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Actualizado el 18/04/2017
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Los sapos

Autor: Juan Cristóbal Guarello

Cuando Pablo Guede habla de una conspiración al interior de Colo Colo y acusa de que hay un sapo en el plantel o el cuerpo técnico, no especificó bien, surge una pregunta natural: ¿contra quién es la acusación? Dejemos a un lado la vocación paranoica habitual de los entrenadores, del mundo del fútbol en general, y esa característica tan propia del técnico albo de creer que gana el más vivo y no el que trabaja mejor. Digamos, ante la posibilidad de elegir entre la picardía y la eficiencia, Guede, refrendado mil veces con sus palabras, se inclina fervorosamente por la picardía.

Pero, como dije más arriba, concedámosle al entrenador un margen de razón: en Colo Colo hay una conspiración. Alguien, inespecífico, quiere joder a Guede y para lograrlo lanza informaciones falsas a la prensa, con el fin de hacerlo enfadar y de paso distraer al plantel para que no salgan campeones. El iracundo DT albo debió avanzar en su acusación, ya que estaba tan enojado, ya que quería dejar claras las cosas, debió poner nombre y apellido al asunto. Pero no lo hizo.

Es muy evidente la guerra interna en Colo Colo. Por un lado un entrenador empoderado que metió a su representante Leonardo Cauteruchi hasta la cocina y consiguió el milagro de que Paulo Garcés fuera renovado y con un jugoso aumento de sueldo. ¡Toma! Aquí no se trata de matar a Garcés, pero que le hayan extendido el contrato tres temporadas con el nivel que ha exhibido actualmente sólo se explica por el poder y la influencia de Guede y Cauteruchi dentro del club. Hacen lo que se les canta.

¿Y por qué ocurre esto? Porque el presidente es un individuo débil, inseguro, que al primer grito del entrenador se esconde en el entretecho, que en cada crisis del equipo desaparece por varias semanas y sólo se le ve la cara para cosas sin importancia. Mientras, la Garra Blanca arma hasta un funeral dentro del estadio.

Con estos antecedentes, no hay que ser muy inteligente para colegir que la acusación de Guede va hacia la directiva. Y tiene lógica. Como no lo pueden enfrentar cara a cara, vuelan los rumores, las patadas bajo la mesa, los cachamales.

¿Quién tiene la razón? Ninguno. Por un lado, un presidente de morondanga que sólo la ley de las Sociedades Anónimas, o sea, pagó por ser, lo puso como presidente de Colo Colo. Por otro, un técnico que confunde su rol, que se cree mejor de lo que es y que piensa que ganando un par de títulos como hubo decenas en el club es más importante que el Zorro Álamos, Mirko Jozic, Gustavo Benítez o Claudio Borghi.

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