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Actualizado el 05/05/2017
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Manifiesto: Matías Rivas, escritor y director publicaciones UDP

Autor: Ignacio Bazán

Matiás Rivas habla sobre las fricciones entre su amigo, Rafael Gumucio, y los escritores jóvenes, sobre el milagro de llevar 15 años casado, su relación con el porno, su desprecio por quienes se sienten dueños de la verdad y de lo excluido que se siente por el Frente Amplio por ser de una generación mayor.

Manifiesto: Matías Rivas, escritor y director publicaciones UDP

Todas las formas de represiones individuales me cargan. Me irritó mucho cuando el entonces ministro Jorge Burgos lanzó ese proyecto de detención preventiva. Fue lo último que me movilizó políticamente. La gente que reprime la libertad no me hace odiar, pero me genera desprecio, como la gente que es dueña de la verdad. Es gente que está a un paso de la violencia. Una vez, Nicanor Parra me dijo: “No te preocupes, ellos ya llegaron a la verdad”. Contra eso no se puede combatir.

El fútbol era esencial en mi colegio para sobrevivir. Fue la manera que tuve de hacer un puente. Era seleccionado en un colegio muy competitivo, el Verbo Divino. Los niños y los jóvenes buscan una manera de ecualizar los ruidos que vienen de afuera, las incomodidades de la ideología. Y en la cancha te olvidas si estás haciendo una pared con un compañero pinochetista. Tienes que ganarle el partido al otro colegio.

Toda mi vida he sido acusado. Por un lado, de que nada me ha costado y que soy un millonario, y por otro lado, que soy un desclasado, un comunista, que tengo una serie de problemas. Pero ya estoy acostumbrado a vivir entre contradicciones.

No tengo ningún tabú con el porno, con verlo. Me parece que es parte de la cultura pop. Mi señora lo sabe, no necesariamente lo comparto con ella, pero no es tabú para ella. Es parte de la vida privada, de un espacio que hay que cultivar y que también tiene que ver con fumar un cigarro, con tomar Coca light en forma desmedida o no. Son ritos que te ayudan a conectarte con otras cosas. Como leer.

Me sorprende lo que ocurrió tras la entrevista a Gumucio. Me sorprende que la gente que critica el bullying haga bullying y la incapacidad para dialogar de algunos, las amenazas, el odio que vi en mucha gente, no solo hacia Gumucio, un odio generalizado y social. Yo entiendo muy bien el resentimiento, pero me interesa la gente resentida en un sentido más profundo: socialmente, culturalmente, sexualmente. Esos son los escritores complejos.

No creo puntualmente en el Dios católico, pero tampoco lo descarto. No creo en no creer. No creo en los ateos. Los ateos apasionados me parecen igual de religiosos que los curas.

Llevo 15 años casado y siento que es como un milagro. La mayoría de mis amigos están separados, ya es una peculiaridad seguir casado, generacionalmente. Es como si el raro fuera uno, te invitan a comer cualquier noche de la semana y tienes que decir que estás con los hijos y tu señora y yo me siento feliz y refugiado por eso. Los otros están expuestos a una serie de vaivenes que uno no. Para estar casado muchos años hay que estar muy dispuesto a conversar, a reírse de uno mismo, a que te soporten y a soportar. Hoy se aspira a vidas sin angustia. Y eso no existe.

La izquierda burbuja dan ganas de reventarla. Ese progresismo que no se quiere hacer cargo de lo que se ha aprendido del pasado y que dice ‘yo soy joven y, por ende, tengo derecho a cometer mis propios errores’. Como si la ignorancia fuese un beneficio. Las sociedades no se forman excluyendo. Me llama la atención del Frente Amplio que es muy cerrado. Yo mismo me siento excluido por un tema de edad. Da esa sensación. De que quieren formar una banda de yes men, de halagadores, de gente no crítica que trabaje para ellos y que crea en estos iluminados. Esa película, de quién es más de izquierda, ya la vi. ¿Qué culpa tiene uno de haber votado por Aylwin cuando estaban Büchi y Fra Fra?

Existe un ranking de víctimas que lo hacen las propias víctimas. Hay personas que han sufrido mucho, pero no podemos hacer del sufrimiento un capital por el cual moverse en la vida económica. Estamos convirtiendo el sufrimiento en un capital. Cuando hay gente que se siente vulnerada, quiere tener una revancha, es una cosa animal. Pero finalmente las víctimas se están transformando en victimarios.

A Nicanor Parra lo sumé a la editorial UDP con suerte, patudez. Llegué un día con un proyecto y con chaqueta y corbata a su casa con la idea de publicar el Rey Lear. Me dijo que no. Después fui como 15 veces y me dijo que sí. Tuve que ganarme su confianza para decirle que tenía que pasar a ser una estrella de rock. Y eso fue lo que pasó. Pasó de un gran poeta a una especie de icono cuando se lanzó el Lear. El lanzamiento fue espectacular, con una performance que hizo sobre los mapuches. Fue algo que lo revitalizó.

Se tiene una idea de que los hombres hablan mucho de sexo y mi experiencia en la vida es que hablan muy poco. No sé si las mujeres hablan más, pero la gente que conozco no llega a contarte el detalle tan anhelado. Los hombres somos mejores para hablar de mujeres que de sexo.

En la UDP se hacen investigaciones, encuestas sobre la población, pero no le están dando mucha bola si es que no son exclusivamente del Estado. Parece que ser privado es un delito y me parece que eso es una forma de fascismo.

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