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Actualizado el 28/04/2017
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Libre de oficina

Autor: Álvaro Peralta Sáinz

Gracias a la tecnología, e incluso, algunas normativas legales, cada día se hace menos difícil realizar una actividad remunerada sin necesidad de acudir a diario a una oficina. Algo no menor –por ejemplo– en una ciudad como Santiago, donde el desplazamiento se hace cada día más lento y costoso.

Libre de oficina

A partir del primero de abril, con la entrada en vigencia de la Reforma Laboral, los trabajadores que cumplen con ciertos  requisitos y tienen algún tipo de responsabilidad familiar especial, pueden acordar con sus empleadores realizar parte de sus funciones desde su casa o fuera de su oficina habitual. Esto podría darle un empujón a lo que se conoce como teletrabajo, modalidad que en la última década se ha ido extendiendo progresivamente a distintas áreas. En el Reino Unido, donde vienen midiendo este fenómeno desde 1998, se estima que en 2014 había 4,5 millones de personas –de un universo de trabajadores que supera los 30 millones- realizando sus labores desde su hogar; la cifra más alta registrada hasta ahora. En Chile, según cifras del Ministerio del Trabajo de 2015 la suma aún es incipiente y se empina levemente por sobre las 500 mil personas. Sin embargo, todo indica que se trata de una tendencia en alza.

En una primera etapa, el teletrabajo estuvo muy ligado –literalmente– al uso del teléfono: personas que se dedicaban a la venta de servicios, productos bancarios o incluso AFP e isapres. Para empezar a ver a profesionales con ocupaciones más variadas hubo que esperar que se masificara la internet domiciliaria y los smartphones –chats, WhatsApp, Twitter y Facebook mediante- ayudaron mucho. Desde entonces fueron multiplicándose las personas que lograban esquivar la oficina y hacer una carrera desde el hogar o del café más cercano si es que no tienen el espacio o la tranquilidad suficiente como para quedarse en su living. De hecho, este tipo de establecimientos han captado la necesidad de este segmento y varios hoy ofrecen buena señal de wifi para que sus clientes puedan instalarse con sus computadores e incluso cadenas como Starbucks y Juan Valdez cuentan –en algunas de sus sucursales– con espacios para realizar reuniones.

El periodista especializado en videojuegos Alejandro Alaluf trabaja mayormente desde su casa desde hace casi una década. Ahí prepara sus clases en la Universidad Católica, las asesorías para la productora Fábula y Fox Sports y testea productos. “Al principio me costó, caía muy fácil en tentaciones domésticas como el refrigerador, el dormitorio o la televisión. Pasó cerca de un año hasta que logré agarrar un cierto ritmo y productividad”, explica.

Por otra parte, el abaratamiento de una serie de tecnologías ha liberado a muchos del trabajo presencial. Por ejemplo, la actriz Teresa Hales conduce diariamente un programa en la radio Romántica y graba locuciones para publicidad, videos institucionales, contestadoras telefónicas o cursos a distancia. Varias de éstas se hacen en estudios con equipos técnicos más sofisticados, pero aún así ella pasa varias horas de la semana ocupada en su casa grabando en la pequeña oficina que acondicionó para eso. Ahí no necesita ni técnico ni operador de sonido, sólo silencio.

La socióloga Carolina Moreno, que es editora de la Revista Dimensiones –dependiente de la Oxford Poverty and Human Development Initiative (OPHI) con sede en Inglaterra– desarrolla su tarea desde la ciudad alemana de Hamburgo. “Mi coeditor está en Chile y los investigadores que nos colaboran siempre están viajando”. En enero hizo el trabajo desde Chiloé, donde estuvo de vacaciones y en general trabaja de nueve a una de la tarde mientras su hija está en el jardín y luego lo retoma en la tarde-noche.

Una de las novedades es que este sistema ya no es patrimonio exclusivo de quienes funcionan en modalidad freelance. También hay personas que tienen un contrato con un único empleador, pero que no les pide estar en una oficina, o al menos no se los exige siempre. El ingeniero informático chileno Andrés Contreras vive en Cabo Frío, Brasil, y es empleado –a tiempo completo- de una compañía colombiana de desarrollo de software. “Trato de cumplir las ocho horas diarias, aunque muchas veces termino cuadrando los fines de semana las que me faltan para cumplir con las tareas”, explica y agrega que sólo necesita su computador, conexión a internet y un ambiente tranquilo.

Lo que está pasando

Más allá de los casos individuales, la flexibilidad para poder prescindir de la oficina “va en aumento, ya que es percibida como un beneficio de alto valor por los empleados de las empresas”, explica la sicóloga Pamela Jiménez, socia de Equation Partners, consultora especializada en la búsqueda de ejecutivos. Según un estudio de octubre del año pasado realizado en Estados Unidos entre investigadores de las universidades de Princeton y Harvard, más que flexibilidad horaria lo que realmente valoran los empleados es justamente poder desarrollar sus actividades bajo esta modalidad. Según la investigación, hasta estarían dispuestos a ganar menos con tal de no tener que ir a la oficina, y la modalidad tiene otros beneficios como un aumento de la productividad de alrededor de un 10 por ciento, ahorro de emisiones contaminantes por concepto de transporte y mayores posibilidades para las personas con algún tipo de discapacidad que les dificulta salir y desarrollarse en el ámbito laboral.

Aquí en Chile esa forma de trabajar también despierta interés, sobre todo en la medida en que más mujeres se incorporan al trabajo y -por otra parte- los hombres empiezan a asumir labores de la casa de manera más sistemática. “Por lo mismo, las empresas que están comprometidas con incrementar el engagement, lo incorporan dentro del set de herramientas para hacer más atractiva su organización y atraer a los mejores talentos”, dice Pamela Jiménez. Un ejemplo es lo que está haciendo Scotiabank. “Desde el 2016 venimos desarrollando en etapa piloto nuestro programa de Home Office, pero sin perder el contacto con el resto del equipo”, cuenta Jacqueline Balbontín, vicepresidenta de Recursos Humanos & Asuntos Corporativos de Scotiabank Chile. Para eso tienen dos alternativas: la permanente, bajo la cual una persona puede trabajar desde su casa máximo dos días a la semana; y otra circunstancial, que se da ante una situación particular del colaborador, también por máximo dos días a la semana, en un periodo determinado. “Esperamos masificar este piloto en más áreas durante este 2017”, dice la ejecutiva.

En la consultora de recursos humanos Mandomedio, mientras tanto, tienen desde hace años empleados que no operan desde la oficina. “Se trata de sicólogas que coordinan distintos tipo de evaluaciones que realizamos. Incluso una de ellas lo hace desde México y la verdad es que funciona sin problemas”, dice Rodrigo Correa, gerente de esta organización, quien explica que como trabajan con muchas mujeres, han ido adoptando este modelo para facilitar la conciliación de trabajo y familia: “Eso ha generado un mayor engagement entre la empresa y estas colaboradoras además de un desempeño que ha sido muy bien evaluado por nuestros clientes”.
El sector público también está dando algunos pasos en ese sentido con un programa piloto en el Instituto Nacional de Propiedad Industrial (Inapi) de trabajo a distancia que tiene como objetivo poder evaluar cómo funciona este sistema en general en el sector estatal.

En el Ministerio del Trabajo también afirman que esta es una tendencia mundial, pero también aclaran que hay que estar atentos sobre todo ahora que la Reforma Laboral da más posibilidades para el teletrabajo, a los problemas que se puedan dar en las empresas e instituciones cuando se implementan este tipo de fórmulas. “Es clave”, advierte Francisco Díaz, subsecretario de esa cartera, “cuantificar la carga que se le encomienda a cada persona que está bajo esta modalidad. Hay que estar siempre atentos a que no se cometan abusos que signifiquen precarización, informalidad o trabajo infantil”.

Díaz destaca que según el artículo 22 del Código del Trabajo, los trabajadores que prestan servicios preferentemente fuera del lugar de la empresa -mediante la utilización de medios informáticos o de telecomunicaciones- quedan excluidos de la limitación de jornada de 45 horas semanales. Por lo mismo, hay que tener mucho cuidado para que el teletrabajo no termine siendo sinónimo de abuso o sobrecarga laboral.
Ventajas y desventajas

Según Alejandro Alaluf, las ventajas de quedarse en casa son obvias: “Tienes todo lo tuyo a mano y si quiero, ahora después de hablar contigo, puedo ir a tenderme a mi cama o tomar una cerveza”. la diseñadora gráfica Paula Maldonado piensa lo mismo: “Lo mejor es que puedes manejar tu horario. Darte algún tiempo libre y luego recuperarlo en otro momento”. Lo que más valora Teresa Hales es precisamente esa libertad. “Cuando puedo trabajo de noche. Además, no necesito estar presentable y si quiero, puedo trabajar sin zapatos e incluso en pijama”. Para Carolina Moreno, en cambio, la principal ventaja es que puede pasar más tiempo con su familia e ir a buscar a su hija al jardín infantil todos los días, “algo que en estos tiempos es un privilegio”. Pero por otra parte, advierte Alaluf, “se puede desarrollar un fuerte sedentarismo, así que hay que tener cuidado”, dice y también confiesa que a veces echa de menos la sociabilidad que se da en una oficina y tener con quien conversar en la mitad del día. “No hay cafecitos ni almuerzos con los compañeros”, dice Carolina Moreno, “por lo mismo, cuando me descubro conversando con los muebles, paro y me tomo un descanso”.

Paula Maldonado advierte que “si no te organizas puedes fracasar absolutamente, porque siempre está la tentación de hacer otra cosa más divertida que trabajar. Y si además tienes que hacer las ‘labores del hogar’, puedes terminar muy mal”. La presencia de los niños en la casa es algo que hace más difíciles las cosas cuenta ella: “Muchas veces debo decirles que hagan como que no estoy”.

Pero más allá de los posibles vicios lo cierto es que –al menos para los que han accedido voluntariamente a trabajar de esta manera- este sistema es ventajoso e incluso agradable. Lo dice el autor de esta crónica, que la reporteó y escribió desde su casa, en compañía de su hijo de cuatro años. Algo que en la redacción de cualquier diario o revista sería totalmente imposible.

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