del propio cuerpo.

En tanto, la IF juega un rol específico en la generación de emociones sociales, como la empatía, confianza, culpabilidad, bochorno o, incluso, sentido del humor. Esta área es la que se activa cuando una madre escucha llorar a su guagua o cuando alguien se esfuerza en determinar en el rostro del otro, qué intenciones tiene. La IF monitorea y reacciona a las “corazonadas” que surgen de su interacción en la red social.

“Es el nexo entre este automonitoreo y la conciencia que tenemos de los demás lo que nos permite entender los sentimientos ajenos”, explica Allman en la edición de junio de Smithsonian Magazine. En su opinión, la autoconciencia y la conciencia social son parte de una misma función y las neuronas de Von Economo son parte de esto.

COMUNICACIÓN RÁPIDA
Allman cree que estas neuronas son una vía rápida y expedita a otras zonas del cerebro. El que sean inusualmente largas es algo que en el sistema nervioso se relaciona con velocidad. “Son grandes neuronas que hacen una lectura muy rápida de algo, para luego enviar esta información velozmente a otro lugar”, agrega este investigador.

Entonces, como nuestros ancestros primates evolucionaron desde hace unos 13 millones de años con cerebros cada vez más grandes, necesitaban conexiones de alta velocidad para enviar mensajes a través de mayores distancias. “Al ser de mayor tamaño, la comunicación dentro del cerebro se hace necesariamente más lenta”, dice Allman. Y agrega: “Una forma de manejar esto es tener pequeñas poblaciones de células especializadas, que son más rápidas”.

Dado que estas neuronas se encuentran en las zonas encargadas de socializar, permiten una lectura rápida e intuitiva de situaciones volátiles y cargadas emocionalmente. Así, estas neuronas permiten que el cerebro realice ajustes rápidos acordes con los contextos sociales que cambian.

En la prehistoria, este cableado cerebral pudo brindar una ventaja de sobrevida a nuestros ancestros, permitiéndoles hacer al instante juicios certeros sobre en quién confiar o no.

RELACIÓN DE COOPERACIÓN
Allman y Patrick Hof, este último neuroanatomista de la Escuela de Medicina de Monte Sinaí en Manhattan, han buscado las neuronas de Von Economo en más de 100 especies animales, desde los perezosos hasta los ornitorrincos. Sólo unos pocos de ellos -además de los primates y elefantes- las tienen, como es el caso de la ballena jorobada, el cachalote, la ballena rorcual, la orca y el delfín nariz de botella. Es decir, estos circuitos evolucionaron en especies extintas que dieron origen a estos mamíferos marinos hace unos 35 millones de años.

Al microscopio se ha visto que estas neuronas en el elefante son más grandes que las del hombre y los primates, aunque de un tamaño similar al de las ballenas. Pero todas tienen una forma que no permite margen de error: son Von Economo.

La mayor abundancia de ellas se encuentra en los humanos. Mientras en la ínsula frontal derecha del elefante hay 10 mil, que representan un 0,8% del total de esas neuronas, en el hombre hay 193 mil, un 1,25%. En números absolutos, el hombre tiene alrededor de medio millón, una cantidad mucho mayor que la encontrada en los cerebros de elefantes, ballenas o grandes simios.

Se trata de mamíferos con cerebros grandes, que viven una larga juventud durante la cual aprenden de sus mayores. Se reconocen entre ellos y desarrollan relaciones de cooperación a lo largo de sus vidas. Incluso en el caso de las ballenas asesinas, éstas cazan en grupo y protegen a las crías cuando sufren heridas. Y en los elefantes, se ha visto que adoptan crías huérfanas y toda la manada ayuda en su alimentación y protección, algo que revela un comportamiento social complejo y coordinado, según Allman.

CONFIRMACIÓN
La teoría de este investigador de California ha sido descartada por muchos escépticos, como el antropólogo Terrence Deacon, de la U. de California en Berkeley. En su opinión, las características humanas de nuestro cerebro se deberían a cambios de gran escala y no a sutilezas como las neuronas Von Economo.

El neurólogo William Seeley, de la U. de California en San Francisco, en tanto, ha descrito el caso de pacientes con una enfermedad de la que poco se sabe: la demencia frontotemporal. En ella, el carácter de la persona sufre un colapso, perdiendo su empatía y tacto social, volviéndose insensible, errático e irresponsable. Los matrimonios y las carreras profesionales se destruyen. Incluso pierden la autoconciencia de su cuerpo: cuando se les diagnostica otra enfermedad, niegan tener algún problema.

Al saber de la teoría de Allman, Seeley se reunió con él y analizaron los cerebros de varios de estos pacientes fallecidos. Descubrieron que el 70% de las neuronas Von Economo estaban destruidas, mientras que el tejido vecino estaba intacto. Una clara demostración de que al destruirse estas células, colapsa todo el sistema de socialización.

Otra prueba de que nuestros cerebros pueden ser más parecidos a otros animales inteligentes y sociales de lo que pensábamos.

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