MAC trae más de 50 obras de Marcel Duchamp, el gran iconoclasta del arte

<p>Es la primera muestra en Chile del francés que puso en jaque la idea de arte con un urinario.</p>




La historia es más o menos así. Medio en serio o medio en broma quizás, en abril de 1917 tres hombres se sientan en un café de Nueva York a hablar sobre arte y acuerdan revolucionarlo. Acto seguido, uno de ellos, el artista francés Marcel Duchamp, se dirige a un negocio de gasfitería y compra un urinario de porcelana de la marca Bedfordshire. Va a su taller, toma el objeto, lo gira en 90° y lo firma con el nombre de R.Mutt: acababa de hacer su nueva obra de arte.

Misteriosamente, la pieza llega a la primera muestra organizada por la Sociedad de Artistas Independientes, de la que Duchamp es miembro. Nadie conoce a R.Mutt, pero ya lo detestan: la obra es tachada de inmoral y absurda y deciden vetarla. Dio igual. La llamada Fuente ya había cambiado los paradigmas del arte para siempre.

La pieza, que en 2004 fue elegida por 500 críticos y artistas del mundo como la más influyente del siglo XX, superando a Las señoritas de Avignon y el Guernica de Picasso, es nada menos que la principal atracción de la primera muestra de Duchamp que llegará a Chile, bajo el nombre de El arte de negar el arte. Serán más de 50 piezas de la colección de la italiana Luisella Zignone, de la Galería de Arte Moderna de Roma, que serán exhibidas por el Museo de Arte Contemporáneo y Fundación Itaú, entre el 6 de junio y el 8 de septiembre. Avaluada en más de US$ 12 millones, la muestra está apoyada por Fondart, el Instituto Cultural Francés y la Ley de Donaciones Culturales.

Claro que no se trata de la Fuente de 1917, sino de una de las 14 copias que el propio Duchamp hizo en 1964, luego que el original desapareciera. "Hace más de un año, el art dealer español Jesús Rodríguez estuvo en Chile y nos ofreció esta muestra. Es una colección que no se ha mostrado nunca en Latinoamérica. Estuvo antes en Burgos y en Venecia", cuenta Varinia Brodsky, a cargo de la programación del MAC.

Tres años antes del urinario, Marcel Duchamp (1887-1968) ya concebía su primer ready-made, nombre que les dio a estos artefactos cotidianos que descontextualizados y exhibidos en galerías encendieron acaloradas discusiones sobre qué es el arte. En 1913 mostró una rueda de bicicleta boca bajo sobre un taburete, y en 1914, un portabotellas, que instaló sin ninguna de ellas. Esta última será también exhibida en Chile. "Duchamp es el hito máximo de la revolución que sufrió el arte a fines del siglo XIX. Llegó a EE.UU., porque ya lo vislumbra como futura potencia y como el mejor receptor de su no-arte. No creo que haya tenido total conciencia de lo que provocaban sus creaciones, era un outsider, muy diferente a la estrella que era Picasso", dice el director del MAC, Francisco Brugnoli.

La muestra está curada por el crítico italiano Stefanno Cecchetto y contempla los ya mencionados ready-mades, además de otros como In advance of the broken arms (una pala para sacar nieve). También habrá grabados, litografías, dibujos, documentos y fotografías.

Aficionado al ajedrez, los inicios de Duchamp fueron como pintor en el París del 1900. Comulgó con varias corrientes, como el fauvismo y el cubismo, para luego conocer el movimiento dadá y surrealista de André Bretón. En 1911, ya en EE.UU., sorprendió en el Armory Show de Nueva York con su pintura Desnudo bajando la escalera, que a pesar del título mostraba a una figura abstracta en movimiento. Fue un éxito y Duchamp se convirtió en personaje. Dejó la pintura y comenzó sus ready-made. El más importante fue El gran vidrio, en el que trabajó nueve años y que está en el Museo de Filadelfia. En Chile, se verán dos obras claves: la Boîte Verte (Caja Verde), que contiene anotaciones y bocetos de El gran vidrio, y la Boîté-en Valise, una especie de teatrillo donde Duchamp reunió miniaturas de sus propias obras.

"Esta muestra va a generar una pequeña conmoción, que no se ha visto desde la exposición de 1952, De Manet a nuestros días. Para nosotros, que ya trajimos a Yoko Ono o Fluxus, esta es la muestra más importante y una excusa para volver a discutir los límites del arte, el juego, el humor y la experimentación", resume Brugnoli.

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