María Moreno, cronista argentina: "No existe un cronista de la clase alta y podría aportar información riquísima"

Autora de la antología La teoría de la noche, la periodista viajó invitada por la U. Finis Terrae para presentar el volumen Escrituras a ras de suelo.




María Moreno es una de las plumas más afiladas y ácidas de la prensa argentina. Aunque ha desarrollado una carrera vinculada a la crónica, no parece sentirse cómoda con la etiqueta de "cronista". A lo largo de 30 años, ha colaborado en diversas revistas y periódicos. Los medios de comunicación, como ella reconoce, han sido su laboratorio de escritura.

Nunca pisó una escuela de periodismo, pues su formación comenzó en los bares, al calor de  interminables conversaciones. Allí encontró a sus maestros, como los periodistas Enrique Raab y Rodolfo Walsh, quienes le enseñaron el oficio. Su crónica La pasarela del alcohol, aparecida en el libro La teoría de la noche, uno de sus textos más personales y autobiográficos, da cuenta de aquellas jornadas de intercambio intelectual. "Cuando pasé de la ginebra al whisky, sin que nadie se diera cuenta, me había graduado de periodista", cuenta Moreno en ese relato.

Lectora voraz y políticamente activa, también halla tempranamente un estímulo en las lecturas de Marx y Freud. La calle, asimismo, se convierte en otro hervidero de conocimientos para ella. En dictadura, encuentra su primer trabajo como colaboradora en el diario La Opinión. Cubre temas de índole cotidiano, además de crítica literaria, y al principio firma con su verdadero nombre, María Cristina Forero. El seudónimo aparecería más tarde, como una forma de resguardar su  identidad.

Fue una crónica sobre fruterías nocturnas el primer trabajo que firmó como María Moreno, intentando cuidar su vínculo con el mundo de la cultura, pues el tema del texto le parecía de tono menor; sin embargo, el  nunca más dejó de usar el seudónimo.

El cerco informativo impuesto por la dictadura obligó a la escritora a utilizar un estilo barroco, más bien elusivo, el cual le permitió pasar los severos controles de la censura. Interesada siempre por la contracultura, con la llegada de la democracia pudo hablar abiertamente de todo, introduciéndose en temas vinculados, principalmente, a la identidad de género y el feminismo. Sin embargo, la etiqueta de escritora feminista también parece incomodarle.

La semana pasada María Moreno estuvo de paso por Santiago, para presentar el libro Escrituras a ras de suelo, crónica latinoamericana del siglo XX , editado por Marcela Aguilar, Claudia Darrigrandi, Mariela Méndez y Antonia Viu, que reúne ensayos sobre la crónica entre los años 1930 a 1970.

¿Existe el boom de la crónica latinoamericana del que tanto se habla?

No, porque no hay espacios reales para la crónica, en los cuales se puedan desarrollar textos largos, con registro moroso. Los pocos espacios que habían han desaparecido. Además los cronistas no son igual de valorados que los escritores o los narradores. En cuanto a los números, parece que tampoco hay un efecto en el mercado. De todos modos, la crónica siempre está presente e interviniendo políticamente.

¿Por qué se habla de este boom entonces? 

No tengo ninguna teoría, pero creo que es una estrategia del mercado. A partir de los 80 hay una revalorización de la academia por la crónica y el mercado recoge lo que se va estableciendo de nuevo. Pero no hay un correlato en un efecto de ventas, ni de interés por el género. Lo que yo escucho es más bien un fracaso de los concursos de crónica y de estas nuevas secciones de las editoriales dedicadas a recogerlas. Al menos en Argentina no se habla de boom. Lo que sí hay, y sobre todo ocurrió esto con el comienzo de la democracia, es una cierta visibilidad de la no-ficción, que yo diría que no es lo mismo que la crónica, sino un género más apegado a lo judicial, donde no importa tanto el estilo, sino la investigación. Por ejemplo, la biografía de Cristina Fernández la podemos inscribir dentro de la crónica y no, porque son libros periodísticos bastante clásicos, donde el lenguaje es más bien instrumental.

¿Para Ud., la crónica tiene una responsabilidad social?

Yo creo que tradicionalmente la ha asumido, como dice Monsiváis, el cronista siempre ha sido de izquierda o por lo menos liberal. La crónica habla en nombre de los márgenes, no diría dar voz a los que no tienen voz, pero sí tomar la voz de las áreas marginadas y discriminadas. Hay una tradición justiciera. Por otra parte, como existe esta tradición progresista, hay una censura sobre el cronista de sociales o de clase alta.

¿Ese es un mundo que se ha dejado de retratar?

Los cronistas de la "high society" están marginados. No existe un cronista de los ricos y sería una  información riquísima la que podría aportar un cronista de la clase alta.

¿Qué temas le interesan  ahora?

Me interesa sociabilizar la crónica, porque hay muchos escritores que trabajan bajo el mito del otro, buscando sus elementos exóticos. Mi idea es que ese otro mítico sea su propio cronista. Por ejemplo, he dado talleres en la cárcel para que los presos, que tienen una inmensa experiencia, puedan hacer una crónica.

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