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Actualizado el 17/02/2017
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Los testimonios de jóvenes que lograron entrar gratis a la educación superior

Autor: F. Guzmán y D. Aguayo

Explican que la gratuidad permitirá alivianar la carga económica de sus familias. Para muchos, este beneficio no es solo una ayuda, sino también la oportunidad de mejorar su futuro.

Los testimonios de jóvenes que lograron entrar gratis   a la educación superior
Los estudiantes Felipe Poblete, Johan Ramírez, José Ignacio Poblete y Julio Alvarez entregaron sus testimonios sobre el beneficio educacional.

Felipe Poblete: “Este beneficio es algo  caído del cielo”

Con 21 años, Felipe Poblete se matriculó este año para estudiar ingeniería mecánica automotriz en el Inacap y es uno de los beneficiarios de la gratuidad. “Me ayuda en hartas cosas, porque a mis papás les cuesta pagar mis estudios”, explica.

Cursó la educación media en un colegio técnico, donde se dio cuenta de que le gustaba la mecánica, profesión a la que se ha dedicado hasta el momento: “Igual es difícil congeniar trabajo y estudios, por el horario, pero me dan la posibilidad para irme más temprano”, dice.

Añade que en su trabajo empezó “hace poco para tener más conocimiento, voy practicando lo que aprendo”.

Haber sido beneficiado con la gratuidad es algo que no solo lo ayudará a él, sino también a toda su familia, compuesta por sus padres, ambos trabajando, y una hermana menor de ocho años.

“Fue un peso menos para toda mi familia, ya que hasta ahora tenían cómo pagar”, detalla el joven estudiante y agrega que no tener esa carga de gastos ayuda a “mis papás, porque igual es harta plata. Ese mismo dinero ahora lo podrán ocupar en algo más, o para ahorrarlo para mi hermana”.
Para Felipe, el beneficio estatal es, para quienes lo recibieron, “algo caído del cielo. La gratuidad es muy buena”.

Johan Ramírez: “Es inclusiva; soy extranjero y salí con la beca”

Hace siete años, Johan Ramírez (18) llegó junto a su madre desde Cali para vivir en Santiago. La búsqueda de una mejor calidad de vida los motivó a dejar Colombia para intentar formar una nueva vida en la capital. Desde esa fecha, ambos comparten una casa ubicada en la calle Santa Rosa con Avenida Matta. La madre trabaja desde su hogar y se encarga de las labores domésticas; el padre, en tanto, manda cada cierto tiempo una pensión desde el extranjero para la mantención familiar.

Johan terminó la escolaridad en el colegio New Henrich de Ñuñoa, lugar donde entendió que el diseño le era fácil y las matemáticas no significaban un desafío complejo de superar. Por eso rindió la PSU pensando en quedar seleccionado en la carrera de Arquitectura de la U. de Chile. Lo logró. Ponderó cerca de 650 puntos y obtuvo ayer el beneficio de la gratuidad.
Pese a reconocer que fue crítico con parte de la reforma educacional cuando era escolar, el apasionado por la guitarra, la pintura y los museos explica que la medida del gobierno es positiva, pero que debería tener un constante sistema de mejoras. “La gratuidad está muy bien concretada porque beneficia a muchas personas. También es inclusiva. Soy extranjero y salí con la beca”, afirma Johan.

José Ignacio Poblete: “Pagaba $ 110.000 cada mes más dos matrículas de $ 130.000”

“La gratuidad me trajo un alivio porque yo estaba trabajando para poder pagar lo que restaba de la universidad”, cuenta José Ignacio Poblete (19), quien este 2017 entró a segundo año de automatización y control industrial en el Inacap. “Con eso me puedo enfocar en mis estudios.

El año pasado me salió la beca Nuevo Mileno de $ 600.000, pero tenía que pagar $ 110.000 mensual mas dos matrículas de $ 130.000”, explica y añade que, por este motivo, él y su familia “trabajamos en la feria para poder pagar la mensualidad”.

José cursaba la jornada vespertina, y el año pasado “trabajaba en las mañanas, llegaba a las 2 de la tarde y de ahí hacia tareas, estudiaba, el fin de semana el mismo horario”, situación que espera que este año, gracias al beneficio, sea menos compleja para él.

Actualmente, vive con su hermana y su papá, quien desde hace un año está cesante. “Antes era vendedor en una tienda, ya después quedó cesante y tuvimos que buscar opciones y de ahí en adelante”, dice.

Para él “la gratuidad abre la puerta par que muchos jóvenes pueda estudiar, porque hay gente que por la plata no lo hace (…) no es sólo los estudios los que hay que pagar, sino que la casa, las cuentas. Esto es una verdadera oportunidad”.

Julio Alvarez: “Se me está dando esta maravillosa oportunidad”

Con 31 años, una esposa y cuatro hijos, haber recibido el beneficio de estudiar con gratuidad es un alivio para Julio Alvarez, quien reside en la Región de Los Lagos. Se matriculó en Ingeniería en Agronomía en Instituto Profesional Adolfo Matthei.

Toda su vida se ha dedicado a trabajar en el campo, tanto en maquinaría como en ganadería y para él ahora “se me está dando esta maravillosa posibilidad, porque hay personas que no les alcanza para estudiar”. Antes había estudiado en el Instituto La Araucana, donde cursaba Ingeniería en Prevención de Riesgos, pero congeló por problemas económicos. Sin embargo, decidió reaunudar sus estudios pero esta vez siguiendo su sueño. “Siempre había tenido las ganas de estudiar esta carrera, algo que me gusta, y con esta oportunidad estoy feliz”, señala.

Actualmente, Julio trabaja en ganadería y maquinaría en un fundo de la región. Dice que el proceso de postulación fue importante, ya que se informó de todos los aspectos necesarios para postular al beneficios.

“Me informaron de que estaba la posibilidad de optar a la gratuidad, yo había optado a becas solamente, pero el programa para trabajadores no tenía opciones a beca”, dice, por lo que recibir este beneficio “fue una buena sorpresa”.

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