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Actualizado el 08/01/2017
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Manifiesto: Paula Narváez, vocera de gobierno

Autor: Fredi Velásquez

Manifiesto: Paula Narváez, vocera de gobierno

No pensé más de 10 segundos para aceptar el cargo de vocera. Recibí el llamado con mucha calma, estaba absolutamente disponible para ayudar. A la Presidenta la conocí en el 2008 y también coincidí en ONU Mujeres, donde estaba haciendo mi práctica. Recuerdo que en ese momento fue muy bonito ver cómo una mujer de tu país era una líder en el mundo entero. Me sentí muy orgullosa.

Mi papá fue torturado político. Era dirigente sindical y militante del Partido Comunista en Osorno durante el 73. Luego del Golpe vinieron días de aislamiento en mi casa, hasta que un día llegaron unos agentes a buscar a mi padre. Le dijeron a mi mamá: ‘Prepare unas frazadas, porque no vuelve’. Terminó destinado en una bodega que improvisaron como cárcel. Yo tenía un año, nunca me habló de esto, es un relato construido a partir de la memoria del resto de mi familia.

Desde niña me perfilé para estar en política. Era algo que siempre me importó. En mi familia se hablaba de política en la mesa. Crecí escuchando lo que significaba que en Chile hubiera una dictadura. Recuerdo que para los actos del colegio mis padres, mi hermana y yo nos sentábamos cuando había que cantar la segunda estrofa del Himno Nacional. En un colegio conservador, nosotros nos sentíamos muy distintos. Mi papá decía que nunca había que ocultar lo que uno era.

Nunca fui buena para ir a fiestas. Tampoco para trasnochar, trato de acostarme temprano todos los días. Eso no significa que no haya participado en un par de eventos, pero nunca he sido la fiestera del grupo. No recuerdo haber salido a bailar en la universidad. Soy de panoramas tranquilos, más contemplativos, con poquita gente. Intento cultivar una vida muy sana. Ha sido un camino de vida y me siento cómoda así.

Soy una militante del feminismo. Entré a trabajar en temas de género cuando era algo incipiente en Chile. Cuando hacíamos una marcha, la gente nos gritaba que nos fuéramos para la casa. Estamos en un país muy conservador. Todos los espacios de la vida social son muy machistas. Acá en La Moneda me he sorprendido la importancia que se le da al aspecto que tenemos las mujeres. Si es que salgo despeinada o muy pálida haciendo una vocería. Y eso no me importa tanto.

Viajé dos veces a India para acercarme al budismo. No fue un viaje de turismo ni de compra. Hay valores que me representan y que creo importantes cultivar. Estuve en el árbol donde dicen que Buda se iluminó. En India todo es visible. Ves la alegría y ves la tristeza; ves la riqueza y la pobreza. Todo lo que está muy segregado aquí, allá esta junto. Me fasciné de ese país hermoso. Un profesor de yoga me decía que es un balance. Quizás Occidente tiene muy ordenado su exterior y poco su interior. Lo contrario pasa en India. Antes hacía yoga y ahora apenas me dan 20 minutos para poder meditar al día.

Fui vegetariana por un largo tiempo, pero no pude seguir por desordenada. Para poder serlo hay que tener una vida un poco distinta a la que llevo ahora, para poder consumir todo lo que el cuerpo necesita para que esté bien nutrido. De todas maneras, cuido mucho mi alimentación. No consumo ni azúcar ni sal. Soy una defensora acérrima de la campaña de etiquetado. Se está intentando desconocer una política pública que ha sido elogiada en el extranjero. No puedo estar de acuerdo con eso.

Quizás me gustaría volver al sur en algún momento de mi vida. Soy un amante de mi Región de Los Lagos, le debo mucho. Lo único malo es el clima, no me gusta la lluvia. Tiene su encanto, pero cuando llueve durante todo el año es medio complicado. Cuando vuelvo a Puerto Montt siento que soy de ahí, que pertenezco profundamente a esa zona.

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