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Actualizado el 22/09/2017
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Llega el documental de Lady Gaga que humaniza a la estrella pop

Autor: Andrés del Real

En Gaga: five foot two, que Netflix estrena hoy, la solista expone sin tapujos sus inseguridades y problemas de salud, algo cada vez más común entre sus compañeras de generación.

Llega el documental de Lady Gaga que humaniza a la estrella pop
En el filme, la cantante intenta mostrar quién es Stefani Germanotta, su verdadera identidad. Foto: Netflix

Como ha ocurrido en prácticamente todos los documentales sobre estrellas pop del último tiempo, el que Netflix estrena hoy sobre Lady Gaga tiene a la propia cantante como productora. Un detalle no menor si lo que el espectador busca son revelaciones no autorizadas o secretos inconfesables de la celebridad en cuestión. Por el contrario, todo lo que se muestra en los 100 minutos Gaga: five foot two fue aprobado -y probablemente escogido con pinzas- por la intérprete de Bad romance y su equipo, aunque de esa calculada selección se desprende lo más interesante del proyecto.

Dicho de otro modo: aún cuando sea difícil no ver en el filme del director Chris Moukarbel otra cosa que un elaborado ejercicio promocional, similar al de Life is but a dream de Beyoncé o The 1989 World Tour de Taylor Swift, no deja de ser significativo y digno de análisis lo que Lady Gaga quiere mostrar al mundo hoy, a pocos días de revelar que padece fibromialgia y de cancelar su show en Rock in Rio junto a varias fechas más de su gira mundial debido a los “severos dolores físicos” que este mal crónico le provoca, según explicó en Twitter.

“Quiero poder llegar a ser una rockstar anciana”, se lamenta entre lágrimas la solista en un momento del documental, mientras recibe un masaje en su cuerpo antes de un concierto. Una imagen que se repite varias veces durante el filme, en el que se nota un esfuerzo por presentar al público a la persona real detrás de la estrella, la que como cualquier mujer de 30 años debe lidiar con inseguridades personales y quiebres amorosos, además de los dolores musculares que se agudizaron tras su mediática lesión a la cadera de 2013. Todo esto, en medio del intenso trabajo creativo y posterior lanzamiento de su último y más descarnado álbum, Joanne, con su actuación en el Super Bowl de febrero pasado como punto cúlmine.

En ese sentido, la cinta estrenada en el reciente festival de Toronto es una crónica sobre la rutina de Stefani Germanotta, la mujer que Lady Gaga escondió por años detrás de antifaces y vestidos extravagantes, y que ahora firma autógrafos a cara limpia, abraza emocionada a su abuela al recordar a su fallecida tía Joanne -la que inspira su disco-, luce orgullosa su cuerpo con escasa ropa o incluso dispara contra Madonna por criticarla en los medios. “Si tengo un problema con alguien voy y se lo digo a la cara”, alega a la cámara.

Una como usted

Si bien los últimos “popcumentales” coinciden en su afán por mostrar estrellas humanas, sus agotadoras giras y su devoción por los fans, Gaga va un paso más allá y con Five foot two parece oficializar una nueva tendencia: la de la superestrella vulnerable. Ya no basta con aclarar que las divas del pop también sufren, ahora hay que exponer esos problemas físicos y mentales, compartirlos con sus seguidores e idealmente transformarlos en una obra artística.

Suponer sólo cálculo y estrategia puede ser algo apresurado, como también sería algo ingenuo no situar la alianza de Gaga con Netflix dentro de un contexto particular: en una industria del entretenimiento cada vez más tolerante, figuras como Sia y Selena Gomez han salido a revelar sus batallas contra la fobia social y el lupus, respectivamente.

Lo mismo Kesha, cuyo nuevo álbum intenta exorcizar un historial de abusos. “Todos somos humanos, íconos como Selena Gomez y Lady Gaga son maravillosos ejemplos de honestidad para este mundo tan crítico”, dijo en Twitter.

Esa sinceridad hasta hace poco impensada para figuras de este calibre, las que por años sufrieron en silencio y lejos de los flashes, es la que deja ver Lady Gaga en las diversas escenas en que aparece recostada sobre una camilla y con ojos llorosos, reconociendo la privilegiada cobertura médica que dan el dinero y la fama antes de preguntar a la cámara: “¿Me veo muy patética?”.

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