Los polluelos De Gavardo

De Gavardo

El Cóndor de Huelquén dejó un legado. Lo dejó en casa, pues sus dos hijos están dedicándose al motociclismo y también los tres retoños de sus hermanos. Uno ya está en el rally, otro fue seleccionado de enduro, otros verán de a poco si se dedican al ciento por ciento. Un clan que Carlo mira desde arriba.




"Hay De Gavardo para rato. Ése debiera ser el título". Lo dice con seguridad Tomás de Gavardo, hijo del fallecido Carlo, futuro estudiante y periodista aficionado, tras la sesión de fotos en su fundo de Huelquén, junto a su hermano y primos. Al mayor (18 años) de los hijos del Cóndor le gusta escribir pero más, mucho más, el sonido de las motos. Y no sólo a él: también a su hermano Matteo (14); a sus primos Eloy (15) y Franco (14) y hasta al pequeño José Manuel (10). Todos los hijos y los sobrinos directos de Carlo de Gavardo corren en moto. Incluso su única sobrina, Teresita (8), tiene su moto propia, pero a ella no la dejan andar. Se perdió la foto.

Es cierto lo que dice Tomás, hay De Gavardo para rato en el motociclismo nacional: él haciendo sus primeros años en el rally y su hermano y los primos como enduristas, incluso con experiencia internacional.

Los del enduro acostumbran a entrenar juntos, en los mismos campos que vieron y escucharon el paso de Carlo y su hermano Giorgio de Gavardo Prohens (papá de Eloy y Franco), cuando compartían la pasión por las motos.

Los niños, eso sí, son más responsables que sus antecesores. Así lo confiesa Giorgio hijo, quien recuerda con alegría los tiempos de moto con su hermano: "A mí no me asusta lo que hacen, no son nada de locos, comparados a como era Carlos y era yo, que éramos rayados y no teníamos control de nada. Estos cabros son súper profesionales, lo hacen en familia. Van bien, unos se quieren dedicar, otros no, y yo, feliz".

No es casualidad que los cinco sean así. "Es que nos hemos preocupado de que se pongan el casco, anden despacio, si tienen que andar rápido, que sea en la carrera. Por eso yo los comparo con Carlo y conmigo. Nosotros andábamos sin casco, parando rueda, haciendo leseras, estos niños son bien educados", cierra el hermano de Carlo, el gran incentivo de los muchachos, según dice su padre homónimo.

El abuelo de todos ellos, Giorgio de Gavardo Leva, el eterno compañero del Cóndor en su carrera internacional, ahora hace lo mismo con Tomás, quien ya se pasó al rally. ¿Asustado o feliz? El patriarca de los De Gavardo contesta: "Espero que no tengan accidentes, eso es lo que más me desespera. Yo ya pasé un período largo con muchos accidentes, muchas cosas (suspira) y como que ya se me cansó el alma. Acompaño a Tomás y pucha que me duele no verlo llegar. Es la misma sensación que con Carlo".

Igual, el abuelo dice que "lo más importante es que están juntos y lejos de las drogas y los carretes o salir a tomar".

El hijo mayor

Tomás, el rallista, tiene 18 años y un discurso claro: corre rally porque le gusta y para lograr grandes cosas. "Este año voy a hacer todas las fechas del Nacional, buscando ganar mi categoría, Producción, y en la general estar siempre dentro de los cuatro primeros. El próximo año quiero ver el calendario del Mundial, adaptarme a él, para ver qué carreras hay que hacer para ser campeón mundial junior, como hizo Nacho Cornejo", dice el piloto.

Ya tiene seis carreras en el cuerpo: "Los resultados no fueron tan bien. En el Desafío del Desierto fui segundo. En Copiapó, tercero. Pero en los nacionales tuve problemas en todas las carreras. Preparé una moto con el mecánico de mi papá, pero era de enduro y nunca pude encontrar el ritmo. No eran motos aptas para eso".

Ahora monta una KTM que usó Pablo Quintanilla en el mismísimo Dakar.

Además, practica enduro, pero no corre, no da económicamente.

"Sé que mis condiciones están en el rally, pero no voy a desaprovecharlas", comenta. ¿Cuáles son esas condiciones? Tomás responde: "Cuando uno se mete al desierto y no se pierde y le gusta lo que hace, se da cuenta de que puede hacerlo muchas veces. Y caerse y levantarse y correr con ese riesgo siempre. Soy muy maduro y sé que no voy a jugar a una carrera".

Asegura también que hubo dos motivos para meterse al rally: aprender a navegar y la mecánica bajo presión. Además, señala que "el enduro tiene menos difusión".

Está decidido, aunque después de la repentina muerte de su padre, en julio de 2015, dejó totalmente de lado las motos por un año. Ahora entrena duro y corre con grandes esperanzas. Y con una mochila propia también. "Cuando me dicen si no tengo que igualar lo que hizo mi papá, es difícil; él fue tres veces campeón del mundo, tercero en el Dakar. Si puedo llegar a algo cercano a eso, fantástico, pero siempre les digo lo mismo: él fue él y yo soy yo", manifiesta.

Tomás de Gavardo explica que trata de tener una vida normal y le recomienda lo mismo a Eloy, el primo que aparece como él con mayores ganas de hacerse profesional. "Tiene que tener una vía de escape. Para unos es el cine o qué se yo. El mío son los amigos, la bicicleta", declara.

¿Cuál era la vía de escape de su papá? Tomás responde con seguridad: "Nosotros. Irnos de paseo, en bicicleta, en moto, de viaje, salir a comer. Lo que a él le encantaba eran las motos de agua. Se iba desde Las Tacas hasta Tongoy, por el mar, decía que hasta lo seguían los delfines".

Según su abuelo, don Giorgio, Tomás no se parece tanto a su padre. "Es que Carlo partió en el enduro. Era más tranquilo. Éste se tiró al tiro a los leones y qué le va uno a decir: ellos mandan, uno no les puede cortar las alas".

Matteo, probando por ahora

El otro hijo de Carlo de Gavardo no se ha metido tanto en las motos. Está esperando mejorar sus resultados para dar el salto a la completa dedicación.

"Ojalá esto sea para la vida, pero como voy, no lo sé. Ojalá empiece a irme mejor y ahí iremos viendo. Este año estamos entrenando más en serio, todos los días enfocados en la moto", explica.

Sobre el hecho de estar periodicamente entrenando con un grupo familiar, declara: "Es afortunado para nosotros, porque tenemos casi la misma edad. Tomás tiene dos años más, pero él ya hace otro deporte. Los tres vamos a entrenar todos juntos y como Eloy anda mejor en los resultados, tratamos de que él nos enseñe. Siempre nos gana".

Lo que sí tiene claro Matteo es que no va a poner su famoso apellido por delante. "Franco y yo no tenemos mucho apoyo. Y está bien, porque no hemos ganado nada todavía. Llegar con el apellido es precisamente lo que no quiero. Si se acerca alguien que no sea porque soy Matteo de Gavardo, sino que me diga que estoy andando bien y quieren que sea parte de su equipo".

El deportista aclara que su papá nunca lo presionó: "Sólo cuando nosotros decíamos, ahí entraba. Siempre me gustó la moto, pero nunca me obligó. Cuando ya se fue, me puse más firme a practicar".

Los dos hijos de Carlo de Gavardo, por su edad, no lo vieron brillar cuando el Dakar se corría en África o sus títulos mundiales. Igual, dice Matteo: "Yo no lo veo tanto como un ídolo deportivo, sino como mi padre".

Eloy, el de la esperanza

"El más profesional, el 'Carlo mejorado', es Santiago Eloy. Ordenado, metódico, mucha gimnasia, entrenamiento, en moto por aquí (muestra el campo) a las 7 de la mañana". Así define el abuelo al hijo mayor de Giorgio de Gavardo Prohens.

Eloy se subió a una moto a los cuatro años, tuvo una fuerte caída y no se volvió a subir en un tiempo largo. Pero volvió de a poco. "Y ahora todos los días pienso en motos", asegura.

"Quiero dedicarme a esto y llegar a lo más alto. Lo que más me gusta es el enduro extremo. También estoy entrenando motocross, que también me gusta. Me gustaría ser campeón mundial de enduro", prevé.

Hoy participa en enduro, en Superexpertos en el Nacional, y ha estado en carreras internacionales como los Six Days, una fecha del Mundial en Francia y quiere ir a la de Argentina, en octubre.

Lo del apellido, dice, le da orgullo. "Me gusta que toda la familia estemos relacionados con las motos y lo pasamos bien. Afuera, en España, por ejemplo, había muchas personas que conocían a Carlo y eran sus amigos, así que nos llevamos muy bien".

Su papá agrega: "El mayor de Carlo y el mayor mío se quieren dedicar. Yo, feliz. Que estudie, que se prepare y yo voy a poner todo mi empeño para ayudarlos".

Franco, por el camino

El menor de los hijos de Giorgio aclara que esa lejanía con las motos se acabó cuando llegaron como regalo unas XR. Eso, en 2010, mientras que en 2013 empezaron las carreras.

"A mi hermano le gustaba más y yo lo seguí y también porque mi tío andaba. Mi papá corrió en moto y de a poco nos hemos ido metiendo", señala.

Seleccionado de fútbol del colegio ("me sirve como entrenamiento", dice) Franco asegura que Eloy era mejor también para la pelota. "Pero él ya no juega, es sólo motos".

Para Franco de Gavardo, las motos son "un hobby que puede crecer".

José recién empieza

Josito tenía pena. No pudo posar con su moto porque se le echó a perder el mismo día de la reunión en La Vega. Duro para un chico de 10 años, que se ha integrado al equipo hace poco, pues recién se mudó con su familia desde San Pedro de Atacama a Huelquén

"Desde chico, de los tres años, que corro. Mi papá me regaló una moto, me dice que vaya a una carrera, yo le acepto y terminamos primero. De ahí me comenzó a gustar, quiero dedicarme", relata con seguridad.

¿El apellido? "No sólo porque Carlo fue tres veces campeón mundial, influye. El apellido no es algo tan especial, es sólo un apellido".

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